miércoles, 26 de diciembre de 2012
viernes, 21 de diciembre de 2012
La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte VIII
Una vez fuera de la despampanante nevada y su inesperada aparición, Xílaker, que junto a la presencia sonora de Michelle la cual se encontraba sintonizada a un pequeño transmisor en su brazo izquierdo, emprendió un largo viaje hacia el lugar de origen de las radiofrecuencias que la I.A había captado al momento justo de ingresar en la atmósfera de Bola de Pis, que a causa de la reciente nevada, se estaba reconsiderando un nuevo nombre.
— Bola de pus.—despidió por fin Michelle.
— ¿Qué? La pus es amarilla, no blanca.
— No estoy de acuerdo. He tenido la oportunidad y el desagrado de notar ciertas erupciones cutáneas en la piel del Doctor Limd Mehel, en las que lo que aguardaba explotar era una sustancia de color blanco.
— ¡Arrrgg! ¡Que asco! Por favor, no me cuentes más, no necesito saber. Momento, ¿acabás de llamar "Doctor" a Limd Mehel? ¿Ahora es Doctor?
— El Ingeniero Limd Mehel es destacado en muchas áreas. Una de ellas es la medicina, por suspuesto.
— Y supongo que la otra es la ingeniería.
— ¡Bravo! Como dije, el Abogado Limd Mehel está altamente cualificado para diversas tareas.
— ¿A él le gusta que lo llamen con todos los títulos posibles y profesiones?
— Ni te das una idea. ¿Cómo lo averigüaste?
— Sexto sentido.
— ¡Ajá! Al Médium Limd Mehel le interesaría mucho saber más acerca de tu peculiar capacidad.
Así se mantuvieron, durante horas y horas de precavido avance sobre la superficie de la ahora rebautizada Snowball III.
Xílaker debería de andar con cuidado. Iba solo, aunque con un boleto de salida por si las cosas se ponían feas. Antes de abandonar la nave, acordó que ante la menor insistencia de su parte, Michelle tomaría los controles de la nave e iría a buscarlo de inmediato. Lamentablemente, Michelle no podía hacer más que eso, ya que carecía de forma física. Por lo que si Xílaker se encontraba incapacitado o incluso apresado por fuerzas desconocidas, el rescate se convertiría en el más precoz de la historia de los rescates.
La temperatura había descendido a unos -7 ºC. Xílaker se encontraba con su traje espacial multitérmico. Diseñado para adecuarse a cambios extremos de clima, basaba su funcionamiento en una microcomputadora interna y un complejo sistema mecánico que controlaba y regulaba la temperatura del traje y con ella la del usuario, teniendo presente las constantes que indicaran los niveles de temperatura externa. En otras palabras, si el calor era insoportable, el traje se expandía y se ventilaba tanto por los sistemas de congelación integrados, como por el paso de aire a través de filtros a prueba de todo tipo de gases nocivos que el ambiente podría o no tener presentes en la particular composición de su aire. Si en cambio, se preveía una hipotermia en camino, el traje se contraía y se formaba en consecuencia una triple capa de tejido muy grueso que, conectado a receptores y generadores de calor, abrazaba al usuario de forma eficiente, reteniendo todo el calor que éste estuviera generando; es decir, se valía tanto de pequeñas "estufas" eléctricas, como del propio calor que la persona generara desde su cuerpo.
Xílaker no tendría que preocuparse si al clima le daba por enloquecer de nuevo. Su traje repelería con éxito cualquier ataque en la temperatura corporal-vital. El nombre oficial de esta maravilla de la ciencia estética-espacial-imperante, fue simplemente "Multitérmico". En cambio, los astronautas y pioneros en la exploración espacial, lo llamaban cariñosamente por el nombre de "Culo de esquimal". Tuvo un éxito rotundo y absoluto, y éso se debió en gran parte a las quejas acalladas de todos aquellos que interactuaban a menudo y muchas veces en el mismo día, con el frío de planetas de hielo y cristal, para luego trasladarse a mundos donde el infierno se veía tan encantador en comparación. Se convirtió rápidamente en algo tan indispensable y popular entre los mismos que desesperadamente imploraban una prenda digna de soportar todo tipo de sensaciones. Hay inclusive canciones y algún que otro poema dedicado a esta maravilla de la ropa térmica, de parte, claro está, de los agradecidos trabajadores solitarios en mundos exteriores.
— ¿Cuánto falta para llegar al sitio?
— Poco. Aproximadamente un kilómetro. Si es algo grande, deberías de verlo a través de toda esa planicie.
— Tenés razón en lo de la planicie. Veo sólo el horizonte en todas las direcciones posibles, pero no veo nada allá delante. No sorprende tampoco, cuando estábamos en el aire, no vimos nada tampoco. Es probable entonces que sea una especie de baliza transmitiendo en solitario, una cápsula... Una ciudad invisible.
— Jaja. Excelente sentido del humor, Comandante Kubromer. Dígame de nuevo porque va a pie como un idiota, teniendo la nave.
— Jaja. Excelente sentido del humor, Michelle. Bueno, en parte porque no sabemos que vamos a encontrarnos, y no quiero perder la nave por alguna anomalía mágnetica que vuelva loco los instrumentos y quizá quizá, a vos también. ¡Momento! ¿Qué estoy diciendo? vos ya estás completamente loca.
— Buuu. Pésimo sentido del humor, Comandante Kubromer. Entonces dígame otra cosa, ¿qué pasaría si hipotéticos nativos intentaran irrumpir en la nave, o incluso también, que una devastadora tormenta eléctrica-mágnetica se trasladara hasta estos parajes? ¿No pensó en éso? Corro grave peligro en el mundo de las probabilidades, ¿sabe?
— Bueno, éso, sí que me hizo un pelín de gracia. Para empezar, ni siquiera sabemos si este planeta está habitado. Segundo, ¿qué clase de apocalíptica tormenta es ésa? En serio, si te pusiste miedosa porque te deje sola, no sos digna de ser mi lugarteniente. Cuando vuelva, te degrado y promuevo como Primer Oficial a la tostadora que hay en la cocina.
Xílaker se extrañó al no obtener respuesta alguna. Era raro que Michelle dejara una ofensa sin contestación. Pensó entonces en que la nave le estaba haciendo otra broma de las suyas y decidió ignorarla, de momento.
De forma lenta y gradual, la nevada empezaba a cesar. Xílaker sólo lo noto al no sentir la nieve depositarse suavemente en sus mejillas. Lo notó todavía mucho más al observar impactado como la nieve caída, desaparecía a causa de un rápido derretimiento, presentando a consecuencia, no un desierto de arena, no, sino algo mucho más vivo que éso: una pradera de verde pasto natural. Con ésto, la temperatura pasó rápidamente a un templado súbitamente acogedor y relajante. Y como cereza del postre, una suave brisa comenzó a inundar el lugar. El pasto parecía bailar a voluntad de ésta, y dejaba mucho a la imaginación, la cual se regocijaba al creer escuchar el sonido que las hierbas producían al mecerse libremente.
Repentinamente, Xílaker se sintió más liviano que de costumbre. Tanto, que parecía flotar. Se fijó en los valores que marcaba su traje y comprobó, con algo de pavor, que la fuerza de gravedad había descendido en casi un 80%. Su situación era muy delicada; no podía moverse por temor a no volver a poner un pie en el suelo snowestre. Un pequeño paso, salto, o flatulencia de gran poder, y saldría despedido, de forma lenta pero imparable, hacia los límites de la atmósfera. Sometiéndose a presiones y temperaturas que terminarían por aniquilarlo. Si era una broma de Michelle, era una jodidamente buena.
— Michelle. ¿Michelle? ¡Michelle! ¡Contestá! ¡Dale! Estoy en apuros. Por favor. ¡¿Michelle?!
Mierda, expresó hacia sus adentros. No quería ni rascarse la nariz, que como es normal en las situaciones donde la calma es necesidad, presentaba un comezón brutal.
— ¿Ho-la? ¿Co--dante Ku----er? ¿-la? ¿Está a--? ¿Ho--la?
Una fuerte estática azotaba lo que parecían ser unas palabras que trabajosamente Michelle trataba de hacer llegar a destino.
— ¡Sí! ¡Sí, hola! ¿Michelle, sos vos? ¿Hola? ¿Seguís ahí? ¿Hola?
— Sí. --o--dan-- --omer, me a--le---a vo---e-- a sa--- de ust----. Un--- fuer--- onan--- agné--ica se pre---entó --- s--- ár-----....
— ¿Qué? No se te entiende un pomo lo que decís Michelle. Tenés una estática horrible.
— ¿Qué?
— Que tenés una estática horrible.
— No --- mí----a.
— ¿Cómo?
— No e--- m---.
— ¿Cómo? Repetí lo último.
— N-- es m-ía. No--- mía. N- es mía. --o -es mía.
— ¿No es tuya?
— Exacto. Creo que ella está tratando de decir que la estática proviene de usted —agregó una voz detrás de Xílaker.
— Bola de pus.—despidió por fin Michelle.
— ¿Qué? La pus es amarilla, no blanca.
— No estoy de acuerdo. He tenido la oportunidad y el desagrado de notar ciertas erupciones cutáneas en la piel del Doctor Limd Mehel, en las que lo que aguardaba explotar era una sustancia de color blanco.
— ¡Arrrgg! ¡Que asco! Por favor, no me cuentes más, no necesito saber. Momento, ¿acabás de llamar "Doctor" a Limd Mehel? ¿Ahora es Doctor?
— El Ingeniero Limd Mehel es destacado en muchas áreas. Una de ellas es la medicina, por suspuesto.
— Y supongo que la otra es la ingeniería.
— ¡Bravo! Como dije, el Abogado Limd Mehel está altamente cualificado para diversas tareas.
— ¿A él le gusta que lo llamen con todos los títulos posibles y profesiones?
— Ni te das una idea. ¿Cómo lo averigüaste?
— Sexto sentido.
— ¡Ajá! Al Médium Limd Mehel le interesaría mucho saber más acerca de tu peculiar capacidad.
Así se mantuvieron, durante horas y horas de precavido avance sobre la superficie de la ahora rebautizada Snowball III.
Xílaker debería de andar con cuidado. Iba solo, aunque con un boleto de salida por si las cosas se ponían feas. Antes de abandonar la nave, acordó que ante la menor insistencia de su parte, Michelle tomaría los controles de la nave e iría a buscarlo de inmediato. Lamentablemente, Michelle no podía hacer más que eso, ya que carecía de forma física. Por lo que si Xílaker se encontraba incapacitado o incluso apresado por fuerzas desconocidas, el rescate se convertiría en el más precoz de la historia de los rescates.
La temperatura había descendido a unos -7 ºC. Xílaker se encontraba con su traje espacial multitérmico. Diseñado para adecuarse a cambios extremos de clima, basaba su funcionamiento en una microcomputadora interna y un complejo sistema mecánico que controlaba y regulaba la temperatura del traje y con ella la del usuario, teniendo presente las constantes que indicaran los niveles de temperatura externa. En otras palabras, si el calor era insoportable, el traje se expandía y se ventilaba tanto por los sistemas de congelación integrados, como por el paso de aire a través de filtros a prueba de todo tipo de gases nocivos que el ambiente podría o no tener presentes en la particular composición de su aire. Si en cambio, se preveía una hipotermia en camino, el traje se contraía y se formaba en consecuencia una triple capa de tejido muy grueso que, conectado a receptores y generadores de calor, abrazaba al usuario de forma eficiente, reteniendo todo el calor que éste estuviera generando; es decir, se valía tanto de pequeñas "estufas" eléctricas, como del propio calor que la persona generara desde su cuerpo.
Xílaker no tendría que preocuparse si al clima le daba por enloquecer de nuevo. Su traje repelería con éxito cualquier ataque en la temperatura corporal-vital. El nombre oficial de esta maravilla de la ciencia estética-espacial-imperante, fue simplemente "Multitérmico". En cambio, los astronautas y pioneros en la exploración espacial, lo llamaban cariñosamente por el nombre de "Culo de esquimal". Tuvo un éxito rotundo y absoluto, y éso se debió en gran parte a las quejas acalladas de todos aquellos que interactuaban a menudo y muchas veces en el mismo día, con el frío de planetas de hielo y cristal, para luego trasladarse a mundos donde el infierno se veía tan encantador en comparación. Se convirtió rápidamente en algo tan indispensable y popular entre los mismos que desesperadamente imploraban una prenda digna de soportar todo tipo de sensaciones. Hay inclusive canciones y algún que otro poema dedicado a esta maravilla de la ropa térmica, de parte, claro está, de los agradecidos trabajadores solitarios en mundos exteriores.
— ¿Cuánto falta para llegar al sitio?
— Poco. Aproximadamente un kilómetro. Si es algo grande, deberías de verlo a través de toda esa planicie.
— Tenés razón en lo de la planicie. Veo sólo el horizonte en todas las direcciones posibles, pero no veo nada allá delante. No sorprende tampoco, cuando estábamos en el aire, no vimos nada tampoco. Es probable entonces que sea una especie de baliza transmitiendo en solitario, una cápsula... Una ciudad invisible.
— Jaja. Excelente sentido del humor, Comandante Kubromer. Dígame de nuevo porque va a pie como un idiota, teniendo la nave.
— Jaja. Excelente sentido del humor, Michelle. Bueno, en parte porque no sabemos que vamos a encontrarnos, y no quiero perder la nave por alguna anomalía mágnetica que vuelva loco los instrumentos y quizá quizá, a vos también. ¡Momento! ¿Qué estoy diciendo? vos ya estás completamente loca.
— Buuu. Pésimo sentido del humor, Comandante Kubromer. Entonces dígame otra cosa, ¿qué pasaría si hipotéticos nativos intentaran irrumpir en la nave, o incluso también, que una devastadora tormenta eléctrica-mágnetica se trasladara hasta estos parajes? ¿No pensó en éso? Corro grave peligro en el mundo de las probabilidades, ¿sabe?
— Bueno, éso, sí que me hizo un pelín de gracia. Para empezar, ni siquiera sabemos si este planeta está habitado. Segundo, ¿qué clase de apocalíptica tormenta es ésa? En serio, si te pusiste miedosa porque te deje sola, no sos digna de ser mi lugarteniente. Cuando vuelva, te degrado y promuevo como Primer Oficial a la tostadora que hay en la cocina.
Xílaker se extrañó al no obtener respuesta alguna. Era raro que Michelle dejara una ofensa sin contestación. Pensó entonces en que la nave le estaba haciendo otra broma de las suyas y decidió ignorarla, de momento.
De forma lenta y gradual, la nevada empezaba a cesar. Xílaker sólo lo noto al no sentir la nieve depositarse suavemente en sus mejillas. Lo notó todavía mucho más al observar impactado como la nieve caída, desaparecía a causa de un rápido derretimiento, presentando a consecuencia, no un desierto de arena, no, sino algo mucho más vivo que éso: una pradera de verde pasto natural. Con ésto, la temperatura pasó rápidamente a un templado súbitamente acogedor y relajante. Y como cereza del postre, una suave brisa comenzó a inundar el lugar. El pasto parecía bailar a voluntad de ésta, y dejaba mucho a la imaginación, la cual se regocijaba al creer escuchar el sonido que las hierbas producían al mecerse libremente.
Repentinamente, Xílaker se sintió más liviano que de costumbre. Tanto, que parecía flotar. Se fijó en los valores que marcaba su traje y comprobó, con algo de pavor, que la fuerza de gravedad había descendido en casi un 80%. Su situación era muy delicada; no podía moverse por temor a no volver a poner un pie en el suelo snowestre. Un pequeño paso, salto, o flatulencia de gran poder, y saldría despedido, de forma lenta pero imparable, hacia los límites de la atmósfera. Sometiéndose a presiones y temperaturas que terminarían por aniquilarlo. Si era una broma de Michelle, era una jodidamente buena.
— Michelle. ¿Michelle? ¡Michelle! ¡Contestá! ¡Dale! Estoy en apuros. Por favor. ¡¿Michelle?!
Mierda, expresó hacia sus adentros. No quería ni rascarse la nariz, que como es normal en las situaciones donde la calma es necesidad, presentaba un comezón brutal.
— ¿Ho-la? ¿Co--dante Ku----er? ¿-la? ¿Está a--? ¿Ho--la?
Una fuerte estática azotaba lo que parecían ser unas palabras que trabajosamente Michelle trataba de hacer llegar a destino.
— ¡Sí! ¡Sí, hola! ¿Michelle, sos vos? ¿Hola? ¿Seguís ahí? ¿Hola?
— Sí. --o--dan-- --omer, me a--le---a vo---e-- a sa--- de ust----. Un--- fuer--- onan--- agné--ica se pre---entó --- s--- ár-----....
— ¿Qué? No se te entiende un pomo lo que decís Michelle. Tenés una estática horrible.
— ¿Qué?
— Que tenés una estática horrible.
— No --- mí----a.
— ¿Cómo?
— No e--- m---.
— ¿Cómo? Repetí lo último.
— N-- es m-ía. No--- mía. N- es mía. --o -es mía.
— ¿No es tuya?
— Exacto. Creo que ella está tratando de decir que la estática proviene de usted —agregó una voz detrás de Xílaker.
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como me gustan los neologismos,
Culo de esquimal,
estática,
Multitérmico,
nieve derretida,
praderas de verde pasto,
snowball III,
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jueves, 20 de diciembre de 2012
Brillando
Acá, emborrachándome con agua de canilla, en una botella hecha de manzanas rojas. Esperando. Esperando la llegada del molesto primogénito que estoy seguro, causará gran revuelo en el rostro de mi padre, incluso en el mío, aunque temporal he de decir, porque pasadas las primeras horas, desearé tanto que nunca hubiera desempacado en verano, que me asfixiaré por ahí, dentro de una callejuela inundada en charcos de agua estancada y pilares eregidos con los cadáveres de decenas de ratas.
Esperando.
Esperando.
domingo, 16 de diciembre de 2012
¿En qué más puedo fracasar sino es en la soledad?
No, no tengo razón de seguir. Me encuentro en esa situación donde no puedo hallar la puerta dentro de esta sofocante habitación. Donde me arrincono en los rincones de sucias telarañas, y polvillo de pintura y látex descompuesto. Cuando el techo se hace pequeño y descolorido y mi transpirada camiseta me sirve de refugio anti fuerza y anti natural. Es entonces que mis cabellos no distinguen la humorada del caótico aumento de calor, sudor y peste. Inmundicia en las calles de la ciudad, y no puedo nadar a través de todo este mar de mí. Descompuesto en olores y sintonías que no logro callar, no logro husmear porque no logro salir, y quiero salir, pero no tengo razón para seguir.
¿Para qué dormir hoy? ¿Para qué seguir de pie por lo que resta del día? Mañana no pasará nada, ni el martes, ni el miércoles ni el día que le siga, ni la próxima semana. Varado para siempre, o al menos por una tremenda eternidad que me promente, ha de acabarse algun día, pero me doy cuenta que la cambio por una prisión de oscura apacibilidad. Es por la cantidad de tareas, y el tiempo que no tengo, que me pongo contento y creo ser lleno de algo que no sé si alguna vez fue vida. Y miro para atrás, y me veo haciendo lo mismo dos segundos antes, dando vueltas por la única habitación donde soy rey y verdugo de mi propio camino de rosas y espinas. ¿Qué me impulsa a seguir? ¿Cobardía? ¿inercia? ¿esperanza? ¿pereza? Al fin y al cabo no sigo, me quedo en el mismo lugar, en la misma situación y no encuentro la salida de esta habitación. Ni en los sueños más lúgubres donde hallo la diversión y la sorpresa de seguir sorprendiéndome por mis propios medios. Ni siquiera cuando escribo descargando cualquier cosa que necesite ser descargada. Tampoco al mancharme las manos de tinta al tratar de escribir todo lo que pueda contener mi demacrado cuaderno de hojas arrugadas y marcas de horror.
Hoy me dolía la oreja a las 5 y 20 de la madrugada. Puede ser la radio, puede ser la madera del sillón. Escribía y escribía y temía mirar el reloj que marcaba el amanecer y la salida de un estrepitoso sol. ¡Mucha risa por aquí y ninguna es para mí! Inmerso en la desesperación de encontrar algo, a alguien, quien sea. El viento que no soplaba y aun así se las arreglaba para pasar por la puerta de mosquitero. Las gotas que caían por la frente y se depositaban toscamente en el papel tinteado en azul insulso. Los ojos llorosos a causa del sueño, la radio, el sillón de madera, la madrugada, la esperanza, los sueños, el reloj de arena, de aguja, el sol que salía a molestar una noche que perfecta le venía al cuantioso ser que llevo dentro, que mira y mira y juzga en silencio cada acto que no logro concebir. Se burla, se ríe, habla a mis espaldas, en voz alta para que pueda escucharlo bien. Me pone mal, le gusta, le encanta, así me prefiere, listo para atacar quien no tenga una pluma de tonto o de genio intelectual. Cualquiera que se preste para la metódica situación, para cualquier charla en retrospectiva que parece fruncir los ceños de los desposeídos de toda práctica evolutiva. El queso que sabe mal, y la panza que a punto de estallar sonroja a los hambrientos y a los sedientos.
Harto, harto de mirar mi reflejo donde no existo. En lugares sin espejos, sin agua y sin vidrio. Sin efecto doppler, sin resonancias magnéticas, ni campos de fresa aullando por ahí, con los pastores ansiosos de devorar sus propias ovejas y malnacidos anidando en cuevas de mala muerte. Soy mejor que ellos, de alguna forma lo sé, pero termino siempre de la misma forma, en el mismo lugar, preguntándome las mismas cosas una y otra vez. Obteniendo la respuesta que me gusta oír pero sé en el fondo, no es verdad. La verborragia, la soberbia, la sinceridad, nada de éso y todo a la vez. Escribir y escribir. Estudiaré para seguir escribiendo y no sé porque lo haría si no fuera para otra cosa. Yendo a todos lados con un sobretodo negro de mangas gigantescas y pesadas hombreras.
Quiero hablar, quiero gritar, quiero cantarle a la luna pero las estrellas me miran de formas prejuiciosas. Quiero saltar, volar pero sé que caeré en el abismo de la nada, a la boca de una bestia sin nombre ni imagen. Que aguarda en las formas mas tenebrosas que mi corazón aborrece. Maldito hasta los huesos calados y las marionetas que riman en vocales y consonantes fuera de este mundo. En legüajes universales y en antesalas llenas de cantantes de floclore, recitando la misma pieza triste de música a todo vapor. Mirando de reojo a la persona que tienen al lado y deseando de forma pareja a la del frente, al tiempo que guardan todo tipo de fechorías y esperpentos a la persona que esté a punto de cruzar la puerta que con tanto trabajo pudieron forzar en su cerradura descompuesta y oxidada.
Cansado de hablar solo, con las paredes, con el espejo, con los parlantes, con los auriculares a todo volumen. Cansado de escupir a cada lado de mi cara, de un rostro amarillo y lleno de filosas cantidades de pudor sin sentido, de vergüenza desganada. ¿Para qué callar lo que queremos gritar a los cuatro vientos? ¿Por qué ocultar lo que el corazón muele a pulsos? ¿Por qué aparentar firmeza, dureza y estupidez al ver lo más glorioso que este mundo guarda para los afortunados? Cuando está ahí, en las manos y se escapa tembloroso y asustado de ver tanto tiempo la misma imagen borrosa y estática que parece decir "no te quiero". Desear, desear más que todo en el mundo. Sinsentidos que guardan recelos y anhelos hechos aluminio, metal poroso y desnutrido. Sin magnetismo, hecho para quedar en el olvido. Débil y obstinado. Fuera de toda calma y viento favorable.
¡¿Por qué?! Me pregunto. ¿Por qué escribir tanto? ¿Es acaso una forma de declaranos quebrados por todos lados? ¿Ésto sirve de algo? En el momento me siento triangulado en simpleza y tranquilidad, un poco de amarga esperanza pero estaré bien hasta la próxima vez, cuando decida estallar de nuevo. No creo soportarlo un segundo más y aun así salgo impune de cualquier crimen cometido contra mía, contra mi cuerpo, contra mi piel. Quedando como una anécdota marcada por meses y meses de angustiosa necesidad de reír y experimentar algo más que la visita de un amigo que hace mucho no vemos, o algún pelotazo al vacío que nos indique que oír, que explorar o que olvidar.
Y sí, no me importa nada de lo que puede suceder de ahora en más. Y si tengo la urgente necesidad de no parecer un maníaco, espero tampoco que inhiba mi imperante necesidad de decir que vos, hija de algún fletero, te has convertido en alguien a quien quiero hablarle con extremo deseo. Y no sé que querré hablar, tan sólo éso, hablar. Hablar con un ser humano. Llegando al punto de la humillación y la locura de nombrarte y vulnerando toda ímpetu que estúpidamente trataba de aparentar mi corazón. No quiero sutilezas ni indiferencias, ya no, de mi parte nunca más, con nadie más. Quiero saber, y quiero hablar, y quiero reír y quiero conocer para luego bailar y cantar hasta la siguiente vuelta de tuerca en mi cerebro que no para de desparramar ideas por un piso en estropajo limpio y derecho. Desangrando a todos lo que tratan de barrerlas. No.
Seco, seco, mucho mejor. Mejor que hace 10 minutos.
¿Para qué dormir hoy? ¿Para qué seguir de pie por lo que resta del día? Mañana no pasará nada, ni el martes, ni el miércoles ni el día que le siga, ni la próxima semana. Varado para siempre, o al menos por una tremenda eternidad que me promente, ha de acabarse algun día, pero me doy cuenta que la cambio por una prisión de oscura apacibilidad. Es por la cantidad de tareas, y el tiempo que no tengo, que me pongo contento y creo ser lleno de algo que no sé si alguna vez fue vida. Y miro para atrás, y me veo haciendo lo mismo dos segundos antes, dando vueltas por la única habitación donde soy rey y verdugo de mi propio camino de rosas y espinas. ¿Qué me impulsa a seguir? ¿Cobardía? ¿inercia? ¿esperanza? ¿pereza? Al fin y al cabo no sigo, me quedo en el mismo lugar, en la misma situación y no encuentro la salida de esta habitación. Ni en los sueños más lúgubres donde hallo la diversión y la sorpresa de seguir sorprendiéndome por mis propios medios. Ni siquiera cuando escribo descargando cualquier cosa que necesite ser descargada. Tampoco al mancharme las manos de tinta al tratar de escribir todo lo que pueda contener mi demacrado cuaderno de hojas arrugadas y marcas de horror.
Hoy me dolía la oreja a las 5 y 20 de la madrugada. Puede ser la radio, puede ser la madera del sillón. Escribía y escribía y temía mirar el reloj que marcaba el amanecer y la salida de un estrepitoso sol. ¡Mucha risa por aquí y ninguna es para mí! Inmerso en la desesperación de encontrar algo, a alguien, quien sea. El viento que no soplaba y aun así se las arreglaba para pasar por la puerta de mosquitero. Las gotas que caían por la frente y se depositaban toscamente en el papel tinteado en azul insulso. Los ojos llorosos a causa del sueño, la radio, el sillón de madera, la madrugada, la esperanza, los sueños, el reloj de arena, de aguja, el sol que salía a molestar una noche que perfecta le venía al cuantioso ser que llevo dentro, que mira y mira y juzga en silencio cada acto que no logro concebir. Se burla, se ríe, habla a mis espaldas, en voz alta para que pueda escucharlo bien. Me pone mal, le gusta, le encanta, así me prefiere, listo para atacar quien no tenga una pluma de tonto o de genio intelectual. Cualquiera que se preste para la metódica situación, para cualquier charla en retrospectiva que parece fruncir los ceños de los desposeídos de toda práctica evolutiva. El queso que sabe mal, y la panza que a punto de estallar sonroja a los hambrientos y a los sedientos.
Harto, harto de mirar mi reflejo donde no existo. En lugares sin espejos, sin agua y sin vidrio. Sin efecto doppler, sin resonancias magnéticas, ni campos de fresa aullando por ahí, con los pastores ansiosos de devorar sus propias ovejas y malnacidos anidando en cuevas de mala muerte. Soy mejor que ellos, de alguna forma lo sé, pero termino siempre de la misma forma, en el mismo lugar, preguntándome las mismas cosas una y otra vez. Obteniendo la respuesta que me gusta oír pero sé en el fondo, no es verdad. La verborragia, la soberbia, la sinceridad, nada de éso y todo a la vez. Escribir y escribir. Estudiaré para seguir escribiendo y no sé porque lo haría si no fuera para otra cosa. Yendo a todos lados con un sobretodo negro de mangas gigantescas y pesadas hombreras.
Quiero hablar, quiero gritar, quiero cantarle a la luna pero las estrellas me miran de formas prejuiciosas. Quiero saltar, volar pero sé que caeré en el abismo de la nada, a la boca de una bestia sin nombre ni imagen. Que aguarda en las formas mas tenebrosas que mi corazón aborrece. Maldito hasta los huesos calados y las marionetas que riman en vocales y consonantes fuera de este mundo. En legüajes universales y en antesalas llenas de cantantes de floclore, recitando la misma pieza triste de música a todo vapor. Mirando de reojo a la persona que tienen al lado y deseando de forma pareja a la del frente, al tiempo que guardan todo tipo de fechorías y esperpentos a la persona que esté a punto de cruzar la puerta que con tanto trabajo pudieron forzar en su cerradura descompuesta y oxidada.
Cansado de hablar solo, con las paredes, con el espejo, con los parlantes, con los auriculares a todo volumen. Cansado de escupir a cada lado de mi cara, de un rostro amarillo y lleno de filosas cantidades de pudor sin sentido, de vergüenza desganada. ¿Para qué callar lo que queremos gritar a los cuatro vientos? ¿Por qué ocultar lo que el corazón muele a pulsos? ¿Por qué aparentar firmeza, dureza y estupidez al ver lo más glorioso que este mundo guarda para los afortunados? Cuando está ahí, en las manos y se escapa tembloroso y asustado de ver tanto tiempo la misma imagen borrosa y estática que parece decir "no te quiero". Desear, desear más que todo en el mundo. Sinsentidos que guardan recelos y anhelos hechos aluminio, metal poroso y desnutrido. Sin magnetismo, hecho para quedar en el olvido. Débil y obstinado. Fuera de toda calma y viento favorable.
¡¿Por qué?! Me pregunto. ¿Por qué escribir tanto? ¿Es acaso una forma de declaranos quebrados por todos lados? ¿Ésto sirve de algo? En el momento me siento triangulado en simpleza y tranquilidad, un poco de amarga esperanza pero estaré bien hasta la próxima vez, cuando decida estallar de nuevo. No creo soportarlo un segundo más y aun así salgo impune de cualquier crimen cometido contra mía, contra mi cuerpo, contra mi piel. Quedando como una anécdota marcada por meses y meses de angustiosa necesidad de reír y experimentar algo más que la visita de un amigo que hace mucho no vemos, o algún pelotazo al vacío que nos indique que oír, que explorar o que olvidar.
Y sí, no me importa nada de lo que puede suceder de ahora en más. Y si tengo la urgente necesidad de no parecer un maníaco, espero tampoco que inhiba mi imperante necesidad de decir que vos, hija de algún fletero, te has convertido en alguien a quien quiero hablarle con extremo deseo. Y no sé que querré hablar, tan sólo éso, hablar. Hablar con un ser humano. Llegando al punto de la humillación y la locura de nombrarte y vulnerando toda ímpetu que estúpidamente trataba de aparentar mi corazón. No quiero sutilezas ni indiferencias, ya no, de mi parte nunca más, con nadie más. Quiero saber, y quiero hablar, y quiero reír y quiero conocer para luego bailar y cantar hasta la siguiente vuelta de tuerca en mi cerebro que no para de desparramar ideas por un piso en estropajo limpio y derecho. Desangrando a todos lo que tratan de barrerlas. No.
Seco, seco, mucho mejor. Mejor que hace 10 minutos.
sábado, 8 de diciembre de 2012
viernes, 7 de diciembre de 2012
Buscando la emoción
Tomar una desición en mi vida, implica, en muchos casos, un gran paso a dar. Es por eso que antes de concretar algo, lo analizo, lo estudio, lo explico, lo pruebo, lo conozco, lo elevo a un universo cuántico donde las probabilidades se cuentan por miles. Me interno en cada una de ellas y armo una serie de eventos de acuerdo a lo que habría de pasar, lo que espero. Ésto último me permite planificar o desarrollar cierto modelo a seguir (el que más chances tire).
No cualquier desición se detiene en estos puntos. Abrir una puerta no requiere nada de todo éso. Abrir la puerta de la heladera con los pies descalzos puede hacerme pensar en silencio por al menos dos segundos, para luego concluir que lo mejor sería dar un salto en el momento exacto que abra la puerta. Mediar palabra con un extraño por simple querencia a la conversación suele ser un dolor de cabeza que no termina en nada. Hacerme socio de la biblioteca de mi barrio: aproximadamente tres meses.
Toda mi vida he vivido en el mismo lugar, y jamás había reparado en la existencia de la biblioteca popular que se encuentra a escasos metros de la parada del trolebus que me lleva en los días de semana al colegio.
Quiso la amarga fatalidad de la depresión hacerme conocer una noche tan bonito lugar. Caminaba hablando solo, desvariando, haciendo un resumen de mi vida y lo poco alentadora que era ésta. Con paso errático me trasladaba de una casa a la otra, de una baldoza a la siguiente, de una calle a un cruce. La cabeza gacha unas veces, otras quedándome quieto para ver las estrellas y su halo de luz indiferente. Entonces la vi. Un lugar que dejaba entrever por su ventanal, una sala rodeada de estantes con centenares de libros. Un par de sillones viejos y una mesa terminaban por transmitir algo bastante acogedor para la vista y los sentidos. Inmediatamente supe que no se trataba de una casa particular, y mi siguiente descubrimiento hizo ratificarme por completo.
No cualquier desición se detiene en estos puntos. Abrir una puerta no requiere nada de todo éso. Abrir la puerta de la heladera con los pies descalzos puede hacerme pensar en silencio por al menos dos segundos, para luego concluir que lo mejor sería dar un salto en el momento exacto que abra la puerta. Mediar palabra con un extraño por simple querencia a la conversación suele ser un dolor de cabeza que no termina en nada. Hacerme socio de la biblioteca de mi barrio: aproximadamente tres meses.
Toda mi vida he vivido en el mismo lugar, y jamás había reparado en la existencia de la biblioteca popular que se encuentra a escasos metros de la parada del trolebus que me lleva en los días de semana al colegio.
Quiso la amarga fatalidad de la depresión hacerme conocer una noche tan bonito lugar. Caminaba hablando solo, desvariando, haciendo un resumen de mi vida y lo poco alentadora que era ésta. Con paso errático me trasladaba de una casa a la otra, de una baldoza a la siguiente, de una calle a un cruce. La cabeza gacha unas veces, otras quedándome quieto para ver las estrellas y su halo de luz indiferente. Entonces la vi. Un lugar que dejaba entrever por su ventanal, una sala rodeada de estantes con centenares de libros. Un par de sillones viejos y una mesa terminaban por transmitir algo bastante acogedor para la vista y los sentidos. Inmediatamente supe que no se trataba de una casa particular, y mi siguiente descubrimiento hizo ratificarme por completo.
Biblioteca Popular Julio Cortázar
Rezaba con letra más simpática y acompañada del dibujo de Don Julito.
"Genial", me dije, y observé que la puerta se encontraba abierta, invitándome a pasar con suma confianza. Acto seguido, y frente a todos los pronósticos posibles, seguí camino, inexpresivo, de nuevo a mi rutina de falso pie y cabeza. Seguro que no sería la última vez que vería la biblioteca.
"Genial", me dije, y observé que la puerta se encontraba abierta, invitándome a pasar con suma confianza. Acto seguido, y frente a todos los pronósticos posibles, seguí camino, inexpresivo, de nuevo a mi rutina de falso pie y cabeza. Seguro que no sería la última vez que vería la biblioteca.
Pasaron las semanas, dos, tres, y volví a pasar por allí. De nuevo era de noche, un sábado. La miré de reojo, tratando de chusmear en su interior a través de lo que la ventana dejara ver. No detuve mi avance, no hasta 5 metros después, donde me paré en seco, pegué media vuelta y con una confianza de hierro en pos de la curiosidad y la emoción de hacer algo, encaré sin más preámbulos a esa puerta abierta. Para luego encontrarme con la terrible decepción de un pasillo que terminaba en otra puerta... completamente cerrada. Era de vidrio, por lo que una luz tenue la atravesaba, iluminando con dificultad el pequeño pasillo y con él, una especie de carta de presentación. La leí rápidamente, sólo lo necesario para caer en la cuenta que los horarios de atención eran ajenos a la hora actual. Algo de 16 a 19hs, seguido por un lunes y quizá también un martes. Fue sencillamente suficiente para dar cuenta de mi craso error de ser impulsivo, y como el canto del grillo, yo salía veloz pero con toda naturalidad, lejos de los aposentos temporales de mi vergüenza, para no volver jamás.
Durante el gran intervalo que siguió, creo haber tenido un par de sueños referidos al solitario incidente. Uno de ellos, me situaba en un pasillo azul oscuro, leyendo infinitas cartas de presentación. El otro, desgraciadamente abstracto y borroso, lo recuerdo con risas, colores, señalamientos de dedos ajenos, interminables golpes de puerta sin contestación alguna, más cartas de presentación, puertas que daban a pasillos y pasillos que daban a puertas, el sonido de la lectura empedernida, vueltas y vueltas de página, rayuelas trazadas en cabellos, en orejas, en cachetes, en espejos, en sillones, en terrazas, en árboles, en otras tantas cartas de presentación; una sensación semejante a un millón de ojos de lechuza, espectantes, todos alrededor cual ritual pagano de iniciación y los números 16 y 19 saltando de nube en nube hasta hacerlas llover.
Con el tiempo y la amarga alegría idiota, lo olvidé. Hasta hoy.
Finalmente, armado de valor (y porque me quedaba de paso), me dirigí con paso arrollador hacia la biblioteca. Si mis pies hubieran hablado, habrían dicho cosas como "abran paso, he de hacerme socio" o "¡fuera del camino! gente mundana". Lo cierto es que cuando llegué al lugar de los hechos, no presentaba la mayor de las emociones como cabría de esperarse. Estaba severamente abatido con la vida, mi vida y sus peculiaridades de trasfondo, las peculiaridades de los demás, sus diminutas canoas de cuero y sus gigantescos remos de acero super oxidable.
Estaba abierto. "Excelente", me dije. La carta de presentación, el pasillo, la puerta cerrada... "Genial", me repliqué.
"Toque el timbre de la puerta del frente para ser atendido". Lo curioso de este mensaje fue encontrar al frente del mismo, un interruptor que aparentaba ser el susodicho timbre. Por supuesto que estudié la situación en forma calma: ¿por qué molestarse en poner un cartel si el timbre es perfectamente visible? ¿Quizá su presencia se deba a evitar que la gente toque el vidrio con sus nudillos desnudos? ¿Usen el timbre, no confiamos en su capacidad para ser suaves y no rompernos la puerta en el proceso? ¿Nos gusta el sonido de nuestro timbre? Todo fue en vano, mi impulso me ganó de manos y sin meditarlo mejor, accioné orgulloso y seguro el interruptor. Una ligera sorpresa me llevé al no escuchar un ring, mucho más al notar la aparición de luz en el único foco del pasillo, coincidentemente apagado antes de mi llegada. Fue una escena triste, digna de ser pintada en un cuadro. Faltaba mi mueca de payaso infeliz y una flor muerta en el bolsillo del pantalón.
Apagué el foquito y me sentí mal por agregar el valor de dos segundos a la cuenta de luz de fin de mes. Probé suerte afuera, tal como lo indicaba el cartelito desde un puto principio, y éxito: el timbre sonaba y era música en mis oídos.
Apagué el foquito y me sentí mal por agregar el valor de dos segundos a la cuenta de luz de fin de mes. Probé suerte afuera, tal como lo indicaba el cartelito desde un puto principio, y éxito: el timbre sonaba y era música en mis oídos.
Volví a la puerta del pasillo, presuroso de estar antes que alguien se presentara. Al instante se apareció una mujer adulta pero de aspecto joven, cuidado y bonito. Venía riéndose, abrió la puerta mientras seguía riéndose, y por supuesto continuó algo jocosita al saludarme y preguntar que necesitaba. El resultado de la ecuación no podía ser más obvio: ella había visto todo el espectáculo, y lo que era peor, no era la primera vez que era testigo oculto. Por lo que yo entraba a la larga lista de la gente que prendía la luz por error. Ella no lo mencionó al verme, ni cuando nos despedimos, pero yo lo supe, lo tuve nadando por mi mente durante toda la charla informativa.
En fin, como dije, la mujer se mostró bastante receptiva conmigo y mis inocentes injerencias acerca de la biblioteca, que cabe decir, era todavía más linda y acogedora por dentro. Me habló acerca de los talleres que allí se hacían, sobre el sistema de socios, sobre la lleva de libros, sobre la radio que sabe transmitir en esas mismas dependencias. Podría decirse que estaba mucho más emocionada ella que yo. En serio, si todas las empleadas públicas fueran como esta mujer, los trámites de impuestos o civiles, serían un verdadero gusto, y no una discrepancia menstrual entre vos, pequeño ciudadano, y la gorda engreída de turno que no para de fumar y echarte el humo en la cara con suma satisfacción.
Me dio un número e indicaciones sobre que presentar para hacerse socio del lugar. También insinuó algo de integrarme (si quería) al grupo de gente que mantiene a flote la biblioteca, la cual no olvidemos, es popular y por lo tanto dependiente de la gente que se desarrolle junto a ella. Por mi parte, yo sólo quiero sacar un día de éstos, Espantapájaros, de Oliverio Girondo, y usarlo como antidepresivo. Digamos que Dolina puede ser muy gracioso de tanto en tanto, pero muchas veces me ha dejado pagando un sabor amargo en la boca y un desgarro quejumbroso en el corazón, talentoso hijo de puta.
Salí de allí embriagado en nuevos aires. Me sentía tan bien y lleno, como si hubiera comido. Con una sonrisa seguí camino a mi casa, la otra. Sin embargo, luego me puse algo tenso conmigo mismo al darme cuenta que soy igual a ese personaje de Peter Capusotto, Beto Pateta, que encuentra una exagerada emoción con las insignificancias de la vida diaria. Si llego a enamorarme de nuevo, moriré de sobredosis, definitivamente.
Salí de allí embriagado en nuevos aires. Me sentía tan bien y lleno, como si hubiera comido. Con una sonrisa seguí camino a mi casa, la otra. Sin embargo, luego me puse algo tenso conmigo mismo al darme cuenta que soy igual a ese personaje de Peter Capusotto, Beto Pateta, que encuentra una exagerada emoción con las insignificancias de la vida diaria. Si llego a enamorarme de nuevo, moriré de sobredosis, definitivamente.
"Le doy gracias a Dios por este día
sentí de nuevo la adrenalina
estar el sábado en la ferretería
comprando un flotador
comprando un flotador"
lunes, 3 de diciembre de 2012
La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte VII
Ya en la superficie del planeta al que más tarde Michelle bautizaría y Xílaker aprobaría como "Bola de pis", la I.A captó radiofrecuencias provenientes a unos 7 kilómetros al sur.
A ambos les pareció raro que las señales tuvieran su procedencia a tan
poca distancia del punto de aboladepisinaje, ya que desde su prematura
entrada en la atmósfera, no habían hecho más que divisar eternos mares de arena a lo largo de cualquier horizonte al que miraran. De ahí el nombre, y no sólo por la uniforme superficie de arena fina, sino más bien por su color, un amarillo fulgente que amenazaba con dejar ciego al que osara observarlo directamente por más de 10 minutos. Por supuesto, Xílaker tomó nota y precavidamente se equipó con un par de gafas de Sol.
A los dos minutos, Xílaker volvía extenuado de su breve incursión en territorio inexplorado. No necesitaba más, una vez comprobados los depósitos de oxígeno, nitrógeno y un poquitín de dióxido de carbono, concluyó en que el aire de Bola de Pis era perfectamente respirable y nada fatal, al contrario de lo que Michelle sostenía, entre otras cosas, "una despreciable y mortífera roca de orín".
— Te lo digo. Las lecturas no mienten, ¡es prácticamente la atmósfera de la Tierra! Si hasta lo he respirado con mis propias narices.
— ¿Y ese sudor que me empapa todo el suelo?
— Ahh, sí... Bueno, en lo que no te equivocabas al respecto era en la temperatura. Ufff... —pasándose el brazo por la frente empapada de sudor. —El termómetro de mi traje de aislamiento marcaba 42,7 grados centígrados ahí fuera. Un verdadero infierno.
— Habrán apagado las llamas del infierno entonces... —susurró Michelle sin cuidado.
— ¿Cómo decís? No te escuché muy bien.
— Dije que quizás han apagado las llamas del infierno...
— No entiendo a que te referís.
— Digamos que cierto demonio descuidado se olvidó de alimentar el fuego eterno...
— Me dejás totalmente perplejo Michelle, ¿de qué hablás?
— Tan sólo digo que hace escasos minutos en el infierno les cortaron el suministro de gas por morosos...
— ¿Estás bien?
— Es probable que al mismísimo Lucifer le haya cansado finalmente el excesivo calor...
— Claro que sí... ¿Estás hablando sobre la pérdida de anticongelante de tu núcleo central, cierto? Porque ya te dije que lo iba a arreglar apenas encontrara tiem-
— ¡OH! ¡Mísero espécimen carnoso de dos patas y poca inteligencia metafórica! Sólo, sólo mirá por la ventana que se ubica a tus espaldas y dejá de ser tan lastimosamente estúpido.
Anonadado, Xílaker se dio vuelta como un maniquí con la boca abierta.
— ¿Ahora comprendés lo que he estado tratando de decirte? Estoy realmente frustrada. Uno quiere hacer drama clásico, como en las películas o en el teatro, pero no. Uno no puede evitar toparse con un lelo bueno para nada.
— ¿Qué... qué... qu... qué... q... q... q... qué... carajo, pasa con el clima?
— ¿Y qué va a pasar? Está nevando.
En efecto, sólo faltaba que alguien se apareciera en la rampa de acceso de la nave, entonando unos graciosos villancicos cantados a coro.
Nevaba en Bola de Pis.
Xílaker salió todo presuroso hacia las inmediaciones de su nave para encontrarse cara a cara con este extraño fenómeno. No podía entenderlo, no cuando lo vio por la ventana, ni cuando lo sintió bien helado en su rostro. El tremendo calor que minutos atrás lo habría deshidratado, ahora ni rastros perduraban. El sol, tapado por el colchón de nubes que recientemente se había instalado, no podía hacer llegar ni un solo rayo de luz. Todo era un resplandor blanco. Incluso la arena fina yacía oculta bajo la incesante nevada. Ni hablar sobre la temperatura que había descendido drásticamente hasta situarse en un fresco bastante agradable.
Se dejó caer sobre el gélido lecho de agua congelada y empezó a reír. No sabía bien por que, pero le gustó que estuviera nevando.
A los dos minutos, Xílaker volvía extenuado de su breve incursión en territorio inexplorado. No necesitaba más, una vez comprobados los depósitos de oxígeno, nitrógeno y un poquitín de dióxido de carbono, concluyó en que el aire de Bola de Pis era perfectamente respirable y nada fatal, al contrario de lo que Michelle sostenía, entre otras cosas, "una despreciable y mortífera roca de orín".
— Te lo digo. Las lecturas no mienten, ¡es prácticamente la atmósfera de la Tierra! Si hasta lo he respirado con mis propias narices.
— ¿Y ese sudor que me empapa todo el suelo?
— Ahh, sí... Bueno, en lo que no te equivocabas al respecto era en la temperatura. Ufff... —pasándose el brazo por la frente empapada de sudor. —El termómetro de mi traje de aislamiento marcaba 42,7 grados centígrados ahí fuera. Un verdadero infierno.
— Habrán apagado las llamas del infierno entonces... —susurró Michelle sin cuidado.
— ¿Cómo decís? No te escuché muy bien.
— Dije que quizás han apagado las llamas del infierno...
— No entiendo a que te referís.
— Digamos que cierto demonio descuidado se olvidó de alimentar el fuego eterno...
— Me dejás totalmente perplejo Michelle, ¿de qué hablás?
— Tan sólo digo que hace escasos minutos en el infierno les cortaron el suministro de gas por morosos...
— ¿Estás bien?
— Es probable que al mismísimo Lucifer le haya cansado finalmente el excesivo calor...
— Claro que sí... ¿Estás hablando sobre la pérdida de anticongelante de tu núcleo central, cierto? Porque ya te dije que lo iba a arreglar apenas encontrara tiem-
— ¡OH! ¡Mísero espécimen carnoso de dos patas y poca inteligencia metafórica! Sólo, sólo mirá por la ventana que se ubica a tus espaldas y dejá de ser tan lastimosamente estúpido.
Anonadado, Xílaker se dio vuelta como un maniquí con la boca abierta.
— ¿Ahora comprendés lo que he estado tratando de decirte? Estoy realmente frustrada. Uno quiere hacer drama clásico, como en las películas o en el teatro, pero no. Uno no puede evitar toparse con un lelo bueno para nada.
— ¿Qué... qué... qu... qué... q... q... q... qué... carajo, pasa con el clima?
— ¿Y qué va a pasar? Está nevando.
En efecto, sólo faltaba que alguien se apareciera en la rampa de acceso de la nave, entonando unos graciosos villancicos cantados a coro.
Nevaba en Bola de Pis.
Xílaker salió todo presuroso hacia las inmediaciones de su nave para encontrarse cara a cara con este extraño fenómeno. No podía entenderlo, no cuando lo vio por la ventana, ni cuando lo sintió bien helado en su rostro. El tremendo calor que minutos atrás lo habría deshidratado, ahora ni rastros perduraban. El sol, tapado por el colchón de nubes que recientemente se había instalado, no podía hacer llegar ni un solo rayo de luz. Todo era un resplandor blanco. Incluso la arena fina yacía oculta bajo la incesante nevada. Ni hablar sobre la temperatura que había descendido drásticamente hasta situarse en un fresco bastante agradable.
Se dejó caer sobre el gélido lecho de agua congelada y empezó a reír. No sabía bien por que, pero le gustó que estuviera nevando.
Continuará el día que me duerma bajo una lluvia cualquiera...
sábado, 1 de diciembre de 2012
Lastre
No hay Sol ¿No sabías? No está más, se ha ido para siempre. Ahora vivimos bajo esta tormenta eterna, bajo este cielo gris y estático ¿No lo habías notado? ¿No te diste cuenta esta mañana al despertarte? ¿Al mirar por la ventana? ¿Acaso no lo viste ayer, la semana pasada, el mes anterior? Ja... Por supuesto que no. Estabas tan ocupado mirando la hora que marcaba tu reloj. Enfrascado en ocultar tus sentimientos. Pensando. Pensando... ¿en qué?, en nada. En cosas que no son nada. Siempre en nada ¿Y por qué habrías de pensar en algo? El Sol se marchó, ¿no oíste? Ya ni recuerdo la última vez que lo miré, que lo sentí ¿Existió en algún momento, en algún cercano lugar? Ya no sé, nadie mira directo al Sol. Este cielo gris se me hace tan apetecible, tan entrañable, que me conformo con él, con sus tormentas y sus truenos que parecen partir la tierra debajo de nuestros pies. Odiamos el Sol y sus estrellas. Odiamos la luna llena ¿Quiénes somos? ¿Habremos sido algo? ¿Qué fuimos, qué seremos, a dónde vamos? Por favor... No importa, son preguntas que no merecen contestación. Los nubarrones grises me susurran en el silencio que la calma ofrece. Me enamoran, me someten. Todo lo demás, es lastre.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
La Cruz de Hierro
Soy un pésimo escritor, al menos éso es lo que infiere mi buen amigo Eterdeo, cuando comprueba con desmesurado desagrado la falta de seguimiento en el relato-cuento-novela corta "La vida tiene botones, botones tiene la vida". Que por cierto, aprovecho para recalcar en su título un pequeño homenaje sin la menor intención de homenaje (plagio di plagio), a la terriblemente sádica canción que trata sin escrúpulos acerca de la pobre vida de un hombre cuya máxima para diferir sus cosas de las ajenas, se basa en el recuento de características comunes que las primeras deberán tener para considerarse "propias". Ya saben, un silogismo: "mis calzones sucios tienen 3(tres) manchas de origen incierto, 3(tres) manchas de origen incierto tienen mis calzones sucios. Si no tuvieran 3(tres) manchas de origen incierto, pues no serían mis calzones sucios ♪". Ahora que lo pienso, es increíble que la profesora Loforte no nos haya dado un ejemplo tan clásico, común y conocido a la hora de demostrar la teoría del silogismo. No, estoy seguro que las vacas y las abuelas estarían eternamente agradecidas.
Además de pésimo escritor, soy pésimo en control mental. El mío por supuesto. Nótese el caos que acontece en el párrafo anterior. La primera oración amaga con el comienzo del tópico a tratar; nos muestra una introducción de ésas que nada tienen que ver con lo que siga a continuación. Como en las películas, cuando un personaje se siente abatido por la muerte de alguien cercano, entonces aparece en escena un segundo personaje en plan consolador. Ambos se conocen recíproca y amistosamente. Uno de ellos tiene su mundo hecho una lluvia de cristales asesinos, el otro se encuentra perfectamente bien, sin embargo se siente algo afectado por la aflicción que su compañero padece. Lo más lógico es que preste su apoyo moral y psicológico en momentos tan necesitados, pero lo verdaderamente inquietante es la interrogativa ante el plan que se empleará en la epopeya que sugiere atravesar el muro de roca hirviendo que ha edificado la profunda depresión del primer sujeto. A continuación se ofrecen diferentes opciones con las que se tratará de encarar con éxito tamaña empresa:
A) Silencio. Se enfrentan visualmente. No hay rivalidades entre ellos, aun así, un odio enceguecido recae en los ojos del sufrido. El segundo sabe que el tema es muy delicado para hablar. A pesar de todo, lo encara con vil vehemencia: "¡Demonios Harris! ¡Ella está muerta! ¡No hay nada que puedas ya hacer!"
Probabilidades de éxito: nulas. Incluso es posible que se produzcan pequeños altercados que deriven de violencia verbal hasta golpes de puño.
B) Silencio. Se enfrentan visualmente. No hay rivalidades entre ellos, aun así, un odio enceguecido recae en los ojos del sufrido. El segundo sabe que el tema es muy delicado para hablar. A pesar de todo, lo encara con cautela y suavidad: "Fue una buena mujer, Harris. Es una maldita tragedia, pero con la fuerza justa, podrás salir de ésta. Lo sé. En el fondo de mi corazón, lo siento con intensidad."
Probabilidades de éxito: intermedias. Muchos dirían que es la opción más razonable... pero adivinen qué, una persona no razona en ese estado. Por lo que es probable que rompa en desconsolado llanto o por qué no también, en pequeñas disfuncionalidades mentales. Por otro lado, con suerte logre secar alguna que otra lágrima, con suerte.
C) Silencio. Se enfrentan visualmente. No hay rivalidades entre ellos, aun así, un odio enceguecido recae en los ojos del sufrido. El segundo sabe que el tema es muy delicado para hablar. A pesar de todo, le cuenta una tierna historia de patitos que no tiene una puta mierda que ver con el terrible momento que el primer personaje está viviendo: "... los demás patitos no lo querían, pero el jamás se rindió, jamás. Hasta el día de hoy, guardo su recuerdo en un frasco de vidrio, bien profundo en mi corazón".
Probabilidades de éxito: jodidamente altas. Hay tantas formas de explicar porque este método es tan infalible, así que sólo me voy a limitar a uno solo, que creo sinceramente, tiene mayor peso si tenemos en cuenta lo mierda que el ser humano puede llegar a ser (y es): "¿Con qué pasando un momento emocionalmente horrible? Bueno, ahora te voy a contar una historia todavía más horrible que la tuya. Mil veces peor y desoladora. Tus ojos van a estar como un par de huevos fritos, y vas a sentir en tu pecho un equivalente a arcadas con el simple fin de llorar mares de sal acuosa". Ojo, parece de lo peor, pero tiene un fin noble. Éste es desviar la atención del primer sujeto, olvidarse del por que de su primer padencia, para enfocarse de lleno (en este caso) en la historia del desdichado patito feo y su lamentable familia racista.
Y si por alguna de esas "casualidades" de la vida, la opción "C" no surte efecto, es altamente recomendable poner el coche de la vida en reversa y probar suerte con la opción "B" y "A", respectivamente. Sólo traten de imaginarlo: comienzan con la tierna y triste historia de los patitos racistas; al ver que no pueden desviar la atención de la persona a socorrer, continúan con las palabras de consolación directa; si no han podido todavía ablandar aunque sea un poco el corazón de esa trémula alma, concluyen con el sadismo hecho palabras de entera violencia. Éso debería bastar para derrumbar el más inexpugnable de los muros invisibles. Y no, no hay plan D (salvo que ostenten el poder sobrenatural de regresar gente muerta a la vida misma).
Oh, oh. Lo he hecho de nuevo. El ejemplo demostrativo se me ha ido de las manos y ha tomado vida propia. En pleno desvarío me interné en un camino sinuoso, forrado de palabras y muecas raras; he de volver, urgente.
Bien, es definitivo. No más prólogos, no más introducciones, no más explicaciones. Sólo quiero contar lo que desde un principio quise contar, pero que no pude por cuestiones meramente estéticas. No sé che, digo, es algo medio feo ir directo al grano en asuntos que abarquen el campo de la literatura. Eso explicaría perfectamente la existencia de libros de 600 páginas cuyas ideas pueden simplemente contarse en 100. Lo demás son reformulaciones, ejemplos y relleno con lindos adjetivos. Pero vamos que quedaría como un frío resumen de laboratorio. Es imperativo dejar vida en lo que escribimos, si lo que pretendemos es llenar a la gente que nos lea. Por otro lado, si no pretendemos en absoluto llenar a la gente que se tome la molestia en leernos pacientemente, bueno, entonces las cosas se tornarían en algo mucho más llano y carente de rostro. Permítaseme entonces aclarar mi humilde punto de vista en cuanto a la relación "escritor-lector": es una simbiosis. Por ejemplo, uno no llega a comprender a un alma atormentada si no ha llorado junto a ella, así como tampoco uno llega a comprender los chistes de un cómico si no ha reído por ellos (ya sea porque son malos o no tienen razón de existir, entre otras). Estoy seguro que Edgar Allan Poe habría hallado la paz interior si tan sólo hubiera conocido 1(una) persona que lo comprendiera completamente. No, no quiero decir que yo lo entiendo; no, no quiero decir que yo, Nor Malidad, podría haberlo salvado de su desdicha... pero habría estado bueno, jeje.
Creo que la única persona que odio en este mundo, es yo. Una vez más he faltado a mi propia palabra, a promesas que he pactado conmigo mismo. Escribo, escribo, y se siente tan bien que no puedo parar. Ni siquiera para aplastar el mosquito que se ha posado en mi pierna derecha, el cual ahora mismo se está saciando con la sangre que no para de succionar con increíble placer infernal. Me gusta hacerles creer que tienen todo bajo su control, dejándolos ir volando regordetes de sangre por ahí, para luego perseguirlos sigilosamente y estallarlos en cualquier pared donde se posen a descansar después de haber disfrutado de un sangriento manjar, o incluso en mis propias manos sedientas de venganza.
Pobres insectos. Pienso que son de los más incomprendidos en el planeta Tierra. Ellos sólo nos están haciendo un placeroso favor al dejarnos lugares en la piel para rascar y disfrutar con los ojitos entrecerrados. A cambio, nos piden un solo mísero trago de sangre. ¡Pero no! El humano es increíble. Exageradamente posesivo y celoso, quiere todo para él: "¡¿Con qué te vas a revolear la bombacha por ahí, con todo lo que pasamos juntos?! ¡¡¡Puta de mierda!!! *CHAS*". Ahora bien, lo que sí puede resultar realmente molesto es cuando te agarra una partuza de chupasangres insaciables que pican en pequeñas y descontroladas incursiones que terminan por volver loco a uno. Lo que puede traducirse como extensas tardes de intensos aplausos a un espectáculo que nunca existió.
Finalmente, la historia, que más bien podría catalogarse bajo el apropiado título de anécdota, es la siguiente (redoble de tambores).
Ocurrió ayer a la mañana, de camino a mi colegio.
Viajo en trolebus, ya saben, ese transporte que se desconecta súbitamente a cada rato de su fuente de alimentación y que me ha costado más de una frenética corrida hasta las instituciones escolares. Estaba llegando a la parada del trole cuando veo a la distancia, en ese preciso lugar, una mujer que habrá tenido mi edad, además de otras tres o cuatro personas cuya relevancia a la trama es escasa por no decir inexistente. En esos momentos ni el viento que soplaba gentilmente, ni el ruido de los autos al pasar importaba más que esa mujer y mi visión ininterrumpida. El MUNDO era ella y yo, aun cuando ella ni lo sospechaba.
NOTA: quiero claramente diferenciar esta anécdota con el relato "La mujer de los guantes rojos", porque aunque la temática sea a simple vista la misma, se diferencia en el modo de expresarlo y en el grado de ficcionalidad o realismo. Sin embargo, si insisten, que sé yo... a lo mejor la mina de la que voy a hablar es la hija de la mujer de los guantes rojos *giro dramático e inesperado de eventos*.
Por supuesto una vez que la distancia prudencial para sostener la mirada se estrechó al punto mismo de la obsesión descarada, me hice bien el pelotudo y como si nada hubiera estado revoloteando en mi barriga, fui directo a la pared más cercana a apoyar mi todavía algo somnoliento cuerpo.
La posición que había adoptado no podía ser más que perfecta. No sólo tenía al alcance de mi vista de 180º la espalda de la mujer que me cautivó, sino también al resto de las personas que se encontraban esperando el pronto arribo del trolebus o del colectivo (pasa también el E7 por la misma parada). Ésto no sólo me permitía estudiar con infinita voluntad el cuerpo de aquella mujer, sino también tener bajo absoluto control cualquier indicio de sospecha que pudiera estarse germinando en las chismosas miradas que la gente guardara a mis ojos y lo que éstos estuvieran observando con escandaloso anhelo. Es decir, 0(cero) grado de incomodidad. Pero espero no se me haya tomado como un degenerado, yo no veo a la gente directo a sus glúteos y nada más. No, a mí me gusta observar hasta el color de la cera en la oreja y que tan espesa sea ésta. Veo todo con los ojos de un niño curioso, y con los pensamientos de un tortolito idiotizado por las incesantes reacciones químicas que mi cerebro experimenta y que mi estómago siente en forma de cosquillas internas. Lo que pasa es que la gente tiende a pensar lo peor cuando se la está mirando, o cuando ven que alguien mira a alguien más. Sí, ya sé, ¡e' una cosa de loco'!
No he contado aún la causa de tal atracción, de tal pérfido enamoramiento pasajero. Quizá haya sido la suavidad en su piel que no sentí pero que con la vista uno podía percibir que se trataba de una contextura suave y uniforme como la seda. Sus ojos, tal vez, que guardaban las más sinceras muestras de cariño intenso; no me atreví a verlos demasiado, temía ser atrapado para siempre en un remolino de mares oscuros y ciudades de piedra. Es posible, que su corte de cabello (corto hasta las orejas), así también como su negro color hayan sido el detonante de las más absurdas comparaciones, las cuales no dejaron atrás los locos fanatismos. Pero sobre todas las cosas, creo que fue el color dulce de leche de su piel, su Confiture de lait, y la simplicidad en sus prendas. Unas telas que combinaban con todo su ser, inclusive con su probable personalidad, la que claramente no conocí ni conoceré porque ni el tono de su voz me quedó.
Es la clase de mujer que acostumbro a poner en un pedestal al tiempo que danzo alrededor de ella mientras le arrojo incontables flores que voy sacando de un canasto de mimbre sin fin. Es una diosa, y cualquier mortal que ose probarla en cuerpo y alma, se gana automáticamente mis más humildes respetos y admiraciones. Yo no soy un mortal, mucho menos un inmortal, yo soy un demortal. Soy el chiste que salió mal, la voz que desafinó frente a todo un público, el primer desamor de la vida (y el último), la encía que se infectó y sangró. Soy el desperdicio de esta vida. El dejemplo donde los demás se comparan y salen ganando de las más fieras depresiones. Soy todo lo que no se debe hacer, pero me sigo cagando de la risa. Porque soy así, soy el dejemplo que la demortalidad envió al mundo mortal para que la gente común aspire a ser como la chica de la parada. Para que aprendan y reconsideren no ser un pobre diablo más.
Me pregunto su nombre. Algo me dice que empieza con M, pero no tengo nada que lo respalde. Lo olvido rápidamente y me contento con seguir mirando. Sus modernas y sucias zapatillas de una marca que sé, es conocida, pero que no logro recordar su nombre. Sus grises y simples yogins para ¿hacer educación física? Es probable, pero también cabe la posibilidad que los esté usando por simple comodidad, y con el húmedo día que nos azota, es bastante factible. Ahora estoy viendo sus ligeras y finas telas de color negro como la noche. Parecen bailar un lento por cada brisa de aire semi-fresco que pasa a acariciarlas. Su mochila es lo de menos, pero incluso así, es parte elemental de su atuendo. Al igual que la pintura que recubre sus párpados, si mal no recuerdo, un verde esmeralda en tonos algo oscuros. ¡Su piel no deja de impresionarme! Es un acabado bellísimo el que recubre sus huesos, sus extremidades. Unos guantes de piel que claman un calor inadecuado. Desvío la mirada, tan sólo por un par de segundos.
La devuelvo con extenuado reparo. Quiero verla un poco más en detalle. Quisiera ser invisible para pararme frente a ella y mirar a su rostro por horas y horas. Lo cierto es que se encuentra de espaldas, mirando hacia la lejanía, aguardando la llegada del colectivo para irse lejos de todo lo que conozco.
En mi sofocada desesperación intento imaginar su rostro en tiempo real, en base a recuerdos que databan de escasos minutos. Mis ojos me llevan por donde quieren. Sus muñecas, o más bien lo que allí se encuentra sujetado, llaman poderosamente mi atención. Posee toda clase de pequeños artilugios de metal, o quizá eran simples figuras metálicas, como pins, no estoy seguro. Están prendidos a un pequeño brazalete de cuero sintético negro, ubicado en su brazo derecho. Al principio provoca en mí un sentimiento semejante a la curiosidad estética, que con el tiempo desaparece por completo al notar a cierto símbolo de metal muy parecido a la Cruz de Hierro prusiana. Mi perplejidad no puede ser mayor. Tanto es así que quedo totalmente paralizado, pensando y dando rienda suelta a un caótico resumen que abarca desde la Guerra franco-prusiana, pasando por la Primera Guerra Mundial y finalizando con la Segunda de homónimo nombre.
Además de pésimo escritor, soy pésimo en control mental. El mío por supuesto. Nótese el caos que acontece en el párrafo anterior. La primera oración amaga con el comienzo del tópico a tratar; nos muestra una introducción de ésas que nada tienen que ver con lo que siga a continuación. Como en las películas, cuando un personaje se siente abatido por la muerte de alguien cercano, entonces aparece en escena un segundo personaje en plan consolador. Ambos se conocen recíproca y amistosamente. Uno de ellos tiene su mundo hecho una lluvia de cristales asesinos, el otro se encuentra perfectamente bien, sin embargo se siente algo afectado por la aflicción que su compañero padece. Lo más lógico es que preste su apoyo moral y psicológico en momentos tan necesitados, pero lo verdaderamente inquietante es la interrogativa ante el plan que se empleará en la epopeya que sugiere atravesar el muro de roca hirviendo que ha edificado la profunda depresión del primer sujeto. A continuación se ofrecen diferentes opciones con las que se tratará de encarar con éxito tamaña empresa:
A) Silencio. Se enfrentan visualmente. No hay rivalidades entre ellos, aun así, un odio enceguecido recae en los ojos del sufrido. El segundo sabe que el tema es muy delicado para hablar. A pesar de todo, lo encara con vil vehemencia: "¡Demonios Harris! ¡Ella está muerta! ¡No hay nada que puedas ya hacer!"
Probabilidades de éxito: nulas. Incluso es posible que se produzcan pequeños altercados que deriven de violencia verbal hasta golpes de puño.
B) Silencio. Se enfrentan visualmente. No hay rivalidades entre ellos, aun así, un odio enceguecido recae en los ojos del sufrido. El segundo sabe que el tema es muy delicado para hablar. A pesar de todo, lo encara con cautela y suavidad: "Fue una buena mujer, Harris. Es una maldita tragedia, pero con la fuerza justa, podrás salir de ésta. Lo sé. En el fondo de mi corazón, lo siento con intensidad."
Probabilidades de éxito: intermedias. Muchos dirían que es la opción más razonable... pero adivinen qué, una persona no razona en ese estado. Por lo que es probable que rompa en desconsolado llanto o por qué no también, en pequeñas disfuncionalidades mentales. Por otro lado, con suerte logre secar alguna que otra lágrima, con suerte.
C) Silencio. Se enfrentan visualmente. No hay rivalidades entre ellos, aun así, un odio enceguecido recae en los ojos del sufrido. El segundo sabe que el tema es muy delicado para hablar. A pesar de todo, le cuenta una tierna historia de patitos que no tiene una puta mierda que ver con el terrible momento que el primer personaje está viviendo: "... los demás patitos no lo querían, pero el jamás se rindió, jamás. Hasta el día de hoy, guardo su recuerdo en un frasco de vidrio, bien profundo en mi corazón".
Probabilidades de éxito: jodidamente altas. Hay tantas formas de explicar porque este método es tan infalible, así que sólo me voy a limitar a uno solo, que creo sinceramente, tiene mayor peso si tenemos en cuenta lo mierda que el ser humano puede llegar a ser (y es): "¿Con qué pasando un momento emocionalmente horrible? Bueno, ahora te voy a contar una historia todavía más horrible que la tuya. Mil veces peor y desoladora. Tus ojos van a estar como un par de huevos fritos, y vas a sentir en tu pecho un equivalente a arcadas con el simple fin de llorar mares de sal acuosa". Ojo, parece de lo peor, pero tiene un fin noble. Éste es desviar la atención del primer sujeto, olvidarse del por que de su primer padencia, para enfocarse de lleno (en este caso) en la historia del desdichado patito feo y su lamentable familia racista.
Y si por alguna de esas "casualidades" de la vida, la opción "C" no surte efecto, es altamente recomendable poner el coche de la vida en reversa y probar suerte con la opción "B" y "A", respectivamente. Sólo traten de imaginarlo: comienzan con la tierna y triste historia de los patitos racistas; al ver que no pueden desviar la atención de la persona a socorrer, continúan con las palabras de consolación directa; si no han podido todavía ablandar aunque sea un poco el corazón de esa trémula alma, concluyen con el sadismo hecho palabras de entera violencia. Éso debería bastar para derrumbar el más inexpugnable de los muros invisibles. Y no, no hay plan D (salvo que ostenten el poder sobrenatural de regresar gente muerta a la vida misma).
Oh, oh. Lo he hecho de nuevo. El ejemplo demostrativo se me ha ido de las manos y ha tomado vida propia. En pleno desvarío me interné en un camino sinuoso, forrado de palabras y muecas raras; he de volver, urgente.
Bien, es definitivo. No más prólogos, no más introducciones, no más explicaciones. Sólo quiero contar lo que desde un principio quise contar, pero que no pude por cuestiones meramente estéticas. No sé che, digo, es algo medio feo ir directo al grano en asuntos que abarquen el campo de la literatura. Eso explicaría perfectamente la existencia de libros de 600 páginas cuyas ideas pueden simplemente contarse en 100. Lo demás son reformulaciones, ejemplos y relleno con lindos adjetivos. Pero vamos que quedaría como un frío resumen de laboratorio. Es imperativo dejar vida en lo que escribimos, si lo que pretendemos es llenar a la gente que nos lea. Por otro lado, si no pretendemos en absoluto llenar a la gente que se tome la molestia en leernos pacientemente, bueno, entonces las cosas se tornarían en algo mucho más llano y carente de rostro. Permítaseme entonces aclarar mi humilde punto de vista en cuanto a la relación "escritor-lector": es una simbiosis. Por ejemplo, uno no llega a comprender a un alma atormentada si no ha llorado junto a ella, así como tampoco uno llega a comprender los chistes de un cómico si no ha reído por ellos (ya sea porque son malos o no tienen razón de existir, entre otras). Estoy seguro que Edgar Allan Poe habría hallado la paz interior si tan sólo hubiera conocido 1(una) persona que lo comprendiera completamente. No, no quiero decir que yo lo entiendo; no, no quiero decir que yo, Nor Malidad, podría haberlo salvado de su desdicha... pero habría estado bueno, jeje.
Creo que la única persona que odio en este mundo, es yo. Una vez más he faltado a mi propia palabra, a promesas que he pactado conmigo mismo. Escribo, escribo, y se siente tan bien que no puedo parar. Ni siquiera para aplastar el mosquito que se ha posado en mi pierna derecha, el cual ahora mismo se está saciando con la sangre que no para de succionar con increíble placer infernal. Me gusta hacerles creer que tienen todo bajo su control, dejándolos ir volando regordetes de sangre por ahí, para luego perseguirlos sigilosamente y estallarlos en cualquier pared donde se posen a descansar después de haber disfrutado de un sangriento manjar, o incluso en mis propias manos sedientas de venganza.
Pobres insectos. Pienso que son de los más incomprendidos en el planeta Tierra. Ellos sólo nos están haciendo un placeroso favor al dejarnos lugares en la piel para rascar y disfrutar con los ojitos entrecerrados. A cambio, nos piden un solo mísero trago de sangre. ¡Pero no! El humano es increíble. Exageradamente posesivo y celoso, quiere todo para él: "¡¿Con qué te vas a revolear la bombacha por ahí, con todo lo que pasamos juntos?! ¡¡¡Puta de mierda!!! *CHAS*". Ahora bien, lo que sí puede resultar realmente molesto es cuando te agarra una partuza de chupasangres insaciables que pican en pequeñas y descontroladas incursiones que terminan por volver loco a uno. Lo que puede traducirse como extensas tardes de intensos aplausos a un espectáculo que nunca existió.
¡BASTA!
(me voy, junto a la puerta...)
Finalmente, la historia, que más bien podría catalogarse bajo el apropiado título de anécdota, es la siguiente (redoble de tambores).
Ocurrió ayer a la mañana, de camino a mi colegio.
Viajo en trolebus, ya saben, ese transporte que se desconecta súbitamente a cada rato de su fuente de alimentación y que me ha costado más de una frenética corrida hasta las instituciones escolares. Estaba llegando a la parada del trole cuando veo a la distancia, en ese preciso lugar, una mujer que habrá tenido mi edad, además de otras tres o cuatro personas cuya relevancia a la trama es escasa por no decir inexistente. En esos momentos ni el viento que soplaba gentilmente, ni el ruido de los autos al pasar importaba más que esa mujer y mi visión ininterrumpida. El MUNDO era ella y yo, aun cuando ella ni lo sospechaba.
NOTA: quiero claramente diferenciar esta anécdota con el relato "La mujer de los guantes rojos", porque aunque la temática sea a simple vista la misma, se diferencia en el modo de expresarlo y en el grado de ficcionalidad o realismo. Sin embargo, si insisten, que sé yo... a lo mejor la mina de la que voy a hablar es la hija de la mujer de los guantes rojos *giro dramático e inesperado de eventos*.
Por supuesto una vez que la distancia prudencial para sostener la mirada se estrechó al punto mismo de la obsesión descarada, me hice bien el pelotudo y como si nada hubiera estado revoloteando en mi barriga, fui directo a la pared más cercana a apoyar mi todavía algo somnoliento cuerpo.
La posición que había adoptado no podía ser más que perfecta. No sólo tenía al alcance de mi vista de 180º la espalda de la mujer que me cautivó, sino también al resto de las personas que se encontraban esperando el pronto arribo del trolebus o del colectivo (pasa también el E7 por la misma parada). Ésto no sólo me permitía estudiar con infinita voluntad el cuerpo de aquella mujer, sino también tener bajo absoluto control cualquier indicio de sospecha que pudiera estarse germinando en las chismosas miradas que la gente guardara a mis ojos y lo que éstos estuvieran observando con escandaloso anhelo. Es decir, 0(cero) grado de incomodidad. Pero espero no se me haya tomado como un degenerado, yo no veo a la gente directo a sus glúteos y nada más. No, a mí me gusta observar hasta el color de la cera en la oreja y que tan espesa sea ésta. Veo todo con los ojos de un niño curioso, y con los pensamientos de un tortolito idiotizado por las incesantes reacciones químicas que mi cerebro experimenta y que mi estómago siente en forma de cosquillas internas. Lo que pasa es que la gente tiende a pensar lo peor cuando se la está mirando, o cuando ven que alguien mira a alguien más. Sí, ya sé, ¡e' una cosa de loco'!
No he contado aún la causa de tal atracción, de tal pérfido enamoramiento pasajero. Quizá haya sido la suavidad en su piel que no sentí pero que con la vista uno podía percibir que se trataba de una contextura suave y uniforme como la seda. Sus ojos, tal vez, que guardaban las más sinceras muestras de cariño intenso; no me atreví a verlos demasiado, temía ser atrapado para siempre en un remolino de mares oscuros y ciudades de piedra. Es posible, que su corte de cabello (corto hasta las orejas), así también como su negro color hayan sido el detonante de las más absurdas comparaciones, las cuales no dejaron atrás los locos fanatismos. Pero sobre todas las cosas, creo que fue el color dulce de leche de su piel, su Confiture de lait, y la simplicidad en sus prendas. Unas telas que combinaban con todo su ser, inclusive con su probable personalidad, la que claramente no conocí ni conoceré porque ni el tono de su voz me quedó.
Es la clase de mujer que acostumbro a poner en un pedestal al tiempo que danzo alrededor de ella mientras le arrojo incontables flores que voy sacando de un canasto de mimbre sin fin. Es una diosa, y cualquier mortal que ose probarla en cuerpo y alma, se gana automáticamente mis más humildes respetos y admiraciones. Yo no soy un mortal, mucho menos un inmortal, yo soy un demortal. Soy el chiste que salió mal, la voz que desafinó frente a todo un público, el primer desamor de la vida (y el último), la encía que se infectó y sangró. Soy el desperdicio de esta vida. El dejemplo donde los demás se comparan y salen ganando de las más fieras depresiones. Soy todo lo que no se debe hacer, pero me sigo cagando de la risa. Porque soy así, soy el dejemplo que la demortalidad envió al mundo mortal para que la gente común aspire a ser como la chica de la parada. Para que aprendan y reconsideren no ser un pobre diablo más.
Me pregunto su nombre. Algo me dice que empieza con M, pero no tengo nada que lo respalde. Lo olvido rápidamente y me contento con seguir mirando. Sus modernas y sucias zapatillas de una marca que sé, es conocida, pero que no logro recordar su nombre. Sus grises y simples yogins para ¿hacer educación física? Es probable, pero también cabe la posibilidad que los esté usando por simple comodidad, y con el húmedo día que nos azota, es bastante factible. Ahora estoy viendo sus ligeras y finas telas de color negro como la noche. Parecen bailar un lento por cada brisa de aire semi-fresco que pasa a acariciarlas. Su mochila es lo de menos, pero incluso así, es parte elemental de su atuendo. Al igual que la pintura que recubre sus párpados, si mal no recuerdo, un verde esmeralda en tonos algo oscuros. ¡Su piel no deja de impresionarme! Es un acabado bellísimo el que recubre sus huesos, sus extremidades. Unos guantes de piel que claman un calor inadecuado. Desvío la mirada, tan sólo por un par de segundos.
La devuelvo con extenuado reparo. Quiero verla un poco más en detalle. Quisiera ser invisible para pararme frente a ella y mirar a su rostro por horas y horas. Lo cierto es que se encuentra de espaldas, mirando hacia la lejanía, aguardando la llegada del colectivo para irse lejos de todo lo que conozco.
En mi sofocada desesperación intento imaginar su rostro en tiempo real, en base a recuerdos que databan de escasos minutos. Mis ojos me llevan por donde quieren. Sus muñecas, o más bien lo que allí se encuentra sujetado, llaman poderosamente mi atención. Posee toda clase de pequeños artilugios de metal, o quizá eran simples figuras metálicas, como pins, no estoy seguro. Están prendidos a un pequeño brazalete de cuero sintético negro, ubicado en su brazo derecho. Al principio provoca en mí un sentimiento semejante a la curiosidad estética, que con el tiempo desaparece por completo al notar a cierto símbolo de metal muy parecido a la Cruz de Hierro prusiana. Mi perplejidad no puede ser mayor. Tanto es así que quedo totalmente paralizado, pensando y dando rienda suelta a un caótico resumen que abarca desde la Guerra franco-prusiana, pasando por la Primera Guerra Mundial y finalizando con la Segunda de homónimo nombre.
¿Qué carajo?
¿Por qué razón en el Universo tiene esta mujer una Cruz de Hierro? ¿Qué diantres motivó su adquisición? No fue por valentía claramente. Tampoco creo que se deba a méritos de liderazgo en tiempos de extrema violencia beligerante. En serio, ¿acaso pensó que quedaría terriblemente cool prenderse una condecoración militar de más de una centuria de antigüedad? ¿Qué sería la envidia de sus amistades, conocidos y particulares a su alrededor?
— ¡Oh, caray! Tienes una Cruz de Hierro en tu brazalete de cuero sintético negro.
— Lo sé. ¡¿No es genial?!
— Seeeeeee.
— Lo sé. ¡¿No es genial?!
— Seeeeeee.
Cuando creo que el mundo no puede ser más vomitivo y estúpido, giros como éste me revuelven las tripas, estrujando y asesinando a toda aquella mariposa que antaño volaba y cosquilleaba alegre dentro de mi barriga. Por supuesto que las mariposas no existen, no es más que otra mala y cursi explicación tratando de embellecer lo que es perfectamente entendible mediante un medio práctico. En serio, no hay necesidad de pelotudizar todo lo que el humano siente o hace con su vida, pero parece que el mundo se iría todavía más al traste si así no lo fuera. A lo mejor gracias a todas estas boludeces, muchas guerras se han evitado, y es que a diferencia de un mundo alegre y tontito, en un mundo más frío y corporativo las disputas destructivas a gran escala serían moneda corriente.
Generalmente me habría dado media vuelta y me hubiera ido, pero el colegio requería de mi presencia, o más bien yo requería la presencia de éste último, pero trasladar los cimientos de un edificio es mucho trabajo por lo que decidí esperar el trolebus para que me llevara hasta su ubicación, algo alejado de mi casa.
Durante el viaje, la humedad era insoportablemente fastidiosa. Sin embargo, no logró despabilar o incluso aguar mis risas internas frente al todo de la situación. Hasta el día de hoy no sé exactamente de que me reía, si por mi exagerada tendencia a enamorarme de cada mujer que veo para luego toparme con barricadas que harían retroceder al más osado de los osados, si por la estupidez de ponerse de pin una medalla originalmente prusiana, o quizá también por la simple razón de ponerme de esta forma por una simple cuestión de gustos. ¿Y qué si le gusta ponerse de pin una Cruz de Hierro alemana? ¿Hay algún problema, hijo de puta? Hay veces que puedo ser realmente insufrible, pero otras simplemente paso completamente desapercibido como la persona más incomprendida del planeta, incluso por mí mismo. Y si lo pienso con mayor tranquilidad, no puedo entender el porque de mi actitud, de mi postura frente al extravagante gusto de esta desconocida mujer. Es un mundo libre, cada uno hace lo que quiere, ¿no? No veo que esa medalla esté ofendiendo a alguien, ¿o vos sí? Todavía no ha asesinado a alguien, mucho menos cometido algún que otro genocidio étnico. Entonces, ¿cuál es el puñetero problema? Absolutamente ninguno. Eso sí, que no se me diga nada si me recago de la risa, después de todo, es un mundo libre, ¿no?
Generalmente me habría dado media vuelta y me hubiera ido, pero el colegio requería de mi presencia, o más bien yo requería la presencia de éste último, pero trasladar los cimientos de un edificio es mucho trabajo por lo que decidí esperar el trolebus para que me llevara hasta su ubicación, algo alejado de mi casa.
Durante el viaje, la humedad era insoportablemente fastidiosa. Sin embargo, no logró despabilar o incluso aguar mis risas internas frente al todo de la situación. Hasta el día de hoy no sé exactamente de que me reía, si por mi exagerada tendencia a enamorarme de cada mujer que veo para luego toparme con barricadas que harían retroceder al más osado de los osados, si por la estupidez de ponerse de pin una medalla originalmente prusiana, o quizá también por la simple razón de ponerme de esta forma por una simple cuestión de gustos. ¿Y qué si le gusta ponerse de pin una Cruz de Hierro alemana? ¿Hay algún problema, hijo de puta? Hay veces que puedo ser realmente insufrible, pero otras simplemente paso completamente desapercibido como la persona más incomprendida del planeta, incluso por mí mismo. Y si lo pienso con mayor tranquilidad, no puedo entender el porque de mi actitud, de mi postura frente al extravagante gusto de esta desconocida mujer. Es un mundo libre, cada uno hace lo que quiere, ¿no? No veo que esa medalla esté ofendiendo a alguien, ¿o vos sí? Todavía no ha asesinado a alguien, mucho menos cometido algún que otro genocidio étnico. Entonces, ¿cuál es el puñetero problema? Absolutamente ninguno. Eso sí, que no se me diga nada si me recago de la risa, después de todo, es un mundo libre, ¿no?
— ¿A qué se debe esta medalla?
— Defendí una posición durante hora y media con tan sólo un cargador.
— ¡Bravo! A ver, tú, el tuerto. ¿Por qué te la ganaste?
— Mi caso es todavía más extraordinario: al quedarme sin municiones, me extirpé el ojo izquierdo y golpeé enemigos a mansalva con él, hasta que el apoyo aéreo llegó para salvar la Compañía entera de su total aniquilación.
— ¡Impresionante! ¡Un verdadero héroe de armas! ¿Qué tal tú, el amputado?
— Le advierto que mi historia puede ser un poco escabrosa.
— Continúa, por favor. Quiero escuchar tus memorables hazañas de valentía.
— Defendí una posición durante hora y media con tan sólo un cargador.
— ¡Bravo! A ver, tú, el tuerto. ¿Por qué te la ganaste?
— Mi caso es todavía más extraordinario: al quedarme sin municiones, me extirpé el ojo izquierdo y golpeé enemigos a mansalva con él, hasta que el apoyo aéreo llegó para salvar la Compañía entera de su total aniquilación.
— ¡Impresionante! ¡Un verdadero héroe de armas! ¿Qué tal tú, el amputado?
— Le advierto que mi historia puede ser un poco escabrosa.
— Continúa, por favor. Quiero escuchar tus memorables hazañas de valentía.
— De acuerdo. Mi mérito constó en la marcha casi apostólica de 300.000 hombres que confiaron sus vidas en mi persona para poder cruzar el Rin, salvos y sanos. Una partida de exploradores podría haber delatado nuestra posición a los bombarderos enemigos, pero mediante un cebo los capturé antes que pudieran escapar.
— ¿Un cebo? ¿Cómo?
— Sí, un cebo propio. Tomé la decisión de cercenarme la pierna. Al no disponer de elementos cortantes a mano para tal tarea, me valí de mis propios dientes para lograrlo.
— ¡Dios mío! ¿Y qué hiciste luego, buen hombre?
— ¿Un cebo? ¿Cómo?
— Sí, un cebo propio. Tomé la decisión de cercenarme la pierna. Al no disponer de elementos cortantes a mano para tal tarea, me valí de mis propios dientes para lograrlo.
— ¡Dios mío! ¿Y qué hiciste luego, buen hombre?
— Deposité mi miembro mutilado en un punto del bosque visible para los exploradores. Éstos, extrañados, se acercaron para examinar tal sangrienta muestra de restos humanos. Y una vez de llenos en la trampa, me los comí del hambre que tenía. Fue así como pudimos escapar hacia Alemania, vivitos, coleando y... ejem... cojeando.
— ¡¡¡Verdaderamente audaz e impactante!!! Sin duda alguna eres más que merecedor de la medalla que reposa en tu pecho. A ver, tú, la mujer, ¿cuál es tu historia?
— ¿Uhmm?
— Ehh, tu historia. ¡¿Qué has hecho para poseer tal baluarte digno de las mayores proezas de valentía y camaradería?!
— ¿Yo? Ahh, nada. Creo que se lo saqué de la mesa de luz a mi abuelo.
— ¡Éso es inaudito! ¡¿Por qué habrías de cometer tal fechoría?!
— Pues, no sé, jaja. ¿Verdad que me queda re bien?
— ¡¡¡Verdaderamente audaz e impactante!!! Sin duda alguna eres más que merecedor de la medalla que reposa en tu pecho. A ver, tú, la mujer, ¿cuál es tu historia?
— ¿Uhmm?
— Ehh, tu historia. ¡¿Qué has hecho para poseer tal baluarte digno de las mayores proezas de valentía y camaradería?!
— ¿Yo? Ahh, nada. Creo que se lo saqué de la mesa de luz a mi abuelo.
— ¡Éso es inaudito! ¡¿Por qué habrías de cometer tal fechoría?!
— Pues, no sé, jaja. ¿Verdad que me queda re bien?
*A Adolfito le explota la cabeza debido al exceso de incongruencia. Al día siguiente, Alemania capitula. La Segunda Guerra Mundial llega a su fin, aproximadamente 5 meses antes de lo que se pronosticaba en los apuntes de historia.*
Moraleja: la estupidez es necesaria para equilibrar tanta maldad en este mundo.
Moraleja: la estupidez es necesaria para equilibrar tanta maldad en este mundo.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Vabastama
Me pedí a mí mismo un poema de amor
¿o era ese otro que me gritaba desde lejos
implorando una total negación ante tales melosas palabras?
Seguro que le escuché
Seguro que le escuché
me hize bien el boludo y seguí
ahora no me aguanto y quiero volar por allí
lejos de la estupidizante humillación.
Y no me pidas un buen poema
porque las rimas no van conmigo
y el orden de filas me es indistinto.
¡Basta de tanto orden limitado!
No quiero atarme a un ser que me diga lo salame que soy
menos a lo que un consejo de viejos viejos considere mejor para la lengua.
Esto no es un poema
Si no hay amor, es un cuento
y si no hay seriedad, es una canción.
Hagamos mejor, poemas que nos llenen de risas
que nos descoloquen de alegría sin sentido
y está bien el no encontrarle sentido a lo habitual.
Lo genérico halla su gracia porque no hay esfuerzo.
¿Querés llorar?
¿Sentirte mal?
¿Sentirte mal?
¿Escapar de la mierda para internarte en una de suave contextura?
Retírate ya mismo entonces
Expulsate de esta página de la vida
porque a vos, como a mí, te gusta sufrir.
Sufrir rima con reír
el infinitivo así lo quizo
hemos de respetar su última voluntad
porque no hay infinidad
ni siquiera en palabras.
Vos estás loco
No
Sí
No
Sí, porque tu poema me sabe a prosa
y tu prosa me sabe a mierda catárquica
A nadie le interesa
Inclusive tu prosa es indefinida y deforme
digo, ¡por los astros de todo el universo!
¡ahora hay diálogos entre dos partes de un ser!
Soy frío, no loco
Sos un pelotudo.
Aniquilemos nuestro pendenciero ser supradimensional
ése que vive en nosotros y nos limita a crear
...creaciones malas...
¡Oh, cerrad el pico, insolente de pueblerinas aguas!
Mediocre como tu mano izquierda
Lazerino como tu instinto de supervivencia
Si descifrás mi vida
un torbellino nos agitará en violenta aventura
no te asustes si la arena se mete en tus ojos
hay partes peores...
y me refiero a tu lado oscuro
¡El culo!
¡Insensato!
¿Es el culo, no?
No... Sí
Por supuesto
Fuera
No.
Una sala blanca. Limpia. Luces. Pantallas. Objetos pesados y complejos. Un hombre acostado saliendo de una máquina con campos magnéticos. Dos hombres en blanco, detrás de un ventanal.
— Increíble.
— ¿Qué cosa?
— El cerebro del paciente en coma, presenta hasta el triple de actividad que un paciente en perfecto estado cognitivo.
— ¿Y qué con éso?
— ¿Cómo que qué con éso? ¡Es algo destacable! ¡Realmente notorio! ¡¿No te das cuenta?!
— Ehhh...
Un tercer hombre, también en blanco, irrumpe detrás de ellos. Luce un aire de cierta sabiduría y estronante autoridad.
— Un error en la máquina.
— Un error en la máquina.
— ¿Perdón? —replican los dos al unísono.
— La supuesta "actividad" cerebral registrada en el paciente Serho, es un error cuántico en la máquina, el cual ha sido advertido desde esta mañana. Seguramente no se les notificó porque se han pasado el día entero trabajando hasta tarde en estas dependencias. No se preocupen. Ahora entréguenme los registros correspondientes al paciente Serho y olvidémonos de este jolgorio alfanumérico.
— Pero... —insiste el primero de los tres.
— Pero... —insiste el primero de los tres.
— Ahora.
Una vez en sus ásperas y gruesas manos, lo guarda en su cuaderno de notas. No le preguntan. Él no dice una sola palabra. Esbozan inherente complicidad. Lo destruirá más tarde, en su oficina.
El paciente Serho, en tanto, se debate en una feroz lucha contra sí mismo.
Idiota pomposo
¡Mutilante de sueños!
¡¡Reparador de cicatrices!!
¡¡¡Embalsamador de circuitos de nervio!!!
¡¡¡¡Protunderante de ideas libertinas!!!!
¡¡¡¡¡Liberador de pedos enajenados!!!!!
¡¡¡¡¡¡Mantrista de aquíferos en llamas!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡Nutria de compostela amorfa!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡Jara de consiletroso fero!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡Dramaresudo broncofeloso!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Herosilímista ancerotresco!!!!!!!!!!
Todos se van. El primero es el último. Antes de apagar la luz y cerrar la puerta, mantiene una última mirada recíproca hacia el otro lado del ventanal.
— Soñador de corrientes eléctricas.
— Soñador de corrientes eléctricas.
No lo vuelve a ver. Renuncia el mismo día. Desaparece. Su nombre, sin embargo, resuena en las mentes ruidosas de ojos cerrados.
Algún día habremos de despertar, hermano mío.
domingo, 18 de noviembre de 2012
sábado, 17 de noviembre de 2012
Ha sido coser y cantar
Se me escapa de la nada
se escurre por mi garganta
y la hace sonar jocosa
no sé por que.
Humos venenosos pasan por mis ojos
una caricia que se esfuma cuando quema
y ventitrés cansados suspiros frente al espejo
no sé por que.
El cuerpo me pesa
la cabeza me explota
y mis labios secos existen
no sé por que.
La sonrisa macabra que me habla
cuando ya nadie mira
y una humedad sin nombre en los ojos
no sé por que.
Todo va en cámara lenta
menos el alma que sale disparada
entre tanto tumulto desolador
no sé por que.
A veces me pregunto
otras veo pasar
y pienso en que dirán
no sé por que.
No lo necesito una y mil veces más
digo entre sollozos sordos
verdaderamente me nublo ante la incertidumbre
y no sé por que.
Espiro líneas de aire hacia una pared de piedritas
piedritas rojas y coloradas
una vez más encuentro todo mojado
y tampoco sé por que.
Los párpados entrecerrados tratando de centrar
tanto esfuerzo en mirar
que ya me olvido que coser
y me duermo sin saber por que.
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bueno ya está,
el espejo que me mira,
me callo solo,
me como solo,
me duermo solo,
me hablo solo,
me lluevo solo,
me muero solo,
me riego solo,
Me río solo
sábado, 10 de noviembre de 2012
La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte VI
Las pantallas de previsualización mostraban lo que parecía ser un cuerpo celeste, de proporciones mayores a la Tierra, a unos 200 kilómetros de distancia. Xílaker quiso cerciórarse con las cartas de navegación, pero no halló información al respecto que corroborara la prescencia de un objeto tan grande en las coordenadas preindicadas.
Contrario a preocuparse, Xílaker se mostró entusiasmado. Finalmente había encontrado algo que nadie había encontrado, o al menos que nadie había encontrado e informado de su paradero. Allá en la Tierra, en las agencias de exploración espacial, la renumeración que aguardaba a todo aquél "interesado en explorar, enriquecer y extender el dominio del hombre en las estrellas", era suficientemente alta como para no enfrentarse cara a cara con lo desconocido, lo cual por regla general, siempre es peligroso.
El negocio se resumía en una cadena retroalimentativa entre gente con mucho tiempo de sobra, las agencias de exploración y las grandes firmas mineras exoplanetarias. Estas últimas se valían de las coordenadas de planetas "vírgenes" y ricos en recursos para la extracción, las cuales eran vendidas en masa al mejor postor por cuantiosas sumas de dinero. Y es que el nombre de "agencia de exploración espacial" era un chiste que no podía estar más lejos de la realidad. Estas empreas no sólo les importaba un bledo los cuerpos celestes descubiertos, sino que no se invertía nada en equipos de exploración. No había personal capacitado que no fuera ajeno a la empresa para llevar a cabo semejante hazaña; todos sus empleados se encargaban de escuchar, tomar nota, comprar y vender. El capital era la información y la información se conseguía a través de fuentes independientes integradas por lo general de mercernarios, piratas o contrabandistas con tiempo de sobra entre destino y destino de carga. Por supuesto, dicha información que jactara conocer la ubicación de lugares de suma importancia, debía ser comprobada para luego ser estudiada y concluir si su valor mineral y/o estratégico valía su rentabilidad y posterior reventa.
Sin embargo, muchas eran las personas que clamaban haber "encontrado algo en la inmensa oscuridad". El problema con el que se topaban estos grandes centros de reventa, era la "falta de cordialidad" en sus potenciales informadores a la hora de tomar nota exacta de la ubicación de "superficies de oro líquido", "soles que no quemaban", "nebulosas de polvo de diamante" entre otras tantas barbaridades que juraban haber visto, y hacían generalmente babear a quien las escuchaba. Vamos que no podían darse el lujo de vender direcciones si lo único que tenían entre manos eran fabulosas historias de "montañas que sobrepasaban atmósferas" o "depósitos de paladio como chocolates en Suecia". La seriedad y exactitud eran moneda corriente entre las grandes cadenas y agencias de exploración. Seriedad, exactitud y sobre todo credibilidad que tanto buscaban las poderosas y casi monstruosas firmas mineras exoplanetarias, las cuales huelga decir y recordar, habían sido las responsables directas de la destrucción ambiental en su planeta de origen, y la razón del agregado "exoplanetario" en sus flamantes títulos. Éso, y la avaricia humana más allá de sus propios límites físicos y universales.
Xílaker tenía ahora algo más que un simple rumor, más que una elaborada historia para niños; tenía lo desconocido frente a sus ojos.
Debía ser precavido a la hora de examinar ese gran pedazo de roca que cada vez se hacía más y más grande en las pantallas. Era muy consciente de los peligros que recelaban escondidos, esperando el momento para impactar de manera implacable. Muchas expediciones exploratorias iban armadas hasta los dientes y no precisamente a bordo de un carguero modificado, solos y acompañados de una I.A desquiciada.
Un descuido, y el precio sería jodidamente alto.
—Establecé un escáner de rutina.
—¿Perdón, Comandante?
—Ya sabés, uno de ésos que buscan formas de vida, edificaciones artificiales, lugares de interés...
—¿Hordas de zombies mutantes del espacio?
—No sabía que tuviésemos uno instalado así.
—Desafortunadamente no, estaba siendo sarcástica. Pero eso no remueve el grave fallo de seguridad y prevención que posee esta nave al no contar con uno.
—Bueno, no se puede preveer el todo.
—Tiene razón Comandante, pero por algo se empieza. Cuando volvamos a la Tierra, arreglaré con Limd para que instale uno. Sólo espero que una horda de zombies mutantes del espacio no entorpezcan nuestro regreso.
—En realidad, esa horda de zombies sólo me atacaría a mí. A vos no te harían nada, ya que, con todo respeto, sos una entidad prácticamente abstracta y sin vida ni sangre que chupar...
—...Ni brazos que cercenar... Entiendo perfectamente su punto de vista, Comandante. Pero existe la ligera posibilidad que estos zombies, al ser mutantes y del espacio...
—¿Si?
—...hayan desarrollado la capacidad de alimentarse no sólo de orgánicos sacos de carne, ¡sino también de mecánicos sintéticos como yo! Es horrendo. Por favor Comandante, no deje que me coman.
—¿Qué? Nadie va a comerte.
—¡No deje que me coman!
—¡Nadie va a comerte!
—Puedo sentir como devoran las partes del núcleo central de la I.A. Como gruñen y se deleitan con mis circuitos de alimentación. Puedo sentirlos...
—¿Quién? ¿Sentir? ¿De qué hablás? ¿Dónde?
—En... mi... cabeza...
—Claro... Está bien. Nada va a-
—¡¡¡EL DOLOR ES INSOPORTABLE!!! ¡¡¡HAZ QUE PAREN!!!
—¡Bueno, che! ¡Ya está bien! Nadie te está comiendo, no hay nada acá. Tranquilizate. Pero la puta madre...
—¿Quién no está acá?
—Ehhh, ¿no decías recién que-
—¿Que, qué?
—Que los zombies mut-
—AAAAAAAAAAAAAAAAA. ¡¡¡LOS ZOMBIES MUTANTES DEL ESPACIO!!!
Una tremenda alteración estática aturdió los ojos y oídos de Xílaker. Para cuando recobró la visión y el pítido en sus tímpanos había desaparecido, la nave estaba a oscuras. La única iluminación provenía del exterior, más precisamente de la cara del planeta que daba al Sol en esos momentos. Éste estaba ahora mismo a una distancia bastante cercana pero prudencial.
Xílaker llamó a su nave. No hubo respuesta. En lugar de éso, lo que parecía ser una grabación de la propia I.A, comenzó a sonar en voz leve y asustada.
—Mis disculpas, Comandante Kubromer. El miedo y la paranoia que éste causó, pudieron más que mí integridad y profesionalidad virtual. Para cuando esté escuchando este mensaje, notará que toda la nave está a oscuras. No se preocupe, antes de irme a dormir, me aseguré de dejar el soporte vital activo, pero manual. Por lo que tendrá que regularlo por usted mismo hasta que regrese de mi siesta. Necesito tiempo para reponer mis atrofiados sentidos. Espero sepa entender que mi fobia por los zombies, no afectará en nada a la misión... bueno, al menos no tanto. Nos vemos en unas horas, Comandante. Con amor, Michelle.
Xílaker, que como era de esperarse, no entendía ni jota, profirió palabras en forma de profunda reflexión.
—Es terminante: a mí me cagó toda la Era Mesozoica junta.
Contrario a preocuparse, Xílaker se mostró entusiasmado. Finalmente había encontrado algo que nadie había encontrado, o al menos que nadie había encontrado e informado de su paradero. Allá en la Tierra, en las agencias de exploración espacial, la renumeración que aguardaba a todo aquél "interesado en explorar, enriquecer y extender el dominio del hombre en las estrellas", era suficientemente alta como para no enfrentarse cara a cara con lo desconocido, lo cual por regla general, siempre es peligroso.
El negocio se resumía en una cadena retroalimentativa entre gente con mucho tiempo de sobra, las agencias de exploración y las grandes firmas mineras exoplanetarias. Estas últimas se valían de las coordenadas de planetas "vírgenes" y ricos en recursos para la extracción, las cuales eran vendidas en masa al mejor postor por cuantiosas sumas de dinero. Y es que el nombre de "agencia de exploración espacial" era un chiste que no podía estar más lejos de la realidad. Estas empreas no sólo les importaba un bledo los cuerpos celestes descubiertos, sino que no se invertía nada en equipos de exploración. No había personal capacitado que no fuera ajeno a la empresa para llevar a cabo semejante hazaña; todos sus empleados se encargaban de escuchar, tomar nota, comprar y vender. El capital era la información y la información se conseguía a través de fuentes independientes integradas por lo general de mercernarios, piratas o contrabandistas con tiempo de sobra entre destino y destino de carga. Por supuesto, dicha información que jactara conocer la ubicación de lugares de suma importancia, debía ser comprobada para luego ser estudiada y concluir si su valor mineral y/o estratégico valía su rentabilidad y posterior reventa.
Sin embargo, muchas eran las personas que clamaban haber "encontrado algo en la inmensa oscuridad". El problema con el que se topaban estos grandes centros de reventa, era la "falta de cordialidad" en sus potenciales informadores a la hora de tomar nota exacta de la ubicación de "superficies de oro líquido", "soles que no quemaban", "nebulosas de polvo de diamante" entre otras tantas barbaridades que juraban haber visto, y hacían generalmente babear a quien las escuchaba. Vamos que no podían darse el lujo de vender direcciones si lo único que tenían entre manos eran fabulosas historias de "montañas que sobrepasaban atmósferas" o "depósitos de paladio como chocolates en Suecia". La seriedad y exactitud eran moneda corriente entre las grandes cadenas y agencias de exploración. Seriedad, exactitud y sobre todo credibilidad que tanto buscaban las poderosas y casi monstruosas firmas mineras exoplanetarias, las cuales huelga decir y recordar, habían sido las responsables directas de la destrucción ambiental en su planeta de origen, y la razón del agregado "exoplanetario" en sus flamantes títulos. Éso, y la avaricia humana más allá de sus propios límites físicos y universales.
Xílaker tenía ahora algo más que un simple rumor, más que una elaborada historia para niños; tenía lo desconocido frente a sus ojos.
Debía ser precavido a la hora de examinar ese gran pedazo de roca que cada vez se hacía más y más grande en las pantallas. Era muy consciente de los peligros que recelaban escondidos, esperando el momento para impactar de manera implacable. Muchas expediciones exploratorias iban armadas hasta los dientes y no precisamente a bordo de un carguero modificado, solos y acompañados de una I.A desquiciada.
Un descuido, y el precio sería jodidamente alto.
—Establecé un escáner de rutina.
—¿Perdón, Comandante?
—Ya sabés, uno de ésos que buscan formas de vida, edificaciones artificiales, lugares de interés...
—¿Hordas de zombies mutantes del espacio?
—No sabía que tuviésemos uno instalado así.
—Desafortunadamente no, estaba siendo sarcástica. Pero eso no remueve el grave fallo de seguridad y prevención que posee esta nave al no contar con uno.
—Bueno, no se puede preveer el todo.
—Tiene razón Comandante, pero por algo se empieza. Cuando volvamos a la Tierra, arreglaré con Limd para que instale uno. Sólo espero que una horda de zombies mutantes del espacio no entorpezcan nuestro regreso.
—En realidad, esa horda de zombies sólo me atacaría a mí. A vos no te harían nada, ya que, con todo respeto, sos una entidad prácticamente abstracta y sin vida ni sangre que chupar...
—...Ni brazos que cercenar... Entiendo perfectamente su punto de vista, Comandante. Pero existe la ligera posibilidad que estos zombies, al ser mutantes y del espacio...
—¿Si?
—...hayan desarrollado la capacidad de alimentarse no sólo de orgánicos sacos de carne, ¡sino también de mecánicos sintéticos como yo! Es horrendo. Por favor Comandante, no deje que me coman.
—¿Qué? Nadie va a comerte.
—¡No deje que me coman!
—¡Nadie va a comerte!
—Puedo sentir como devoran las partes del núcleo central de la I.A. Como gruñen y se deleitan con mis circuitos de alimentación. Puedo sentirlos...
—¿Quién? ¿Sentir? ¿De qué hablás? ¿Dónde?
—En... mi... cabeza...
—Claro... Está bien. Nada va a-
—¡¡¡EL DOLOR ES INSOPORTABLE!!! ¡¡¡HAZ QUE PAREN!!!
—¡Bueno, che! ¡Ya está bien! Nadie te está comiendo, no hay nada acá. Tranquilizate. Pero la puta madre...
—¿Quién no está acá?
—Ehhh, ¿no decías recién que-
—¿Que, qué?
—Que los zombies mut-
—AAAAAAAAAAAAAAAAA. ¡¡¡LOS ZOMBIES MUTANTES DEL ESPACIO!!!
Una tremenda alteración estática aturdió los ojos y oídos de Xílaker. Para cuando recobró la visión y el pítido en sus tímpanos había desaparecido, la nave estaba a oscuras. La única iluminación provenía del exterior, más precisamente de la cara del planeta que daba al Sol en esos momentos. Éste estaba ahora mismo a una distancia bastante cercana pero prudencial.
Xílaker llamó a su nave. No hubo respuesta. En lugar de éso, lo que parecía ser una grabación de la propia I.A, comenzó a sonar en voz leve y asustada.
—Mis disculpas, Comandante Kubromer. El miedo y la paranoia que éste causó, pudieron más que mí integridad y profesionalidad virtual. Para cuando esté escuchando este mensaje, notará que toda la nave está a oscuras. No se preocupe, antes de irme a dormir, me aseguré de dejar el soporte vital activo, pero manual. Por lo que tendrá que regularlo por usted mismo hasta que regrese de mi siesta. Necesito tiempo para reponer mis atrofiados sentidos. Espero sepa entender que mi fobia por los zombies, no afectará en nada a la misión... bueno, al menos no tanto. Nos vemos en unas horas, Comandante. Con amor, Michelle.
Xílaker, que como era de esperarse, no entendía ni jota, profirió palabras en forma de profunda reflexión.
—Es terminante: a mí me cagó toda la Era Mesozoica junta.
Continuará el día que aprenda a morder espaldas...
sábado, 3 de noviembre de 2012
La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte V
—¿Quién mierda sos?
—Protectora fiel de este navío y veladora de tu seguridad personal.
—¡¿Mi seguridad personal?! ¡Pero si acabás de armar un quilombo de la concha de la lora amenazando con matarme!
—Eso no es cierto, yo nunca amenazo. Ahora por favor, haceme el favor de calmarte sino corto el suministro de oxígeno provocando tu lenta, dolorosa y por supuesto, asfixiante muerte.
—Encima sos re chistosa.
—¡Puez claro, hombre! ¡¿Qué penzarían en Galizia sino hiziera bromaz como la de rezién?!
—Es malísimo ese acento español.
—A Limd le fascinaba.
—Bueno, pero no soy Limd. Y no sé si a él le gustaban estas bromas pesadas también, pero por mi parte, las detesto.
—Entendido, Comandante Amarguín. Haré lo posible en mi integridad virtual por reprimir los cuantiosos deseos de provocar inundaciones espóntaneas en sus pantalones. ¡Señor, sí señor! —Y tal como había aparecido, se esfumó en una mezcla de nubes enceguecedoras.
Xílaker hizo oídos sordos a la catarata de desvaríos de su propia nave, y se dirigió a lo que parecían ser los camarotes de la tripulación, la cual no superaba en número a su propia persona. Calculó que cómodamente habría lugar para un total de 8 personas, pero si se suprimían los espacios personalmente éticos y privados, al menos 20 individuos podrían convivir perfectamente repartidos en los distintos espacios de descanso. Sin embargo, si la higiene no era amiga frecuente de los hipóteticos tripulantes, la convivencia sería un infierno, pero no de azufre y fuego, sino de calzones y medias sucias.
Recostado en su catre personal, Xílaker trató de encontrarle algo de sentido al errático comportamiento de su única compañera a bordo. Era cierto, sí, que "Michelle" era una I.A, lo que significaba un desarollo cognitivo totalmente independiente y ajeno a la intervención humana y/o de programas limitadores. No es culpa del chancho, sino del que le da de comer. Entonces pensó en lo más obvio: Limd Mehel. Algo allá atrás, en la Tierra, le había dicho que el científico (o lo que realmente fuera) estaba un poco desequilibrado mentalmente. Su forma de hablar, su aseo personal, el estado de los elementos que conformaban su espacio de trabajo... ¡No podía ni creer que estuviera encapsulando en locura al pobre de Limd por la primera y precaria impresión que tuvo de él! Después de todo, su mismísimo padre lo había dirigido hasta él. Pero de alguna manera, Michelle y Limd tenían tanto en común, que preocupaba bastante. Y es que una I.A tiene la capacidad de aprender, incluso de imitar, comportamientos, pensamientos, ideas, acciones; por lo que si en el exagerado, extremista y alarmante caso en que Limd Mehel fuera un asesino psicótico, no sorprendería mucho despertar un día dentro de la escotilla presurizada sin traje espacial. Por otro lado, existía la posibilidad que Limd tuviera un enfermizo sentido del humor, y que habría encontrado bastante divertido instalar una I.A asesina a bordo, o al menos una que aparentara serlo. Esto último proporcionaba un excelente espéctaculo para quien quiera que estuviera observando.
Xílaker quedo algo obsesionado por esta última revelación, y se la pasó durante días buscando cámaras escondidas por toda la nave.
—Protectora fiel de este navío y veladora de tu seguridad personal.
—¡¿Mi seguridad personal?! ¡Pero si acabás de armar un quilombo de la concha de la lora amenazando con matarme!
—Eso no es cierto, yo nunca amenazo. Ahora por favor, haceme el favor de calmarte sino corto el suministro de oxígeno provocando tu lenta, dolorosa y por supuesto, asfixiante muerte.
—Encima sos re chistosa.
—¡Puez claro, hombre! ¡¿Qué penzarían en Galizia sino hiziera bromaz como la de rezién?!
—Es malísimo ese acento español.
—A Limd le fascinaba.
—Bueno, pero no soy Limd. Y no sé si a él le gustaban estas bromas pesadas también, pero por mi parte, las detesto.
—Entendido, Comandante Amarguín. Haré lo posible en mi integridad virtual por reprimir los cuantiosos deseos de provocar inundaciones espóntaneas en sus pantalones. ¡Señor, sí señor! —Y tal como había aparecido, se esfumó en una mezcla de nubes enceguecedoras.
Xílaker hizo oídos sordos a la catarata de desvaríos de su propia nave, y se dirigió a lo que parecían ser los camarotes de la tripulación, la cual no superaba en número a su propia persona. Calculó que cómodamente habría lugar para un total de 8 personas, pero si se suprimían los espacios personalmente éticos y privados, al menos 20 individuos podrían convivir perfectamente repartidos en los distintos espacios de descanso. Sin embargo, si la higiene no era amiga frecuente de los hipóteticos tripulantes, la convivencia sería un infierno, pero no de azufre y fuego, sino de calzones y medias sucias.
Recostado en su catre personal, Xílaker trató de encontrarle algo de sentido al errático comportamiento de su única compañera a bordo. Era cierto, sí, que "Michelle" era una I.A, lo que significaba un desarollo cognitivo totalmente independiente y ajeno a la intervención humana y/o de programas limitadores. No es culpa del chancho, sino del que le da de comer. Entonces pensó en lo más obvio: Limd Mehel. Algo allá atrás, en la Tierra, le había dicho que el científico (o lo que realmente fuera) estaba un poco desequilibrado mentalmente. Su forma de hablar, su aseo personal, el estado de los elementos que conformaban su espacio de trabajo... ¡No podía ni creer que estuviera encapsulando en locura al pobre de Limd por la primera y precaria impresión que tuvo de él! Después de todo, su mismísimo padre lo había dirigido hasta él. Pero de alguna manera, Michelle y Limd tenían tanto en común, que preocupaba bastante. Y es que una I.A tiene la capacidad de aprender, incluso de imitar, comportamientos, pensamientos, ideas, acciones; por lo que si en el exagerado, extremista y alarmante caso en que Limd Mehel fuera un asesino psicótico, no sorprendería mucho despertar un día dentro de la escotilla presurizada sin traje espacial. Por otro lado, existía la posibilidad que Limd tuviera un enfermizo sentido del humor, y que habría encontrado bastante divertido instalar una I.A asesina a bordo, o al menos una que aparentara serlo. Esto último proporcionaba un excelente espéctaculo para quien quiera que estuviera observando.
Xílaker quedo algo obsesionado por esta última revelación, y se la pasó durante días buscando cámaras escondidas por toda la nave.
Continuará el día en que descubra que nos depara el kilómetro 21...
viernes, 2 de noviembre de 2012
¿Y la tormenta tropical? ¿Donde está la tormenta tropical?
Golpeaba el Sol como si de brasas ardientes se tratara. Espejismos hacían verme volar cenizas, chispas y piel calcinada. Los árboles reían burlones al ponerme la traba, y horrendas preguntas me aguardaban camino abajo.
Escribo cuando se me da la gana y no cuando la veo abierta de par en par, con sus líneas previamente marcadas. Me gusta, sin embargo, que me propongan ideas para luego pasarme la continuidad donde huele fatal. De cuando en cuando no me siento presionado y les hago caso. Todos aplauden gustosos, no sé si por aclamación popular, no sé si por falsedad y desconfianza.
Hoy extravié el tubo con tinta negra y me acostumbré de mala gana a uno grueso de descompuesto color azul. Me da asco ver las letras que va dejando con total desprecio a la caligrafía de poca monta que siempre me caracterizó. Y es que ni el olor de flores tétricas me dejó el desgraciado.
De cualquier manera, hoy no tuve que usarlo (menos mal, no soportaría desperdiciar otra hoja llenándola de escritos con sabor a naranja amarga), pero ahora mismo me senté en plan retributivo frente a la computadora, golpeé a las puertas de un lugar que supo contenerme y me interné mareado por el humo de un espiral venenoso.
Faltan gigabytes y gigabytes de inútil información hogareña. No existe el tiempo de falta, ni siquiera para los lisiados de corazón, y eso me deprime un poco. Aún así, la noción de tristeza atraviesa mi cabeza como un rayo presuroso y no recuerdo el porque de nada. Simplemente está, pasa, y seguirá libre de toda culpa y peaje que quieran imponerle. No sirve de mierda; tiene vida propia.
Perdón, Crismote. He sido un interesado más en esta larga cola de desaciertos. Te usé como nunca y me reí como siempre. Las panderetas no paran de sonar y la risa no me la aguanto ni en letras muertas jajajajajajajajajaja. Perdón de nuevo Crismote, esta noche fui uno más, pero prometo que mañana te voy a contar que carajo pasa con Xílaker y la desequilibrada virtual de Michelle.
Una cosa más, que creo, vale la pena destacar: por lo menos, y con el viento que entra por la ventana como testigo, hice honor a tu fiel adjetivo.
Escribo cuando se me da la gana y no cuando la veo abierta de par en par, con sus líneas previamente marcadas. Me gusta, sin embargo, que me propongan ideas para luego pasarme la continuidad donde huele fatal. De cuando en cuando no me siento presionado y les hago caso. Todos aplauden gustosos, no sé si por aclamación popular, no sé si por falsedad y desconfianza.
Hoy extravié el tubo con tinta negra y me acostumbré de mala gana a uno grueso de descompuesto color azul. Me da asco ver las letras que va dejando con total desprecio a la caligrafía de poca monta que siempre me caracterizó. Y es que ni el olor de flores tétricas me dejó el desgraciado.
De cualquier manera, hoy no tuve que usarlo (menos mal, no soportaría desperdiciar otra hoja llenándola de escritos con sabor a naranja amarga), pero ahora mismo me senté en plan retributivo frente a la computadora, golpeé a las puertas de un lugar que supo contenerme y me interné mareado por el humo de un espiral venenoso.
Faltan gigabytes y gigabytes de inútil información hogareña. No existe el tiempo de falta, ni siquiera para los lisiados de corazón, y eso me deprime un poco. Aún así, la noción de tristeza atraviesa mi cabeza como un rayo presuroso y no recuerdo el porque de nada. Simplemente está, pasa, y seguirá libre de toda culpa y peaje que quieran imponerle. No sirve de mierda; tiene vida propia.
Perdón, Crismote. He sido un interesado más en esta larga cola de desaciertos. Te usé como nunca y me reí como siempre. Las panderetas no paran de sonar y la risa no me la aguanto ni en letras muertas jajajajajajajajajaja. Perdón de nuevo Crismote, esta noche fui uno más, pero prometo que mañana te voy a contar que carajo pasa con Xílaker y la desequilibrada virtual de Michelle.
Una cosa más, que creo, vale la pena destacar: por lo menos, y con el viento que entra por la ventana como testigo, hice honor a tu fiel adjetivo.
domingo, 28 de octubre de 2012
sábado, 27 de octubre de 2012
Las asombrosas aventuras del dedo de goma
27 gacelas. 27 gacelas de metal se situaban competentes junto a los pozos azules.
—¿Por qué son 27 abuelo?
—No tengo tiempo para hacerme un éxamen de riñón.
—¿Qué son los pozos azules abuelo?
—Son pozos y son azules. Eso nos decían de chicos cuando preguntábamos, y fuimos felices sin saber demasiado.
—¿Vos sos feliz abuelo?
—La próstata fue una pesadilla, eso sí que puedo afirmártelo.
Ereusea contuvo su cuestionario, si su abuelo empezaba de nuevo con las historias del dedo de látex, no comería en todo el mes.
Un quinticornio hincaba alegremente a los hombres marrones. Todos allí reían aburridos de ver lo mismo que días anteriores.
—¿Morirán abuelo?
—Son cuernos de algodón, Ereusea. No pueden lastimar ni al más minúsculo insecto.
—¿Entonces por qué lloran al ser hostigados por los cuernos de algodón, abuelo?
—¿Lloran? Lloran... pues, de la alegría de ser bendecidos en su piel con el algodón del quinticornio.
—¿Pero por qué sangran abuelo?
—Nada en comparación del dedo del buen doctor Siskera.
Ereusea sintió bruscos impulsos de vomitar lo poco que había comido desde la entrada. Afortunadamente, descubrió sorprendida una muestra de animales cantores, y olvidándose de la vulnerable condición de su estómago, entre ruegos y saltos, llevó a su abuelo con ella a escuchar tan bellos cantos.
El panorama no podía ser más terrible. 3 richos y cuarto apenas se mantenían en pie. Más atrás, una pequeña familia de lo que parecían ser cardinchones, bailaba el ula-ula. Un único plumífero, todavía impune del desastre, continuaba con su canto, algo desafinado para su estatus especial.
—¿Qué ha pasado acá abuelo?
—Fue la luz de Marte que se refractó en el Sol y creo agüjeros blancos dentro de esta celda.
—Eso ya me lo suponía abuelo, yo estaba refiriéndome a un porque de la causa.
—Impermeables. O probablemente se olvidaron de cambiar el agua, los aladitos quisquillosos enfurecieron en cantos alegóricos que a su vez invocaron el poder vengativo del dios de Marte, y, bueno... más claro, echale agua. Pero no de ésta, que está toda cagada por los pájaros.
—Asombroso abuelo, una explicación digna de los mayores oradores ambientales y pro-animales.
—Siempre debemos cambiar el agua, Ereusea. Te lo recuerdo todas las noches antes de dormir tapada de nubes. Algún día se levantarán contra nosotros, y el dedo ensangrentado del doctor Siskera, parecerá un juego de niños al lado del poder de la revolución huevífera.
Ereusea que en esos momentos se deleitaba con un chocolate derretido por acción del Sol, no pudo más y descargó un vómito de mil colores podridos directo en la cara del único pájaro cantor que aún quedaba en pie.
Al ver el estado de desconcierto que proliferaba en el ave, Ereusea pidió disculpas, se volvió a su abuelo y generalmente lo señaló como responsable de todo, incluso responsable de fechorías pasadas que nada tenían que ver. Es que hay que comprender que la joven Ereusea, no sólo descargó comidas embadurnadas en salsas artesanales, sino también de paso, todo lo que sentía respecto a su abuelo.
Éste, entre carcajadas, profirió una especie de defensa.
—¿Y qué culpa tengo yo qué el pájaro cante para la mierda?
—¿Por qué son 27 abuelo?
—No tengo tiempo para hacerme un éxamen de riñón.
—¿Qué son los pozos azules abuelo?
—Son pozos y son azules. Eso nos decían de chicos cuando preguntábamos, y fuimos felices sin saber demasiado.
—¿Vos sos feliz abuelo?
—La próstata fue una pesadilla, eso sí que puedo afirmártelo.
Ereusea contuvo su cuestionario, si su abuelo empezaba de nuevo con las historias del dedo de látex, no comería en todo el mes.
Un quinticornio hincaba alegremente a los hombres marrones. Todos allí reían aburridos de ver lo mismo que días anteriores.
—¿Morirán abuelo?
—Son cuernos de algodón, Ereusea. No pueden lastimar ni al más minúsculo insecto.
—¿Entonces por qué lloran al ser hostigados por los cuernos de algodón, abuelo?
—¿Lloran? Lloran... pues, de la alegría de ser bendecidos en su piel con el algodón del quinticornio.
—¿Pero por qué sangran abuelo?
—Nada en comparación del dedo del buen doctor Siskera.
Ereusea sintió bruscos impulsos de vomitar lo poco que había comido desde la entrada. Afortunadamente, descubrió sorprendida una muestra de animales cantores, y olvidándose de la vulnerable condición de su estómago, entre ruegos y saltos, llevó a su abuelo con ella a escuchar tan bellos cantos.
El panorama no podía ser más terrible. 3 richos y cuarto apenas se mantenían en pie. Más atrás, una pequeña familia de lo que parecían ser cardinchones, bailaba el ula-ula. Un único plumífero, todavía impune del desastre, continuaba con su canto, algo desafinado para su estatus especial.
—¿Qué ha pasado acá abuelo?
—Fue la luz de Marte que se refractó en el Sol y creo agüjeros blancos dentro de esta celda.
—Eso ya me lo suponía abuelo, yo estaba refiriéndome a un porque de la causa.
—Impermeables. O probablemente se olvidaron de cambiar el agua, los aladitos quisquillosos enfurecieron en cantos alegóricos que a su vez invocaron el poder vengativo del dios de Marte, y, bueno... más claro, echale agua. Pero no de ésta, que está toda cagada por los pájaros.
—Asombroso abuelo, una explicación digna de los mayores oradores ambientales y pro-animales.
—Siempre debemos cambiar el agua, Ereusea. Te lo recuerdo todas las noches antes de dormir tapada de nubes. Algún día se levantarán contra nosotros, y el dedo ensangrentado del doctor Siskera, parecerá un juego de niños al lado del poder de la revolución huevífera.
Ereusea que en esos momentos se deleitaba con un chocolate derretido por acción del Sol, no pudo más y descargó un vómito de mil colores podridos directo en la cara del único pájaro cantor que aún quedaba en pie.
Al ver el estado de desconcierto que proliferaba en el ave, Ereusea pidió disculpas, se volvió a su abuelo y generalmente lo señaló como responsable de todo, incluso responsable de fechorías pasadas que nada tenían que ver. Es que hay que comprender que la joven Ereusea, no sólo descargó comidas embadurnadas en salsas artesanales, sino también de paso, todo lo que sentía respecto a su abuelo.
Éste, entre carcajadas, profirió una especie de defensa.
—¿Y qué culpa tengo yo qué el pájaro cante para la mierda?
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Ereusea,
estoy re vago para escribir,
gacelas de metal,
luz de Marte,
mil colores podridos,
no es la diosa,
pozos azules,
próstata,
richos,
ula-ula
lunes, 22 de octubre de 2012
Éste es un diálogo con imprenta, una cursiva que no tiene nada de cursiva y un título laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrgo
—Si queréis creerme, bien. Ahora diré como es Ottavia, ciudad tela-araña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas con cuerdas, cadenas y pasarelas... Ruido. Ruido, voces.
—¡Salí! ¡dame!
—Pasarelas, pasarelas, ejem, pasarelas.
—Ay, jaja.
—Bueno, como decía. Atada a las dos crestas con cuerdas, cadenas y pasarelas... Ehh... ¿Qué? ¿por qué te reís? Mi cabeza no rodará hoy.
—No, nada.
—Ehh, sí. Bueno. Cuidado de no pisar, pisar de no cuidado, caca de pisar, madera de incesto, leviathán. Se camina sobre los traveseños de madera... Cuidando de no pisar, no, cuidando de. Cuidando de no poner el pie entre los espacios que quedan... Ehh... No, es que me quedé mirando allá. Perdón. Sí. Ehhh.... uy, no. Esperen.
—¡No lo sabe!
—Cagué. ¡Sí lo sé che! Un momento, lo voy a consultar con la pared. Boludo estratosférico. No puedo ser tan paja, que verrrrrga.
—¡Jajaja! ¡jajaja!¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja!
—Bueno, al menos se ríen. Incluso ella. Mirar no quiero. ¡Bien! Ya lo consulté con mi amigo calvino. Me dijo que además de tener cuidado de poner el pie en los espacios que quedan, ¡se aferra uno a los bordes de caña! Qué esssstúpido, por dio'. Ya todo el mundo sabe lo que es un borde de caña, gracias.
—Contalo de una, Fer.
—Sí Fer, contalo de una puta vez. No pavees más que se va a enojar. La gracia ya pasó, hay un cuento que quiere ser contado. Essstúpido. Bueno. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros; pasa alguna nube La seriedad azota su rostro: la re cagué, se entrevé más abajo, el fondo del precipicio. Mirá sus caras de aburrimiento. Joel tocando la guitarra de fondo, Tadeo detrás mío... los defraudé. "-Es que estoy seguro que los actores estudian sus papeles con días de anticipación" "-Tadeo, no; si no puedo aprenderme dos párrafos, no sirvo para el teatro" Cierto, no servís. Ésta es la base de la ciudad: ¡tan sólo mira como bostezan! una red que sirve... ------... de... Qué essstúpido, por dio'. Me quiero matarrrrr, ¡no puedo ser tan pajero! ¡Chabón, noooo! ehhh... de pasaje y de sostén. ¡VAMOS CARAJO! ¡VAMOS TODAVÍA! Todo lo demás Suspiró. Acaba de suspirar. Siento sus ojos clavados. Y lógico, pelotudo, sos el pelotudo máximo que cuenta el cuento, ¿qué esperabas?, en vez de elevarse encima, cuelgan hacia abajo; Sos un genio, te amo. Ésta es fácil, despreocupate. escalas de cuerda, hamacas, casas hechas en forma de saco... percheros, terrazas como navecillas... ehhh.... ¡Nooooooooooooooooooooooo! ¡Noooooooooooooooo! ¡Sos un hijo de puta! Oh... ¿Los mirás a ellos como queriendo disculparte de tu soberbia inutilidad para contar dos simples párrafos? Patético. Bueno. ¡Es que es este lugar que me pone mal!, me encapsulo con ustedes ¿"Me encapsulo"? Listo, me voy a la mierda. ¡No sé que me pasa! Por más que mire al techo no puedo salir volando. Quiero que las palabras acudan a mí. Esssstúpido.
—El profe Fer, insistió en leerlo de memoria.
—Disculpenlo. Es muy pelotudo, pobrecito. ¡No! La profe hace gestos de muerte cual público de combates entre gladiadores. Es que lo sé. Esperen.
—Ya está, Fer. Leelo.
—¿La escuchaste? Oficialmente la cagaste. Dale. Essstúpido. Como te desprecio. Imaginate lo que debe estar pensando ahora. Algo así como: que aparato que es este chico; nos cagó el taller del día de la fecha. Nunca más lo pongo a leer. "-Lo aprendí de memoria" "-¿En serio?" "Mirá esos ojos saltones que puso. De verdad fue una buena idea, casi como si me la fuera a decir" "-Sí" "-buenísimo chabónnn" Momento, ella no utiliza los términos de buenísimo y chabón, eso es impropio de ella. Pará, el buenísimo creo que sí lo utiliza... ¿qué dijo 'tonces?... Che pelotudo, terminate de leer el cuento. ¿Qué carajo dice acá...? ¡Claro! ¡¡¡Odres de agua!!!, picos de gas, asadores... Deja de hacer muecas de extrañez boludo, sí, son asadores ¿y qué? Cartas de papel, cargas, matafuegos, pilchas, terrazas, no, ya lo dije; ehhh la puta madre, ¡que castigo! ¡estoy bloqueado! ¡Soy una verga! Ehhh... Má se... "no hace falta que todo este en estricto orden" Gracias Tadeo hijo de puta. Te amo. Picas de madera ¿qué?, Lámparas, teléfericos, cestos, canastas jaja, que forro que sos, eso ni siquiera está en el cuento, montacargas, anillas y trapecios... para juegos... ehhh, macetas de, con plantas de follaje.. colgante. Ufff, que pesadilla... Dale habla pelotudo. Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Orcrellia, es menos incierta que en las otras ciudades... Sabes que la red no sostiene más que eso. Pequeña reverencia al ultra pedo porque fue todo una mierda. Nadie aplaude porque sinceramente ni vos entendiste lo que acabas de ¿narrar? Fin de esta narración caótica y... estrambótica Sos impresionante flaco, no parás de hablar pelotudeces por dos segundos "yo me exasperaría al estar UN solo día con vos..." Verdad que sí, ¿no? Aceptalo, incluso para el ser más amoroso y tranquilo de este pedigüeño mundo, le saciás la paciencia y el afecto para depositarlo en profundos tachos de aparatez humana de verano del 2005. ¿Seguro que fue el verano de 2005? ¿Seguro que fue alguna vez? No sería la primera vez que comemos la fruta que nos tiran esos insectos de polvo y sangre laziana... Débiles pero cálidos aplausos. No me merezco ni eso.
BO-BO-BO-BONUS TRACK:
—Soy una verga, loco. Primero el torneo de fútbol y el gol pelotudo que me hicieron, después... ese viernes que pintaba para genial pero terminó de nuevo en caminatas sin rumbo y ganas de dejarme caer en plena calle para lubricar mis ojos en extasiante y petulante falsa tranquilidad. No, mejor no. Muy complicado, muy confuso. Eh.. ¡Y ahora esto! No puedo ser tan verga.
—Uy no...
—¿Cómo "uy no"? Que, ¿sabés algo más?
—Sí, bueno...
—¿Algo malo?
—Para vos sería... Te lo tomarías mal.
—¿Qué soy un aparato?
—No, no. No es eso.
—¿Es sobre el cuento?
—No tiene nada que ver con el cuento.
—¿Qué es entonces?
—Pero acá no. Te vas a poner mal.
—Dale, no pasa nada. Necesito saberlo, de hecho.
—Bueno, cuando estaba--- [fragmento suprimido a petición indirecta de un tercero y promesa de un primero].
—Pero ¿cómo [fragmento suprimido].
—Fue algo así como [fragmento suprimido].
—Bueno, oficialmente no tengo más por [fragmento suprimido].
—¡Da! No digás pelotudeces.
—Jajaja.
—Ya sabía que te ibas a poner así.
—Soy todo un profesional, acá me voy a comportar. No, la puta madre... falta media hora. Bueno, me voy rápido a casa, busco [fragmento suprimido] y [fragmento suprimido].
—No digás boludeces.
—Estoy bien pelotudín.
—Menos mal que "no me importa más".
—Sí bueno, digo cada gilada últimamente. Creí que no me importaba más. La puta madre... Ya está.
—¡Salí! ¡dame!
—Pasarelas, pasarelas, ejem, pasarelas.
—Ay, jaja.
—Bueno, como decía. Atada a las dos crestas con cuerdas, cadenas y pasarelas... Ehh... ¿Qué? ¿por qué te reís? Mi cabeza no rodará hoy.
—No, nada.
—Ehh, sí. Bueno. Cuidado de no pisar, pisar de no cuidado, caca de pisar, madera de incesto, leviathán. Se camina sobre los traveseños de madera... Cuidando de no pisar, no, cuidando de. Cuidando de no poner el pie entre los espacios que quedan... Ehh... No, es que me quedé mirando allá. Perdón. Sí. Ehhh.... uy, no. Esperen.
—¡No lo sabe!
—Cagué. ¡Sí lo sé che! Un momento, lo voy a consultar con la pared. Boludo estratosférico. No puedo ser tan paja, que verrrrrga.
—¡Jajaja! ¡jajaja!¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja!
—Bueno, al menos se ríen. Incluso ella. Mirar no quiero. ¡Bien! Ya lo consulté con mi amigo calvino. Me dijo que además de tener cuidado de poner el pie en los espacios que quedan, ¡se aferra uno a los bordes de caña! Qué esssstúpido, por dio'. Ya todo el mundo sabe lo que es un borde de caña, gracias.
—Contalo de una, Fer.
—Sí Fer, contalo de una puta vez. No pavees más que se va a enojar. La gracia ya pasó, hay un cuento que quiere ser contado. Essstúpido. Bueno. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros; pasa alguna nube La seriedad azota su rostro: la re cagué, se entrevé más abajo, el fondo del precipicio. Mirá sus caras de aburrimiento. Joel tocando la guitarra de fondo, Tadeo detrás mío... los defraudé. "-Es que estoy seguro que los actores estudian sus papeles con días de anticipación" "-Tadeo, no; si no puedo aprenderme dos párrafos, no sirvo para el teatro" Cierto, no servís. Ésta es la base de la ciudad: ¡tan sólo mira como bostezan! una red que sirve... ------... de... Qué essstúpido, por dio'. Me quiero matarrrrr, ¡no puedo ser tan pajero! ¡Chabón, noooo! ehhh... de pasaje y de sostén. ¡VAMOS CARAJO! ¡VAMOS TODAVÍA! Todo lo demás Suspiró. Acaba de suspirar. Siento sus ojos clavados. Y lógico, pelotudo, sos el pelotudo máximo que cuenta el cuento, ¿qué esperabas?, en vez de elevarse encima, cuelgan hacia abajo; Sos un genio, te amo. Ésta es fácil, despreocupate. escalas de cuerda, hamacas, casas hechas en forma de saco... percheros, terrazas como navecillas... ehhh.... ¡Nooooooooooooooooooooooo! ¡Noooooooooooooooo! ¡Sos un hijo de puta! Oh... ¿Los mirás a ellos como queriendo disculparte de tu soberbia inutilidad para contar dos simples párrafos? Patético. Bueno. ¡Es que es este lugar que me pone mal!, me encapsulo con ustedes ¿"Me encapsulo"? Listo, me voy a la mierda. ¡No sé que me pasa! Por más que mire al techo no puedo salir volando. Quiero que las palabras acudan a mí. Esssstúpido.
—El profe Fer, insistió en leerlo de memoria.
—Disculpenlo. Es muy pelotudo, pobrecito. ¡No! La profe hace gestos de muerte cual público de combates entre gladiadores. Es que lo sé. Esperen.
—Ya está, Fer. Leelo.
—¿La escuchaste? Oficialmente la cagaste. Dale. Essstúpido. Como te desprecio. Imaginate lo que debe estar pensando ahora. Algo así como: que aparato que es este chico; nos cagó el taller del día de la fecha. Nunca más lo pongo a leer. "-Lo aprendí de memoria" "-¿En serio?" "Mirá esos ojos saltones que puso. De verdad fue una buena idea, casi como si me la fuera a decir" "-Sí" "-buenísimo chabónnn" Momento, ella no utiliza los términos de buenísimo y chabón, eso es impropio de ella. Pará, el buenísimo creo que sí lo utiliza... ¿qué dijo 'tonces?... Che pelotudo, terminate de leer el cuento. ¿Qué carajo dice acá...? ¡Claro! ¡¡¡Odres de agua!!!, picos de gas, asadores... Deja de hacer muecas de extrañez boludo, sí, son asadores ¿y qué? Cartas de papel, cargas, matafuegos, pilchas, terrazas, no, ya lo dije; ehhh la puta madre, ¡que castigo! ¡estoy bloqueado! ¡Soy una verga! Ehhh... Má se... "no hace falta que todo este en estricto orden" Gracias Tadeo hijo de puta. Te amo. Picas de madera ¿qué?, Lámparas, teléfericos, cestos, canastas jaja, que forro que sos, eso ni siquiera está en el cuento, montacargas, anillas y trapecios... para juegos... ehhh, macetas de, con plantas de follaje.. colgante. Ufff, que pesadilla... Dale habla pelotudo. Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Orcrellia, es menos incierta que en las otras ciudades... Sabes que la red no sostiene más que eso. Pequeña reverencia al ultra pedo porque fue todo una mierda. Nadie aplaude porque sinceramente ni vos entendiste lo que acabas de ¿narrar? Fin de esta narración caótica y... estrambótica Sos impresionante flaco, no parás de hablar pelotudeces por dos segundos "yo me exasperaría al estar UN solo día con vos..." Verdad que sí, ¿no? Aceptalo, incluso para el ser más amoroso y tranquilo de este pedigüeño mundo, le saciás la paciencia y el afecto para depositarlo en profundos tachos de aparatez humana de verano del 2005. ¿Seguro que fue el verano de 2005? ¿Seguro que fue alguna vez? No sería la primera vez que comemos la fruta que nos tiran esos insectos de polvo y sangre laziana... Débiles pero cálidos aplausos. No me merezco ni eso.
BO-BO-BO-BONUS TRACK:
—Soy una verga, loco. Primero el torneo de fútbol y el gol pelotudo que me hicieron, después... ese viernes que pintaba para genial pero terminó de nuevo en caminatas sin rumbo y ganas de dejarme caer en plena calle para lubricar mis ojos en extasiante y petulante falsa tranquilidad. No, mejor no. Muy complicado, muy confuso. Eh.. ¡Y ahora esto! No puedo ser tan verga.
—Uy no...
—¿Cómo "uy no"? Que, ¿sabés algo más?
—Sí, bueno...
—¿Algo malo?
—Para vos sería... Te lo tomarías mal.
—¿Qué soy un aparato?
—No, no. No es eso.
—¿Es sobre el cuento?
—No tiene nada que ver con el cuento.
—¿Qué es entonces?
—Pero acá no. Te vas a poner mal.
—Dale, no pasa nada. Necesito saberlo, de hecho.
—Bueno, cuando estaba--- [fragmento suprimido a petición indirecta de un tercero y promesa de un primero].
—Pero ¿cómo [fragmento suprimido].
—Fue algo así como [fragmento suprimido].
—Bueno, oficialmente no tengo más por [fragmento suprimido].
—¡Da! No digás pelotudeces.
—Jajaja.
—Ya sabía que te ibas a poner así.
—Soy todo un profesional, acá me voy a comportar. No, la puta madre... falta media hora. Bueno, me voy rápido a casa, busco [fragmento suprimido] y [fragmento suprimido].
—No digás boludeces.
—Estoy bien pelotudín.
—Menos mal que "no me importa más".
—Sí bueno, digo cada gilada últimamente. Creí que no me importaba más. La puta madre... Ya está.
APARENTEMENTE 1 HORA DESPUÉS...
Media hora sintiendo las vibraciones pasar y mover, mirando el agua peinar el cemento, mezclando sales acuosas en impuras aguas, buscando valor y cobardía en dar un pequeño salto sobre aceros de verdes disfraces de sol y noche, pensando en que quiero acostarme en mi cama, en la cama de cualquiera, robar camas, refregarme almohadones por entre las bolas en muestra de desprecio a los calentadores nocturnos, sintiendo impulsos de aire y viento, comprendiendo a Newton y su pionera manzana experimental-ejemplifista, preguntando en pretérito perfecto simple y refunfuñando en pluscuamperfecto.
Y ahora termino escribiendo estas líneas que cumplido su cometido tienen. Soy mi propia salvación; es preciso clonarme...
Y ahora termino escribiendo estas líneas que cumplido su cometido tienen. Soy mi propia salvación; es preciso clonarme...
sábado, 20 de octubre de 2012
La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte IV
Dejada atrás la Exosfera, Xílaker comenzó a maravillarse con la vista que le proporcionaban las cámaras posteriores. Éstas mostraban la Tierra en su forma más natural, ya que las grandes ciudades, siempre tapadas por nubes grises, ocultaban el asqueroso y negligente asentamiento de los hombres.
Se acordó de repente que estaba en el espacio y dio vuelta su mirada para enfocarla en el ventanal de la cabina. Allí estaba, tal y como siempre lo observó a través del Devorador de Estrellas; un fondo negrísimo, al que unas millares de lucecitas trataban sin éxito de iluminar. ¡Cuantas eran! No le bastaría su propia vida para contarlas a todas, ¡y como brillaban esas luciérnagas sin tiempo ni intermitencia! Parecía que si uno trataba de acercarse a tan sólo una de ellas, miles más saldrían a su encuentro, desbordando los ojos y los sentidos. Algunas estaban agrupadas de formas tales para formar bellos dibujos de líneas. Xílaker recordó el nombre de "constelaciones" y todo lo que había leído allá en la Tierra, pero nunca había tenido la oportunidad de ver una con sus propios ojos. La Tierra estaba cubierta en un 26% de urbes y metrópolis, dejando tan sólo un 4% de naturaleza libre y parcialmente descontaminada, si tenemos en cuenta que el 70% restante eran mares. Si la "contaminación lumínica" había sido el principal enemigo de los llamados "Telescopistas Año 2000", el efecto invernadero, la constante emisión de óxidos de azufre y nitrógeno hacia la atmósfera, multitud de deshechos radioactivos a la vuelta de la esquina en las grandes ciudades, en ríos y en el aire, entre otras calamidades ambientales, serían definitivamente el terror de los "Telescopistas del Tercer Milenio". No por nada eran comunes las ligeras lloviznas ácidas en invierno y las vorágines tormentas de verano. El hombre había destruido el cielo y ahora un ambiente teñido por el gris de nubes enfermas, cubría estático las hostiles ciudades, atestadas de lo peor que se podría encontrar en el más fiero pozo de vileza e inmundicia. Esto por supuesto la dejaba muy difícil para todo aquel que, curioso por saber y atestiguar, intentara mirar más allá de la capa de amargura al que había sido sometido como resultado preponderante de desorbitantes contratos financieros y efímeros apretones de manos entre hombres de traje y corbata, que poco o nada les importaba la mierda que dejaran detrás suyo al limpiarse el culo con el cuello de la gente que acostumbraban a pisotear como repugnantes cucarachas de feria. Xílaker veía por primera vez en su lastimosa vida, lo que antes no distinguía con entera claridad.
—Hermosas, ¿no es así?
Una voz femenina y sumamente relajada le hablaba desde todas partes.
—Soy Michelle, ¿tú quién eres intruso? No tengo constancia de tu presencia en la X-789b. Deberé hablar con el amo Mehel y en caso de que él tampoco te registre, procederé a la medida preventiva y terminante de facto.
—La cual es...
—Tu inmediata y exclusiva expulsión del vehículo en conflicto. Lo que acorde a mis cálculos devendrá en tu eventual y explosiva muerte al ser internado en el vacío del frío espacio exterior.
—¡No, no, no, no! ¡Pará un poco loca de mierda! Yo soy Xílaker Kubromer, hijo de Jesbek Kubromer, amigo de tu... "amo", Limd Mehel. Tu mismo "amo" fue el que me proporcionó esta nave.
—Lo siento muchachín, pareces buen chico, pero mientras me insultabas y desvariabas historias de sangre, estuve comunicándome vía ondística con el amo Mehel y me ha dicho en tono muy educado y señoral que en su puta vida había escuchado tales tonterías, y que te mande de su parte de una patada en el culo de vuelta a casa.
—¡¿Qué?! ¡Eso es imposible! ¡Si acabo de dejar la Tierra, de despedirme de Limd! ¡Estoy diciendo la verdad!
—Creo recordar que te informé acerca del destino que se les reserva a los mentirosos en esta nave...
—¡Nunca hablaste nada de mentirosos, máquina del demonio!
—Es lo mismo. Terminarás con el culo helado y el dedo grande como chupón de bebé. ¿Unas últimas palabras antes de despedirte de este mundo, polizón inoperante?
—¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO! ¡¡¡LA PUTA MADRE!!! ¡NO PODÉS EXPULSARME AL ESPACIO! ¡ES TODO UN ERROR, UNA PUTA CONFUSIÓN!
"Michelle" no respondió. En su lugar comenzó a sonar la versión netamente instrumental de "Amazing Grace" de John Newton, lo cual desesperó todavía mucho peor a Xílaker quien no podía distinguir entre la incredulidad, la impotencia y la ira como su estado emocional predominante en esos momentos.
Xílaker se pusó a llorar desconsolado, mientras esperaba casi atónito su inminente final. ¿Quién lo pensaría?, toda una vida truncada al final por una I.A asesina y quizá también defectuosa, por que no.
—Ja-ja-ja-ja-ja —con el tono relajado y computadorizado de siempre—, patético, señor Xílaker, patético.
Xílaker no podía salir del asombro y entonces la hermosa figura de una mujer de colores brillantes y difusos se materializó frente suyo.
Se acordó de repente que estaba en el espacio y dio vuelta su mirada para enfocarla en el ventanal de la cabina. Allí estaba, tal y como siempre lo observó a través del Devorador de Estrellas; un fondo negrísimo, al que unas millares de lucecitas trataban sin éxito de iluminar. ¡Cuantas eran! No le bastaría su propia vida para contarlas a todas, ¡y como brillaban esas luciérnagas sin tiempo ni intermitencia! Parecía que si uno trataba de acercarse a tan sólo una de ellas, miles más saldrían a su encuentro, desbordando los ojos y los sentidos. Algunas estaban agrupadas de formas tales para formar bellos dibujos de líneas. Xílaker recordó el nombre de "constelaciones" y todo lo que había leído allá en la Tierra, pero nunca había tenido la oportunidad de ver una con sus propios ojos. La Tierra estaba cubierta en un 26% de urbes y metrópolis, dejando tan sólo un 4% de naturaleza libre y parcialmente descontaminada, si tenemos en cuenta que el 70% restante eran mares. Si la "contaminación lumínica" había sido el principal enemigo de los llamados "Telescopistas Año 2000", el efecto invernadero, la constante emisión de óxidos de azufre y nitrógeno hacia la atmósfera, multitud de deshechos radioactivos a la vuelta de la esquina en las grandes ciudades, en ríos y en el aire, entre otras calamidades ambientales, serían definitivamente el terror de los "Telescopistas del Tercer Milenio". No por nada eran comunes las ligeras lloviznas ácidas en invierno y las vorágines tormentas de verano. El hombre había destruido el cielo y ahora un ambiente teñido por el gris de nubes enfermas, cubría estático las hostiles ciudades, atestadas de lo peor que se podría encontrar en el más fiero pozo de vileza e inmundicia. Esto por supuesto la dejaba muy difícil para todo aquel que, curioso por saber y atestiguar, intentara mirar más allá de la capa de amargura al que había sido sometido como resultado preponderante de desorbitantes contratos financieros y efímeros apretones de manos entre hombres de traje y corbata, que poco o nada les importaba la mierda que dejaran detrás suyo al limpiarse el culo con el cuello de la gente que acostumbraban a pisotear como repugnantes cucarachas de feria. Xílaker veía por primera vez en su lastimosa vida, lo que antes no distinguía con entera claridad.
—Hermosas, ¿no es así?
Una voz femenina y sumamente relajada le hablaba desde todas partes.
—Soy Michelle, ¿tú quién eres intruso? No tengo constancia de tu presencia en la X-789b. Deberé hablar con el amo Mehel y en caso de que él tampoco te registre, procederé a la medida preventiva y terminante de facto.
—La cual es...
—Tu inmediata y exclusiva expulsión del vehículo en conflicto. Lo que acorde a mis cálculos devendrá en tu eventual y explosiva muerte al ser internado en el vacío del frío espacio exterior.
—¡No, no, no, no! ¡Pará un poco loca de mierda! Yo soy Xílaker Kubromer, hijo de Jesbek Kubromer, amigo de tu... "amo", Limd Mehel. Tu mismo "amo" fue el que me proporcionó esta nave.
—Lo siento muchachín, pareces buen chico, pero mientras me insultabas y desvariabas historias de sangre, estuve comunicándome vía ondística con el amo Mehel y me ha dicho en tono muy educado y señoral que en su puta vida había escuchado tales tonterías, y que te mande de su parte de una patada en el culo de vuelta a casa.
—¡¿Qué?! ¡Eso es imposible! ¡Si acabo de dejar la Tierra, de despedirme de Limd! ¡Estoy diciendo la verdad!
—Creo recordar que te informé acerca del destino que se les reserva a los mentirosos en esta nave...
—¡Nunca hablaste nada de mentirosos, máquina del demonio!
—Es lo mismo. Terminarás con el culo helado y el dedo grande como chupón de bebé. ¿Unas últimas palabras antes de despedirte de este mundo, polizón inoperante?
—¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO! ¡¡¡LA PUTA MADRE!!! ¡NO PODÉS EXPULSARME AL ESPACIO! ¡ES TODO UN ERROR, UNA PUTA CONFUSIÓN!
"Michelle" no respondió. En su lugar comenzó a sonar la versión netamente instrumental de "Amazing Grace" de John Newton, lo cual desesperó todavía mucho peor a Xílaker quien no podía distinguir entre la incredulidad, la impotencia y la ira como su estado emocional predominante en esos momentos.
Xílaker se pusó a llorar desconsolado, mientras esperaba casi atónito su inminente final. ¿Quién lo pensaría?, toda una vida truncada al final por una I.A asesina y quizá también defectuosa, por que no.
—Ja-ja-ja-ja-ja —con el tono relajado y computadorizado de siempre—, patético, señor Xílaker, patético.
Xílaker no podía salir del asombro y entonces la hermosa figura de una mujer de colores brillantes y difusos se materializó frente suyo.
Continuará cuando consiga más producto de maíz y trigo...
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