No, no tengo razón de seguir. Me encuentro en esa situación donde no puedo hallar la puerta dentro de esta sofocante habitación. Donde me arrincono en los rincones de sucias telarañas, y polvillo de pintura y látex descompuesto. Cuando el techo se hace pequeño y descolorido y mi transpirada camiseta me sirve de refugio anti fuerza y anti natural. Es entonces que mis cabellos no distinguen la humorada del caótico aumento de calor, sudor y peste. Inmundicia en las calles de la ciudad, y no puedo nadar a través de todo este mar de mí. Descompuesto en olores y sintonías que no logro callar, no logro husmear porque no logro salir, y quiero salir, pero no tengo razón para seguir.
¿Para qué dormir hoy? ¿Para qué seguir de pie por lo que resta del día? Mañana no pasará nada, ni el martes, ni el miércoles ni el día que le siga, ni la próxima semana. Varado para siempre, o al menos por una tremenda eternidad que me promente, ha de acabarse algun día, pero me doy cuenta que la cambio por una prisión de oscura apacibilidad. Es por la cantidad de tareas, y el tiempo que no tengo, que me pongo contento y creo ser lleno de algo que no sé si alguna vez fue vida. Y miro para atrás, y me veo haciendo lo mismo dos segundos antes, dando vueltas por la única habitación donde soy rey y verdugo de mi propio camino de rosas y espinas. ¿Qué me impulsa a seguir? ¿Cobardía? ¿inercia? ¿esperanza? ¿pereza? Al fin y al cabo no sigo, me quedo en el mismo lugar, en la misma situación y no encuentro la salida de esta habitación. Ni en los sueños más lúgubres donde hallo la diversión y la sorpresa de seguir sorprendiéndome por mis propios medios. Ni siquiera cuando escribo descargando cualquier cosa que necesite ser descargada. Tampoco al mancharme las manos de tinta al tratar de escribir todo lo que pueda contener mi demacrado cuaderno de hojas arrugadas y marcas de horror.
Hoy me dolía la oreja a las 5 y 20 de la madrugada. Puede ser la radio, puede ser la madera del sillón. Escribía y escribía y temía mirar el reloj que marcaba el amanecer y la salida de un estrepitoso sol. ¡Mucha risa por aquí y ninguna es para mí! Inmerso en la desesperación de encontrar algo, a alguien, quien sea. El viento que no soplaba y aun así se las arreglaba para pasar por la puerta de mosquitero. Las gotas que caían por la frente y se depositaban toscamente en el papel tinteado en azul insulso. Los ojos llorosos a causa del sueño, la radio, el sillón de madera, la madrugada, la esperanza, los sueños, el reloj de arena, de aguja, el sol que salía a molestar una noche que perfecta le venía al cuantioso ser que llevo dentro, que mira y mira y juzga en silencio cada acto que no logro concebir. Se burla, se ríe, habla a mis espaldas, en voz alta para que pueda escucharlo bien. Me pone mal, le gusta, le encanta, así me prefiere, listo para atacar quien no tenga una pluma de tonto o de genio intelectual. Cualquiera que se preste para la metódica situación, para cualquier charla en retrospectiva que parece fruncir los ceños de los desposeídos de toda práctica evolutiva. El queso que sabe mal, y la panza que a punto de estallar sonroja a los hambrientos y a los sedientos.
Harto, harto de mirar mi reflejo donde no existo. En lugares sin espejos, sin agua y sin vidrio. Sin efecto doppler, sin resonancias magnéticas, ni campos de fresa aullando por ahí, con los pastores ansiosos de devorar sus propias ovejas y malnacidos anidando en cuevas de mala muerte. Soy mejor que ellos, de alguna forma lo sé, pero termino siempre de la misma forma, en el mismo lugar, preguntándome las mismas cosas una y otra vez. Obteniendo la respuesta que me gusta oír pero sé en el fondo, no es verdad. La verborragia, la soberbia, la sinceridad, nada de éso y todo a la vez. Escribir y escribir. Estudiaré para seguir escribiendo y no sé porque lo haría si no fuera para otra cosa. Yendo a todos lados con un sobretodo negro de mangas gigantescas y pesadas hombreras.
Quiero hablar, quiero gritar, quiero cantarle a la luna pero las estrellas me miran de formas prejuiciosas. Quiero saltar, volar pero sé que caeré en el abismo de la nada, a la boca de una bestia sin nombre ni imagen. Que aguarda en las formas mas tenebrosas que mi corazón aborrece. Maldito hasta los huesos calados y las marionetas que riman en vocales y consonantes fuera de este mundo. En legüajes universales y en antesalas llenas de cantantes de floclore, recitando la misma pieza triste de música a todo vapor. Mirando de reojo a la persona que tienen al lado y deseando de forma pareja a la del frente, al tiempo que guardan todo tipo de fechorías y esperpentos a la persona que esté a punto de cruzar la puerta que con tanto trabajo pudieron forzar en su cerradura descompuesta y oxidada.
Cansado de hablar solo, con las paredes, con el espejo, con los parlantes, con los auriculares a todo volumen. Cansado de escupir a cada lado de mi cara, de un rostro amarillo y lleno de filosas cantidades de pudor sin sentido, de vergüenza desganada. ¿Para qué callar lo que queremos gritar a los cuatro vientos? ¿Por qué ocultar lo que el corazón muele a pulsos? ¿Por qué aparentar firmeza, dureza y estupidez al ver lo más glorioso que este mundo guarda para los afortunados? Cuando está ahí, en las manos y se escapa tembloroso y asustado de ver tanto tiempo la misma imagen borrosa y estática que parece decir "no te quiero". Desear, desear más que todo en el mundo. Sinsentidos que guardan recelos y anhelos hechos aluminio, metal poroso y desnutrido. Sin magnetismo, hecho para quedar en el olvido. Débil y obstinado. Fuera de toda calma y viento favorable.
¡¿Por qué?! Me pregunto. ¿Por qué escribir tanto? ¿Es acaso una forma de declaranos quebrados por todos lados? ¿Ésto sirve de algo? En el momento me siento triangulado en simpleza y tranquilidad, un poco de amarga esperanza pero estaré bien hasta la próxima vez, cuando decida estallar de nuevo. No creo soportarlo un segundo más y aun así salgo impune de cualquier crimen cometido contra mía, contra mi cuerpo, contra mi piel. Quedando como una anécdota marcada por meses y meses de angustiosa necesidad de reír y experimentar algo más que la visita de un amigo que hace mucho no vemos, o algún pelotazo al vacío que nos indique que oír, que explorar o que olvidar.
Y sí, no me importa nada de lo que puede suceder de ahora en más. Y si tengo la urgente necesidad de no parecer un maníaco, espero tampoco que inhiba mi imperante necesidad de decir que vos, hija de algún fletero, te has convertido en alguien a quien quiero hablarle con extremo deseo. Y no sé que querré hablar, tan sólo éso, hablar. Hablar con un ser humano. Llegando al punto de la humillación y la locura de nombrarte y vulnerando toda ímpetu que estúpidamente trataba de aparentar mi corazón. No quiero sutilezas ni indiferencias, ya no, de mi parte nunca más, con nadie más. Quiero saber, y quiero hablar, y quiero reír y quiero conocer para luego bailar y cantar hasta la siguiente vuelta de tuerca en mi cerebro que no para de desparramar ideas por un piso en estropajo limpio y derecho. Desangrando a todos lo que tratan de barrerlas. No.
Seco, seco, mucho mejor. Mejor que hace 10 minutos.
Estoy tomando mate. Esta fletera está intentando responder a tantos tantos (paciencia). ¿Alguna vez comiste quinoa? Parece que lo que escribo te ha decidido vomitar algo interesante (la estoy mezclando con arroz, cebolla de verdeo y un huevo y tengo que hacer como 15).
ResponderEliminarParece también que hay cosas que hago a propósito, no es mi intención, parece que sí, no importa. Hay muchas cosas de las que se pueden hablar. Sería un gusto. Mañana, pasado, cualquier día menos los días ocupados de la agenda espontaneidad serían propicios. El lugar se hace difícil de elegir y se termina eligiendo uno primitivo de inercia. El tiempo también, aunque a veces es impuntual. No importa.
Escribir, hablar, molestar, sentir, olvidar, soñar, no importa.
Puedo decir muchas cosas ahora, las voy a decir inhóspitas, y me importa, porque concedo de poco tiempo, entonces lo dejamos para el tiempo real y no de esta puta mierda electrónica.
Es importante esto también de la verdad, lo tengo enteramente en cuenta, está bien recibida, como debe ser toda verdad.
Saludos
Ah, y no demoremos, porque en la brevedad de una semana desapareceré y moriré.
ResponderEliminarJueves. El lugar y el horario me tiene sin reparo; ahí estaré.
ResponderEliminarSin embargo, he de aclarar, soy un pelotudo.
Saludos de los más, convencionales.
qué difícil elegir un día para el que falta tanto
ResponderEliminartodo bien
haré lo posible
sobre todo porque el día antes es el fin del mundo
salud
Coincidencia quizás, que dos minutos después prenda mi computadora y visite mi blog en busca de alguna contestación y allí estés.
ResponderEliminar¿Acaso tenías planeada una especie de previa en pos del fin del mundo? Si es así, no es mi intención avasallarla. Sino, tan sólo faltaría de tu parte un lugar y un horario que si preferís, podrías darme a conocerlos mediante otros medios.
Saludos igualmente.