No soy de salir, y mucho menos, de salir de noche. Hoy tenía que moverme de casa, ir hasta el cyber más cercano e imprimir unas cosas del colegio. Estuve escribiendo hasta último momento estas cosas del colegio, y por eso mismo yo pensaba que quizá el cyber no estaría abierto al momento que yo pudiera ir finalmente. Terminé yendo como a las 9:30 de la noche, y, en invierno, a esa hora la actividad en las calles (por lo menos en mi barrio) es fantasmal tanto en aspectos lumínicos como sonoros; en otras palabras, es hermosa y perfecta. ¡Que emoción! Mi vida no dispone de muchas emociones en su quehacer diario, por lo que esta caminata nocturna me era de lo más grata en tantos aspectos que nombrarlos a todos, haría en mí, grandes delicias nostálgicas (sí, puedo sentir nostalgia de cosas que pasaron hace minutos).
Busqué en mi billetera unos $30, me abrigué con mi pulover (o pullover) marroncito preferido (pero que pica, pica), me puse mi gorrito, la posterior capucha, la mochila a cuestas y finalmente me calzé los guantes (obviamente tenía ya los pantalones puestos, por lo que obviaremos esa parte). Ya estaba listo para mi gran aventura: me adentraría en la ferosidad de una noche fría e inundada de oscuridad y silencio, en camino al otro extremo del mundo (apenas 5 cuadras), donde se encontraba mi meta, el cyber.
-¡Papá! Me voy al cyber, a imprimir unas cosas.
-Bueno.
Aunque admito que esperaba algo más de efusividad en la respuesta de mi venerable padre, mi corazón seguía latiendo descontrolado en un vano intento de romperme y escapar de su prisión de calcio. Después de todo, para mí era algo fuera de mi día a día. Lo único parecido a todo esto que sentía, fue cuando esta misma tarde, cuando me dirigía a la panadería (no tan emocionante la verdad), me topé con dos individuas de mi colegio, pero de distinta sección. Me di cuenta y ellas también, porque los tres traíamos puestos las camperas características de último año de curso. Mi sorpresa fue tal, que no pude controlar la abertura de mi boca en gesto de inminente saludo amistoso. Algo así como un ¡hola!, pero no tan amistoso como parecen mostrarlo los signos de exclamación. Sin embargo, en ese momento pensé mientras las miraba pasar frente mío, que no las conocía tanto como para saludarlas con total confianza. ¿Por qué debería saludarlas ahora, si en el colegio no lo hago nunca? Cerré la boca casi al instante para luego por supuesto desviar la mirada; y aunque ellas se mostraron algo curiosas al notar mi presencia, tampoco hicieron nada. ¿Qué raro, no? Ver alguien del colegio, fuera de las inmediaciones de éste, al menos para mí. Es como si su lugar de existencia fuera sólo y nada más que el colegio, que no tienen vida más allá de éste, y verlos siquiera caminando por la calle es tomado como una rareza por mis ojos.
Me fascina el frío, sentir frío, temblar, la sensación de sueño que provoca, el viento helado en mis mejillas calientes por naturaleza; es bello el frío, más bello que, probablemente, tu cara (y la mía por supuesto). Cuando puse los pies en la calle, miré en las dos direcciones de la calle que tenía al frente; nada de autos, nada de humanos; solo y feliz conmigo y la noche que me acompañaba. Cerré la puerta con mi super llave (tiene un llavero violeta, ojo) y empecé a caminar de mil formas, todas de gran regocijo personal. Vamos al cyber, con esta canción que dice así... Por supuesto que ir caminando por la calle, solo, es motivo más que suficiente para cantar lo que se me venga a la mente (lamentablemente, sólo se me venía a la mente "soy patinador, y soy diminuto y en un acto de la CGT...").
No pasó mucho tiempo hasta que unas desconocidas que venían detrás mío, comenzaron a emitir el sonido que se produce al unir los labios superior e inferior para luego chupar lo suficientemente fuerte como para que se separen violentamente, dando como resultado lo que fonéticamente hablando sería un "beso al aire" (término inventado y acuñado por mí). Por unos momentos fui testigo en carne propia, del continuo acoso que sufren las féminas al momento de caminar por la calle y pasar frente a una obra en construcción repleta de albañiles sedientos del primer pedazo de carne andante que pase por sus narices. No me gusta decepcionar a la gente en general (recordemos la oscuridad de la noche, mi gorro y mi capucha), por lo que por las cuadras que siguieron hasta llegar al cyber, no me di vuelta para descubrir mi rostro y mostrarles a esas pobres chicas, el escabroso error que estaban cometiendo... Me límite a reírme.
Finalmente llegué al tan ansiado cyber, hice lo que debía hacer, intercambié alguna que otra jocosa habladuría con el dueño y me retiré en dirección a mi rica casita.
-¿Querés una bolsa para eso?
-No, traje la mochila. En realidad llevo la mochila a todos lados, es como un complemento.
Saliendo de tan amistoso local, emprendí mi decorosa y lenta marcha, regreso al cuartel general de Nor Malidad, hojas impresas en mano (es un decir, ya estaban dentro de mi mochila para ese entonces). Cruzando la calle, veo venir un colectivo a mis espaldas, en la calle de mi costado derecho. Llego a la esquina, me pongo en posición de 100 metros llanos, y espero que el colectivo se acerque lo suficiente para... ¡¡¡correr!!! ¡Síiiiii! ¡Le estaba jugando una "carrerita" al colectivo! Y no quiero sonar arrogante, pero por momentos estuve a su misma velocidad. La gente del colectivo no podía creer lo que veía por las ventanillas; creo que algunas se asustaron porque pensaron que yo perseguía a algún pasajero allí presente, y lo cierto es que daba toda la sensación de ser precisamente esa la razón de mi carrera desenfrenada: no paraba de mirar a los pasajeros con cara de "¡alto! ¡en nombre de la ley!" o "¡alto! todos morirán". Lo cierto es que la carrera no duró ni 50 metros, porque el colectivero pisó a fondo y se perdió en la soledad de una calle que se extendía por una subida. La sensación de satisfacción que había tenido, no tenía precedentes de tipo recientes ni contextuales; son de esas cosas que uno hace cuando nadie mira y es lo que hice: aprovecharme de la noche para cubrir mis actos de barbarie idiotizada. Me siento tan vivo y feliz (¡y es noticia señores!) que creo seriamente en comenzar a ser así, no sólo en la noche, donde nadie mira y nadie dice, sino en la luminosidad del día, donde todos miran, todos hablan, y todos pegan... pero no me importa, nunca debió importarme desde un principio a decir verdad...
-¡Me pasaron tantas cosas emocionantes hoy! ¡Corrí a la par de un colectivo! Es todo.
-¿Y por qué hiciste eso?
-Porque la gente del colectivo me desafió y entonces yo los desafié más feo todavía, y todos nos terminamos desafiando en un mar de desafíos.
martes, 31 de julio de 2012
miércoles, 25 de julio de 2012
Alejandro
Estoy tan alegre de tener un hijo. Cuando mi mujer me comunicó la
noticia de que estaba embarazada, no pude evitar soltar cantos de
alegría. Naturalmente ella pensó que mi alegría residía en la esperada y
muy anunciada formación de una familia. Que cada vez que viéramos a
nuestro pequeño o pequeña luchadora, veríamos en sus ojos el fruto
resumido de todo nuestro amor a lo largo de los años. Todos esos sueños
que creíamos difusos por lo lejano que estos se encontraban, ahora eran
tan claros y concretos como el reflejo de un espejo mojado. Pero las
razones eran otras por supuesto, yo en realidad estaba emocionado porque
no paraba de pensar, de imaginar lo que este futuro niño haría con su
vida. Y si lo que haría, resultaría en algún beneficio monetario para mi
persona. Siempre fui un inútil en lo que a dinero se refiere; lo mejor
que hice en esta vida fue enamorar a Marcela. Esta bella mujer no hacía
sino expulsar todos esos pensamientos negativos que yo tenía sobre
mí. Sinceramente, hasta el día de hoy, no sé que corno me habrá visto.
Pasaron los años, y Alejandro se volvió mi rey. Aún tiene 4 años, pero
ya veo en él, los hábitos de todo un emperador satisfecho con la vida que
le ha tocado. Sus rasgos despreocupados sólo pueden significar una
cosa: un rockstar. ¡Eso sería fabuloso! Sería el mejor músico de rock
que este planeta haya visto y saboreado. Sus canciones quedarán para la
posteridad y se escucharán en cada rincón del globo. Tendrá tantos
seguidores que llegará a cantar la misma canción en más de 20 idiomas,
incluyendo el hebreo. ¡Imaginen a Alejandrito cantando en hebreo! El
abuelo estaría orgulloso si lo pudiera escuchar... pero bueno, un viejo
sordo no va a arruinar este lindo sueño. ¡Estoy tan emocionado! Mañana
le compro una guitarra eléctrica para que empiece a componer las más erizantes y delirantes canciones de rock que puedan esconderse en esa cabeza ya
de por si rockera.
No le gustó la guitarra. La mira con un
desdén arbitrario, ni siquiera me ha dado las "gracias" por el esfuerzo,
y ya sé que todavía no ha aprendido a hablar, pero al menos intentar
decir "gracias" habría bastado, aunque sólo hubiera salido algo
inintelegible y lleno de saliva espumeante. No puedo soportarlo más,
creo que voy a llorar. Encima no deja de poner esa cara de asco hacia
todo... ¡Eso es! ¡No será un futuro rockstar, pero si será un futuro
magnate de sueños rotos!; crítico de danza clásica. Pero no cualquier
crítico de danza clásica, sino el único que lo hará con tanta clase y
estilo. Sólo imaginenlo en sus grandes cabezotas: las pequeñas
aspirantes a bailarinas siendo denegadas al estrellato de la manera más
cruel, burda y desalmada que pueda haber, ¡y todo por el talento innanto de mi
hijo para hacer sentir mal a las personas! Esto es definitivamente un
notición.
Marcela acaba de arruinar mis planes y con ellos, el futuro prominente de Alejandro. ¡Pero que mujer! Hacedora de todo el amor que impera en este hogar, y al mismo tiempo, devastadora de mis bajezas.
-¡Agu-gu-ga-ga!
-¡Ayy, sos tan bonito Ale! Mi bombita de crema. Mi marsupial indefenso. Mi chanchito rosadito y cariñoso. ¡Cuchi-cuchi-cuchi-cuchi!
-¡Marcela, por favor! ¡Pará esta locura sin sentido!
-¿Qué locura decís?
-La locura de destruir el futuro de Alejandro. Es imperativo que crezca en un ambiente hostil para que de grande sea una fiera indomable sin resentimientos, ni perdón ajeno. Alguien con la fortaleza interior necesaria para fulminar cualquier signo de esperanza en la gente que vive del arte, para ser más exactos, de la danza clásica. Es un plan genial, ¿¡Es qué no lo podés ver!?
-Lo único que veo es que sos un tarado. No voy a dejar de mimar a mi bomboncito de chocolate sólo por tus estúpidas ocurrencias.
-¡Y dejá de llamarlo con esos apodos pedorros! Tiene un nombre, y este es Alejandro: "el devastador de sueños".
-Que boludez.
-No pensarías eso una vez que escucharas la musicalización de fondo.
-Está bien. Pará de una buena vez. Ponete las pilas viejo y no jodas con estas cosas. No me hagas enojar... te lo advierto.
-Perdón, perdón, perdón. Por favor piedad; ¡no estalles en ira sobre este pobre plebeyo! Tengo familia: un hijo y una mujer con un carácter de lo más efusivo, carajo... ¡Es una bestia cuando se enoja!
-Que idiota. No entiendo como me podés hacer reír con esas boludeces. Te juro que me siento una boluda alegre cada vez que me río por estas cosas. Ya, en serio, yo no voy a dejar de mimar y achuchar a Alejandro por tus delirios. Buscate otro "futuro", esta vez que no presente conflictos con mi persona. O mejor aún, ¡dejá en paz al chico! Lo vas a frustrar con tantas inducciones.
Que locura dice esta mujer... "Inducciones". ¿Cree que yo estoy instando a Alejandrito a seguir lo que yo quiero? No señora, es lo que yo veo surgir y vivir en Alejandro lo que me mueve para ayudarlo a cumplir esos sueños tan lindos (y tan millonarios). No te preocupes hijo, estaré atento a cada paso que des, a cada pensamiento que tengas, a cada mirada decisiva, a cada... bueno, a cada cosa que te ayude a conformarte en ese hombre talentoso que estoy seguro que serás algún día no muy lejano a este.
Creo que he perdido la cuenta de todos los caminos posibles, rechazados por Alejandro. Sólo me acuerdo de los más significativos, como por ejemplo cuando a los 7 años se descartó la chance de entrar en el mundo de la actuación, porque desde que quedó traumado con un payaso de mierda que estuvo en un cumpleaños, el tipo no quiso saber nada más sobre gente disfrazada ni maquillajes. Estoy seguro que ni "It" podría haberla cagado tanto como aquel payasito de cuarta. O sea, ¿era realmente necesario reírse como maníaco cada dos segundos? Más de una vez el julepe me lo llevé yo...
Marcela acaba de arruinar mis planes y con ellos, el futuro prominente de Alejandro. ¡Pero que mujer! Hacedora de todo el amor que impera en este hogar, y al mismo tiempo, devastadora de mis bajezas.
-¡Agu-gu-ga-ga!
-¡Ayy, sos tan bonito Ale! Mi bombita de crema. Mi marsupial indefenso. Mi chanchito rosadito y cariñoso. ¡Cuchi-cuchi-cuchi-cuchi!
-¡Marcela, por favor! ¡Pará esta locura sin sentido!
-¿Qué locura decís?
-La locura de destruir el futuro de Alejandro. Es imperativo que crezca en un ambiente hostil para que de grande sea una fiera indomable sin resentimientos, ni perdón ajeno. Alguien con la fortaleza interior necesaria para fulminar cualquier signo de esperanza en la gente que vive del arte, para ser más exactos, de la danza clásica. Es un plan genial, ¿¡Es qué no lo podés ver!?
-Lo único que veo es que sos un tarado. No voy a dejar de mimar a mi bomboncito de chocolate sólo por tus estúpidas ocurrencias.
-¡Y dejá de llamarlo con esos apodos pedorros! Tiene un nombre, y este es Alejandro: "el devastador de sueños".
-Que boludez.
-No pensarías eso una vez que escucharas la musicalización de fondo.
-Está bien. Pará de una buena vez. Ponete las pilas viejo y no jodas con estas cosas. No me hagas enojar... te lo advierto.
-Perdón, perdón, perdón. Por favor piedad; ¡no estalles en ira sobre este pobre plebeyo! Tengo familia: un hijo y una mujer con un carácter de lo más efusivo, carajo... ¡Es una bestia cuando se enoja!
-Que idiota. No entiendo como me podés hacer reír con esas boludeces. Te juro que me siento una boluda alegre cada vez que me río por estas cosas. Ya, en serio, yo no voy a dejar de mimar y achuchar a Alejandro por tus delirios. Buscate otro "futuro", esta vez que no presente conflictos con mi persona. O mejor aún, ¡dejá en paz al chico! Lo vas a frustrar con tantas inducciones.
Que locura dice esta mujer... "Inducciones". ¿Cree que yo estoy instando a Alejandrito a seguir lo que yo quiero? No señora, es lo que yo veo surgir y vivir en Alejandro lo que me mueve para ayudarlo a cumplir esos sueños tan lindos (y tan millonarios). No te preocupes hijo, estaré atento a cada paso que des, a cada pensamiento que tengas, a cada mirada decisiva, a cada... bueno, a cada cosa que te ayude a conformarte en ese hombre talentoso que estoy seguro que serás algún día no muy lejano a este.
Creo que he perdido la cuenta de todos los caminos posibles, rechazados por Alejandro. Sólo me acuerdo de los más significativos, como por ejemplo cuando a los 7 años se descartó la chance de entrar en el mundo de la actuación, porque desde que quedó traumado con un payaso de mierda que estuvo en un cumpleaños, el tipo no quiso saber nada más sobre gente disfrazada ni maquillajes. Estoy seguro que ni "It" podría haberla cagado tanto como aquel payasito de cuarta. O sea, ¿era realmente necesario reírse como maníaco cada dos segundos? Más de una vez el julepe me lo llevé yo...
Cuando arrivó a la tierna (y diábolicamente traviesa) edad de 10 años, un nuevo futuro surgió, así como también el inminente y ya esperado (lo que vendría a llamarse costumbre) desenlace prematuro. Esta vez el título de "Doctor" asomaba por ese horizonte enceguecedor y por lo tanto engañoso. ¡Que frustración ver como el futuro "Doctor Alejandro Josua Berizo", volvía en si para volver a ver su propia sangre escapándose de su chorreante nariz, y así volver a perder la conciencia, en un proceso que no distanciaba mucho de dos minutos, entre desmayo y desmayo! No voy a negar que fuera gracioso, si hasta Marcela lo encontraba de lo más "comiquísimo", en palabras suyas. Pero incluso entre tanta risa, anidaba ese creciente temor dentro mío que amenazaba con apoderarse de toda mi nefasta integridad como una planta trepadora, deseosa de corromper y ajustarse a esas paredes rancias y húmedas como las que acostumbran a asolar los castillos de la vieja Inglaterra (o sino también, de la casa de la vieja chusma de al lado que todavía insiste en poner el vaso en la pared para escuchar si hablamos de ella o no; si estamos enterrando un cadáver o no; si estamos en plena pasión sudorosa o no; si estamos vivos o no; y un largo etcétera de posibles escenarios que doña Gutierrez siempre encontrará interesantísimos para ella y sus amigas, igual de rancias e hinchadas). Dicho temor, claramente, tenía que ver con los repentinos fracasos. Pero que no se me entienda mal, yo amo a mi hijo, pero tampoco voy a dejar pasar una oportunidad como esta para explotar a mi pequeño retoño...
Ahora tiene 15 años. Lejos, muy lejos está de aquella imagen de chico puro, inocente, tierno y juguetón que guardaba de él. Se la pasa encerrado en su pieza, toqueteándose la gallina pelada seguramente. Se cree que no me doy cuenta, se cree que acaba de descubrir la paja y contrario a lo que haría la comunidad científica mundial, me refiero claro a compartir con todo el mundo el dichoso hallazgo científico, lo mantiene bajo absoluto secreto y confinamiento en su pieza. ¡Todo el día estrangulando al gusano! Pero bueno, ¿quién soy yo para decir cosa alguna? Guardo recuerdos todavía, de esas "calurosas" tardes invernales debajo de las sábanas. Rita era el nombre de mi musa inspiradora; que tiempos aquellos... Aunque, mejor no hablar mucho de ciertas "chanchadas" que solían ser moneda corriente en mi vida adolescente, y mejor enfocarse en el tema de Alejandro. ¡Cuanto ha crecido este muchacho, por dios! Lo que debería estar siendo su camino a la culminación de su todo esperable soberbio futuro, no es más que un lago pantanoso de aguas turbias y bestias zancudas ahogando todo sueño que estuvo claramente destinado a su persona, pero por alguna razón murió con los pulmones llenos de una viscosidad acuosa y mugrosa. ¡Ay, Alejandro! ¡Te imploro tu perdón por haberte fallado hasta ahora! Lo peor de todo es que ahora de grande, este pibe posee un pensamiento crítico independiente capaz de desintegrar cualquier idea que yo le tire a las brasas, de la forma más simple y humillante.
-¿Arquitecto?
-Una mierda.
-¿Periodista?
-Una mierda.
-¿Abogado?
-Una mierda burocrática.
-¿Deportista?
-Uhmmm, depende. ¿Qué deporte?
- ¡¡¡Bien!!! Bueno, tenés un amplio abanico para elegir: futbolista, basquetbolista, tenista, ciclista, alpinista, voleybolista.... ehh... ¿handballista?
-¿Por qué todos poseen el sufijo "ista"? No me gusta eso, no los hace parecer muy especiales; todos se parecen gramaticalmente, y si se parecen gramaticalmente, no quiero ni imaginarme lo que son.
-Perdón, ¿cómo?
-Nada. Cambié de opinión, es una mierda.
Es simplemente, un ser diabólico. Alejandro, sos la pesadilla que siempre temí soñar en una lúgubre noche sin fin. Si existiera el puesto de trabajo de "Señor de las Tinieblas", estoy seguro que no lo ganarías (te encanta frustrarme), pero en la entrevista llegarías lejos, muy lejos.
23 años y se rasca los huevos como si no fuera a existir el mañana. Que hijo de mil... ¡no!, Marcela no tiene la culpa de semejante huevón. En todo caso todo esto es mi culpa. Desde el punto de vista genético, el chico adoptó los genes de inutilidad por mi parte. De parte de Marcela ganó belleza donde nunca yo la encontré; para eso sí sos bueno lacra, cojer y nada más, total papito y mamita lo pagan todo. ¡Vos deberías estar manteniéndonos en tu hipóteticamente gigantesca mansión, con toda la plata que hipóteticamente habrías ganado si hubieras movido un poco las cachas! Cuando pienso en todo lo que pudo ser... te vuelvo a ver y me pongo a sollozar como un perro debajo de la lluvia. ¡¡¡¿Por qué este castigo?!!! ¡dios! ¡Me hubieses dado una niña!, las minas sí que son vivas. ¿Sabés lo que habría sido una supuesta Margarita, una preciosa Romina, una inteligente Lorena, una descarada Vanesa, incluso una atorrante Sabrina? La verdad es que no podría saberlo, no puedo alternar mi vista de universo alterno a otro. Lo que sí puedo confirmar, es que serían muchísimo más productivas que un Alejandro "me rasco a tres manos" Josua... Momento, momento, momento... ¿"me rasco a tres manos"? Uhmm, no puede ser, quizá si... ¡no, es imposible! Aunque la posibilidad está ahí, habría que ver si Alejandro tiene madera para esto; hay que probarlo, ver que no la caga de nuevo.
-Alejandro, querido.
-¿Que querés? Estoy ocupado.
-Sos perfecto.
-¡Te dije que estoy ocupado, viejo! No jodas.
-Un sueño hecho realidad, eso es lo que sos.
-¿Ehh?
-Nada, ya lo vas a entender.
Ahora tiene 15 años. Lejos, muy lejos está de aquella imagen de chico puro, inocente, tierno y juguetón que guardaba de él. Se la pasa encerrado en su pieza, toqueteándose la gallina pelada seguramente. Se cree que no me doy cuenta, se cree que acaba de descubrir la paja y contrario a lo que haría la comunidad científica mundial, me refiero claro a compartir con todo el mundo el dichoso hallazgo científico, lo mantiene bajo absoluto secreto y confinamiento en su pieza. ¡Todo el día estrangulando al gusano! Pero bueno, ¿quién soy yo para decir cosa alguna? Guardo recuerdos todavía, de esas "calurosas" tardes invernales debajo de las sábanas. Rita era el nombre de mi musa inspiradora; que tiempos aquellos... Aunque, mejor no hablar mucho de ciertas "chanchadas" que solían ser moneda corriente en mi vida adolescente, y mejor enfocarse en el tema de Alejandro. ¡Cuanto ha crecido este muchacho, por dios! Lo que debería estar siendo su camino a la culminación de su todo esperable soberbio futuro, no es más que un lago pantanoso de aguas turbias y bestias zancudas ahogando todo sueño que estuvo claramente destinado a su persona, pero por alguna razón murió con los pulmones llenos de una viscosidad acuosa y mugrosa. ¡Ay, Alejandro! ¡Te imploro tu perdón por haberte fallado hasta ahora! Lo peor de todo es que ahora de grande, este pibe posee un pensamiento crítico independiente capaz de desintegrar cualquier idea que yo le tire a las brasas, de la forma más simple y humillante.
-¿Arquitecto?
-Una mierda.
-¿Periodista?
-Una mierda.
-¿Abogado?
-Una mierda burocrática.
-¿Deportista?
-Uhmmm, depende. ¿Qué deporte?
- ¡¡¡Bien!!! Bueno, tenés un amplio abanico para elegir: futbolista, basquetbolista, tenista, ciclista, alpinista, voleybolista.... ehh... ¿handballista?
-¿Por qué todos poseen el sufijo "ista"? No me gusta eso, no los hace parecer muy especiales; todos se parecen gramaticalmente, y si se parecen gramaticalmente, no quiero ni imaginarme lo que son.
-Perdón, ¿cómo?
-Nada. Cambié de opinión, es una mierda.
Es simplemente, un ser diabólico. Alejandro, sos la pesadilla que siempre temí soñar en una lúgubre noche sin fin. Si existiera el puesto de trabajo de "Señor de las Tinieblas", estoy seguro que no lo ganarías (te encanta frustrarme), pero en la entrevista llegarías lejos, muy lejos.
23 años y se rasca los huevos como si no fuera a existir el mañana. Que hijo de mil... ¡no!, Marcela no tiene la culpa de semejante huevón. En todo caso todo esto es mi culpa. Desde el punto de vista genético, el chico adoptó los genes de inutilidad por mi parte. De parte de Marcela ganó belleza donde nunca yo la encontré; para eso sí sos bueno lacra, cojer y nada más, total papito y mamita lo pagan todo. ¡Vos deberías estar manteniéndonos en tu hipóteticamente gigantesca mansión, con toda la plata que hipóteticamente habrías ganado si hubieras movido un poco las cachas! Cuando pienso en todo lo que pudo ser... te vuelvo a ver y me pongo a sollozar como un perro debajo de la lluvia. ¡¡¡¿Por qué este castigo?!!! ¡dios! ¡Me hubieses dado una niña!, las minas sí que son vivas. ¿Sabés lo que habría sido una supuesta Margarita, una preciosa Romina, una inteligente Lorena, una descarada Vanesa, incluso una atorrante Sabrina? La verdad es que no podría saberlo, no puedo alternar mi vista de universo alterno a otro. Lo que sí puedo confirmar, es que serían muchísimo más productivas que un Alejandro "me rasco a tres manos" Josua... Momento, momento, momento... ¿"me rasco a tres manos"? Uhmm, no puede ser, quizá si... ¡no, es imposible! Aunque la posibilidad está ahí, habría que ver si Alejandro tiene madera para esto; hay que probarlo, ver que no la caga de nuevo.
-Alejandro, querido.
-¿Que querés? Estoy ocupado.
-Sos perfecto.
-¡Te dije que estoy ocupado, viejo! No jodas.
-Un sueño hecho realidad, eso es lo que sos.
-¿Ehh?
-Nada, ya lo vas a entender.
Y los años han vuelto a pasar de nuevo, y nuevos tiempos han llegado, con novedades todavía más increíbles. Por el lado triste, Marcela me dejó hace un par de años; fue algo muy duro de superar pero pude ver la luz al final del día y vivir con la esperanza todavía presente. Pienso que se dio cuenta de como soy en verdad, e irremediablemente tomó el primer tren que pasó a su lado. Comparable a esas mujeres que dejaron a sus maridos políticamente correctos para unirse a la causa hippie en los '60. Pero no importa, espero que le vaya bien, porque a mí, me está yendo de fábula, y por supuesto, mi hijo finalmente encontró su vocación. La pseudoespiritual imagen que yo poseía sobre este mundo, fue la causante de la nebulosa visión que no me permitía ver con la fuerza y claridad necesarias, para darme cuenta que Alejandro "me rasco a tres manos" Josua, es lo mismo que Alejandro "me rasco a tres manos mientras vos esperas en la fila para pagar tus impuestos como un pelotudo" Josua. Y no es que me haya dado cuenta esa misma tarde, lo que pensé hace varios años ya, que Alejandrito tenía su lugar en la administración pública; mucho mejor todavía, en la política, y eso es porque como empleado público aprendió a ejercer carácter político (lo que le valió ascensos descarados y muy "afortunados"). Es todo un genio político, un estadista; Roberto Arlt estaría muy orgulloso de ver como su deseo de ser diputado se cumplía con creces en mi hijo (creo yo, aún cuando un amigo mío insiste en decirme que "no lo entendí muy bien"). Y digo con creces porque es más que un diputado, es más que un senador, es más que un gobernador, ¡carajo! es más que un presidente: es el emperador del mundo. Así es señores, yo tampoco podía creerlo. Un día estás en la oficina, rascándote (como es costumbre) mientras los reclamos de la pobre gente se agolpa a las puertas, algo furiosos por la extrema lentitud burocrática en cierta clase de trámites, y de repente un haz de luz cierne el mundo por completo, de polo a polo, y sos Emperador Supremo de la Tierra (o "tercer planeta" como les gusta llamarlo a cierta gentuza de aspecto viscoso y medio gris).
Cuando exigí alguna que otra explicación a estos "visitantes" (según unos divertidos tipitos con sombreritos de aluminio a la vuelta de mi casa), me contestaron a base de un extraño acento lo siguiente: "sorteo a base de inoperancia promedio terrícola-humana-especie dominante/riesgo de factor 9-proceder con cautela/designar líder nativo mundial temporal/comando de destirilización en proceso". Nunca entendí muy bien la parte de "temporal" (de hecho siempre me preocupó), me habría gustado mucho más la palabra "permanente". Pero bueno, permanente o no, especie dominante o no, yo sé en el fondo que Alejandro está donde está por todos sus años de labor no laborioso. Y pensar que está profesión yo la había profetizado (sin darme cuenta) en los comienzos de su vida... ¿se acuerdan? "...Aún tiene 4 años, pero ya veo en él, los hábitos de todo un emperador...".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)