domingo, 28 de octubre de 2012

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
"...¡NO ES EL CHOQUE DE UN METEORITO!
¡NO ES UNA EXPLOSIÓN NUCLEAR!
¡EL FIN DEL MUNDO ES UNA MUJER QUE SE DESPIERTA!..."
 
 
 
 
 










sábado, 27 de octubre de 2012

Las asombrosas aventuras del dedo de goma

   27 gacelas. 27 gacelas de metal se situaban competentes junto a los pozos azules.
   —¿Por qué son 27 abuelo?
   —No tengo tiempo para hacerme un éxamen de riñón.
   —¿Qué son los pozos azules abuelo?
   —Son pozos y son azules. Eso nos decían de chicos cuando preguntábamos, y fuimos felices sin saber demasiado.
   —¿Vos sos feliz abuelo?
   —La próstata fue una pesadilla, eso sí que puedo afirmártelo.
   Ereusea contuvo su cuestionario, si su abuelo empezaba de nuevo con las historias del dedo de látex, no comería en todo el mes.
   Un quinticornio hincaba alegremente a los hombres marrones. Todos allí reían aburridos de ver lo mismo que días anteriores.
   —¿Morirán abuelo?
   —Son cuernos de algodón, Ereusea. No pueden lastimar ni al más minúsculo insecto.
   —¿Entonces por qué lloran al ser hostigados por los cuernos de algodón, abuelo?
   —¿Lloran? Lloran... pues, de la alegría de ser bendecidos en su piel con el algodón del quinticornio.
   —¿Pero por qué sangran abuelo?
   —Nada en comparación del dedo del buen doctor Siskera.
   Ereusea sintió bruscos impulsos de vomitar lo poco que había comido desde la entrada. Afortunadamente, descubrió sorprendida una muestra de animales cantores, y olvidándose de la vulnerable condición de su estómago, entre ruegos y saltos, llevó a su abuelo con ella a escuchar tan bellos cantos.
   El panorama no podía ser más terrible. 3 richos y cuarto apenas se mantenían en pie. Más atrás, una pequeña familia de lo que parecían ser cardinchones, bailaba el ula-ula. Un único plumífero, todavía impune del desastre, continuaba con su canto, algo desafinado para su estatus especial.
   —¿Qué ha pasado acá abuelo?
   —Fue la luz de Marte que se refractó en el Sol y creo agüjeros blancos dentro de esta celda.
   —Eso ya me lo suponía abuelo, yo estaba refiriéndome a un porque de la causa.
   —Impermeables. O probablemente se olvidaron de cambiar el agua, los aladitos quisquillosos enfurecieron en cantos alegóricos que a su vez invocaron el poder vengativo del dios de Marte, y, bueno... más claro, echale agua. Pero no de ésta, que está toda cagada por los pájaros.
   —Asombroso abuelo, una explicación digna de los mayores oradores ambientales y pro-animales.
   —Siempre debemos cambiar el agua, Ereusea. Te lo recuerdo todas las noches antes de dormir tapada de nubes. Algún día se levantarán contra nosotros, y el dedo ensangrentado del doctor Siskera, parecerá un juego de niños al lado del poder de la revolución huevífera.
   Ereusea que en esos momentos se deleitaba con un chocolate derretido por acción del Sol, no pudo más y descargó un vómito de mil colores podridos directo en la cara del único pájaro cantor que aún quedaba en pie.
   Al ver el estado de desconcierto que proliferaba en el ave, Ereusea pidió disculpas, se volvió a su abuelo y generalmente lo señaló como responsable de todo, incluso responsable de fechorías pasadas que nada tenían que ver. Es que hay que comprender que la joven Ereusea, no sólo descargó comidas embadurnadas en salsas artesanales, sino también de paso, todo lo que sentía respecto a su abuelo.
   Éste, entre carcajadas, profirió una especie de defensa.
   —¿Y qué culpa tengo yo qué el pájaro cante para la mierda?

lunes, 22 de octubre de 2012

Éste es un diálogo con imprenta, una cursiva que no tiene nada de cursiva y un título laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrgo

    —Si queréis creerme, bien. Ahora diré como es Ottavia, ciudad tela-araña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas con cuerdas, cadenas y pasarelas... Ruido. Ruido, voces.
   —
¡Salí! ¡dame!
   —
Pasarelas, pasarelas, ejem, pasarelas.
   —Ay, jaja.
   —Bueno, como decía. Atada a las dos crestas con cuerdas, cadenas y pasarelas... Ehh... ¿Qué? ¿por qué te reís? Mi cabeza no rodará hoy.
   —No, nada.
   —Ehh, sí. Bueno. Cuidado de no pisar, pisar de no cuidado, caca de pisar, madera de incesto, leviathán. Se camina sobre los traveseños de madera... Cuidando de no pisar, no, cuidando de. Cuidando de no poner el pie entre los espacios que quedan... Ehh... No, es que me quedé mirando allá. Perdón. Sí. Ehhh.... uy, no. Esperen.
   —¡No lo sabe!
   —Cagué. ¡Sí lo sé che! Un momento, lo voy a consultar con la pared. Boludo estratosférico. No puedo ser tan paja, que verrrrrga.
   —¡Jajaja! ¡jajaja!¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja! ¡jajaja!
  Bueno, al menos se ríen. Incluso ella. Mirar no quiero. ¡Bien! Ya lo consulté con mi amigo calvino. Me dijo que además de tener cuidado de poner el pie en los espacios que quedan, ¡se aferra uno a los bordes de caña!
Qué esssstúpido, por dio'. Ya todo el mundo sabe lo que es un borde de caña, gracias.
  
—Contalo de una, Fer.
   —Sí Fer, contalo de una puta vez. No pavees más que se va a enojar. La gracia ya pasó, hay un cuento que quiere ser contado. Essstúpido. Bueno. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros; pasa alguna nube La seriedad azota su rostro: la re cagué, se entrevé más abajo, el fondo del precipicio. Mirá sus caras de aburrimiento. Joel tocando la guitarra de fondo, Tadeo detrás mío... los defraudé. "-Es que estoy seguro que los actores estudian sus papeles con días de anticipación" "-Tadeo, no; si no puedo aprenderme dos párrafos, no sirvo para el teatro" Cierto, no servís. Ésta es la base de la ciudad: ¡tan sólo mira como bostezan! una red que sirve... ------... de... Qué essstúpido, por dio'. Me quiero matarrrrr, ¡no puedo ser tan pajero! ¡Chabón, noooo! ehhh... de pasaje y de sostén. ¡VAMOS CARAJO! ¡VAMOS TODAVÍA! Todo lo demás Suspiró. Acaba de suspirar. Siento sus ojos clavados. Y lógico, pelotudo, sos el pelotudo máximo que cuenta el cuento, ¿qué esperabas?, en vez de elevarse encima, cuelgan hacia abajo; Sos un genio, te amo. Ésta es fácil, despreocupate. escalas de cuerda, hamacas, casas hechas en forma de saco... percheros, terrazas como navecillas... ehhh.... ¡Nooooooooooooooooooooooo! ¡Noooooooooooooooo! ¡Sos un hijo de puta! Oh... ¿Los mirás a ellos como queriendo disculparte de tu soberbia inutilidad para contar dos simples párrafos? Patético. Bueno. ¡Es que es este lugar que me pone mal!, me encapsulo con ustedes ¿"Me encapsulo"? Listo, me voy a la mierda. ¡No sé que me pasa! Por más que mire al techo no puedo salir volando. Quiero que las palabras acudan a mí. Esssstúpido.
   —El profe Fer, insistió en leerlo de memoria.
   —Disculpenlo. Es muy pelotudo, pobrecito. ¡No! La profe hace gestos de muerte cual público de combates entre gladiadores. Es que lo sé. Esperen.
   —Ya está, Fer. Leelo.
   —¿La escuchaste? Oficialmente la cagaste. Dale. Essstúpido. Como te desprecio. Imaginate lo que debe estar pensando ahora. Algo así como: que aparato que es este chico; nos cagó el taller del día de la fecha. Nunca más lo pongo a leer. "-Lo aprendí de memoria" "-¿En serio?" "Mirá esos ojos saltones que puso. De verdad fue una buena idea, casi como si me la fuera a decir" "-Sí" "-buenísimo chabónnn" Momento, ella no utiliza los términos de buenísimo y chabón, eso es impropio de ella. Pará, el buenísimo creo que sí lo utiliza... ¿qué dijo 'tonces?... Che pelotudo, terminate de leer el cuento. ¿Qué carajo dice acá...? ¡Claro! ¡¡¡Odres de agua!!!, picos de gas, asadores... Deja de hacer muecas de extrañez boludo, sí, son asadores ¿y qué? Cartas de papel, cargas, matafuegos, pilchas, terrazas, no, ya lo dije; ehhh la puta madre, ¡que castigo! ¡estoy bloqueado! ¡Soy una verga! Ehhh... Má se... "no hace falta que todo este en estricto orden" Gracias Tadeo hijo de puta. Te amo. Picas de madera ¿qué?, Lámparas, teléfericos, cestos, canastas jaja, que forro que sos, eso ni siquiera está en el cuento, montacargas, anillas y trapecios... para juegos... ehhh, macetas de, con plantas de follaje.. colgante. Ufff, que pesadilla... Dale habla pelotudo. Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Orcrellia, es menos incierta que en las otras ciudades... Sabes que la red no sostiene más que eso. Pequeña reverencia al ultra pedo porque fue todo una mierda. Nadie aplaude porque sinceramente ni vos entendiste lo que acabas de ¿narrar? Fin de esta narración caótica y... estrambótica Sos impresionante flaco, no parás de hablar pelotudeces por dos segundos "yo me exasperaría al estar UN solo día con vos..." Verdad que sí, ¿no? Aceptalo, incluso para el ser más amoroso y tranquilo de este pedigüeño mundo, le saciás la paciencia y el afecto para depositarlo en profundos tachos de aparatez humana de verano del 2005. ¿Seguro que fue el verano de 2005? ¿Seguro que fue alguna vez? No sería la primera vez que comemos la fruta que nos tiran esos insectos de polvo y sangre laziana... Débiles pero cálidos aplausos. No me merezco ni eso.










BO-BO-BO-BONUS TRACK:


   —Soy una verga, loco. Primero el torneo de fútbol y el gol pelotudo que me hicieron, después... ese viernes que pintaba para genial pero terminó de nuevo en caminatas sin rumbo y ganas de dejarme caer en plena calle para lubricar mis ojos en extasiante y petulante falsa tranquilidad. No, mejor no. Muy complicado, muy confuso. Eh.. ¡Y ahora esto! No puedo ser tan verga.
   —Uy no...
   —¿Cómo "uy no"? Que, ¿sabés algo más?
   —Sí, bueno...
   —¿Algo malo?
   —Para vos sería... Te lo tomarías mal.
   —¿Qué soy un aparato?
   —No, no. No es eso.
   —¿Es sobre el cuento?
   —No tiene nada que ver con el cuento.
   —¿Qué es entonces?
   —Pero acá no. Te vas a poner mal.
   —Dale, no pasa nada. Necesito saberlo, de hecho.
   —Bueno, cuando estaba--- [fragmento suprimido a petición indirecta de un tercero y promesa de un primero].
   —Pero ¿cómo [fragmento suprimido].
   —Fue algo así como [fragmento suprimido].
   —Bueno, oficialmente no tengo más por [fragmento suprimido].
   —¡Da! No digás pelotudeces.
   —Jajaja.
   —Ya sabía que te ibas a poner así.
   —Soy todo un profesional, acá me voy a comportar. No, la puta madre... falta media hora. Bueno, me voy rápido a casa, busco [fragmento suprimido] y [fragmento suprimido].
   —No digás boludeces.
   —Estoy bien pelotudín.
   —Menos mal que "no me importa más".
   —Sí bueno, digo cada gilada últimamente. Creí que no me importaba más. La puta madre... Ya está.


APARENTEMENTE 1 HORA DESPUÉS...


   Media hora sintiendo las vibraciones pasar y mover, mirando el agua peinar el cemento, mezclando sales acuosas en impuras aguas, buscando valor y cobardía en dar un pequeño salto sobre aceros de verdes disfraces de sol y noche, pensando en que quiero acostarme en mi cama, en la cama de cualquiera, robar camas, refregarme almohadones por entre las bolas en muestra de desprecio a los calentadores nocturnos, sintiendo impulsos de aire y viento, comprendiendo a Newton y su pionera manzana experimental-ejemplifista, preguntando en pretérito perfecto simple y refunfuñando en pluscuamperfecto.
   Y ahora termino escribiendo estas líneas que cumplido su cometido tienen. Soy mi propia salvación; es preciso clonarme...

sábado, 20 de octubre de 2012

La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte IV

   Dejada atrás la Exosfera, Xílaker comenzó a maravillarse con la vista que le proporcionaban las cámaras posteriores. Éstas mostraban la Tierra en su forma más natural, ya que las grandes ciudades, siempre tapadas por nubes grises, ocultaban el asqueroso y negligente asentamiento de los hombres.
   Se acordó de repente que estaba en el espacio y dio vuelta su mirada para enfocarla en el ventanal de la cabina. Allí estaba, tal y como siempre lo observó a través del Devorador de Estrellas; un fondo negrísimo, al que unas millares de lucecitas trataban sin éxito de iluminar. ¡Cuantas eran! No le bastaría su propia vida para contarlas a todas, ¡y como brillaban esas luciérnagas sin tiempo ni intermitencia! Parecía que si uno trataba de acercarse a tan sólo una de ellas, miles más saldrían a su encuentro, desbordando los ojos y los sentidos. Algunas estaban agrupadas de formas tales para formar bellos dibujos de líneas. Xílaker recordó el nombre de "constelaciones" y todo lo que había leído allá en la Tierra, pero nunca había tenido la oportunidad de ver una con sus propios ojos. La Tierra estaba cubierta en un 26% de urbes y metrópolis, dejando tan sólo un 4% de naturaleza libre y parcialmente descontaminada, si tenemos en cuenta que el 70% restante eran mares. Si la "contaminación lumínica" había sido el principal enemigo de los llamados "Telescopistas Año 2000", el efecto invernadero, la constante emisión de óxidos de azufre y nitrógeno hacia la atmósfera, multitud de deshechos radioactivos a la vuelta de la esquina en las grandes ciudades, en ríos y en el aire, entre otras calamidades ambientales, serían definitivamente el terror de los "Telescopistas del Tercer Milenio". No por nada eran comunes las ligeras lloviznas ácidas en invierno y las vorágines tormentas de verano. El hombre había destruido el cielo y ahora un ambiente teñido por el gris de nubes enfermas, cubría estático las hostiles ciudades, atestadas de lo peor que se podría encontrar en el más fiero pozo de vileza e inmundicia. Esto por supuesto la dejaba muy difícil para todo aquel que, curioso por saber y atestiguar, intentara mirar más allá de la capa de amargura al que había sido sometido como resultado preponderante de desorbitantes contratos financieros y efímeros apretones de manos entre hombres de traje y corbata, que poco o nada les importaba la mierda que dejaran detrás suyo al limpiarse el culo con el cuello de la gente que acostumbraban a pisotear como repugnantes cucarachas de feria. Xílaker veía por primera vez en su lastimosa vida, lo que antes no distinguía con entera claridad.
   —Hermosas, ¿no es así?
   Una voz femenina y sumamente relajada le hablaba desde todas partes.
   —Soy Michelle, ¿tú quién eres intruso? No tengo constancia de tu presencia en la X-789b. Deberé hablar con el amo Mehel y en caso de que él tampoco te registre, procederé a la medida preventiva y terminante de facto.
   —La cual es...
   —Tu inmediata y exclusiva expulsión del vehículo en conflicto. Lo que acorde a mis cálculos devendrá en tu eventual y explosiva muerte al ser internado en el vacío del frío espacio exterior.
   —¡No, no, no, no! ¡Pará un poco loca de mierda! Yo soy Xílaker Kubromer, hijo de Jesbek Kubromer, amigo de tu... "amo", Limd Mehel. Tu mismo "amo" fue el que me proporcionó esta nave.
   —Lo siento muchachín, pareces buen chico, pero mientras me insultabas y desvariabas historias de sangre, estuve comunicándome vía ondística con el amo Mehel y me ha dicho en tono muy educado y señoral que en su puta vida había escuchado tales tonterías, y que te mande de su parte de una patada en el culo de vuelta a casa.
   —¡¿Qué?! ¡Eso es imposible! ¡Si acabo de dejar la Tierra, de despedirme de Limd! ¡Estoy diciendo la verdad!
   —Creo recordar que te informé acerca del destino que se les reserva a los mentirosos en esta nave...
   —¡Nunca hablaste nada de mentirosos, máquina del demonio!
   —Es lo mismo. Terminarás con el culo helado y el dedo grande como chupón de bebé. ¿Unas últimas palabras antes de despedirte de este mundo, polizón inoperante?
   —¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO! ¡¡¡LA PUTA MADRE!!! ¡NO PODÉS EXPULSARME AL ESPACIO! ¡ES TODO UN ERROR, UNA PUTA CONFUSIÓN!
   "Michelle" no respondió. En su lugar comenzó a sonar la versión netamente instrumental de "Amazing Grace" de John Newton, lo cual desesperó todavía mucho peor a Xílaker quien no podía distinguir entre la incredulidad, la impotencia y la ira como su estado emocional predominante en esos momentos.
   Xílaker se pusó a llorar desconsolado, mientras esperaba casi atónito su inminente final. ¿Quién lo pensaría?, toda una vida truncada al final por una I.A asesina y quizá también defectuosa, por que no.
   —Ja-ja-ja-ja-ja —con el tono relajado y computadorizado de siempre—, patético, señor Xílaker, patético.
   Xílaker no podía salir del asombro y entonces la hermosa figura de una mujer de colores brillantes y difusos se materializó frente suyo.




Continuará cuando consiga más producto de maíz y trigo...

jueves, 11 de octubre de 2012

Borrachos y preuniversitarios

   Esta mañana una resonante partida de ecos cercanos golpeaba mis paredes internas. Se repetía incansable con su voz burlona y sus cuerdas de acero, y alardeaba sobre mi estado de forma más que precisa. Yo mientras tanto, dormía con los pies locos.

domingo, 7 de octubre de 2012

La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte III

   Por fuera no parecía más que un galpón añejo y abandonado desde hacía mucho tiempo, pero cuando salió del laberinto de puertas al que se había introducido al abrírsele la entrada, se encontró con una moderna instalación reluciente. Vio toda clase de objetos mecánicos, mesas de trabajo llenas de grasa de motores, otras saturadas de tubos de ensayo con diversos líquidos de colores. Un armario mal cerrado dejaba entrever una muestra de raros instrumentos y herramientas desconocidas. Algunas tenían el tamaño de una simple mano, otras eran tan grandes como una pierna humana. Los pisos y las paredes eran de azulejos blancos, y la iluminación no dejaba ni una sombra a la vista. Era una vasta habitación de la cual, supuso, se abrían distintas bifurcaciones debido a la gran cantidad de puertas que se veían. Por momentos pensó que había dejado atrás un mundo azotado por el caos y la tempestad, y se había internado en uno totalmente desconocido.
   —Soy Limd Mehel. Encantado. —Como si continuara el breve intercambio de palabras en la puerta, un hombre detrás suyo le extendía la mano alegremente—. Venga, venga. Tenemos que prepararlo para el viaje. Recibí estrictas indicaciones de su padre al respecto.
   Casi por inercia, Xílaker no dudó en seguir al extraño personaje de guardapolvo blanco. Tenía pinta de típico científico loco, aunque mucho más amable y humano de lo esperado. Durante el breve recorrido comprendió que este lugar operaba discretamente, y la pantalla de lugarejo abandonado era perfecta para esconder los secretos que adentro existían. Sin embargo, desconocía el motivo de tal secretismo.
   —Llegamos —en tono orgulloso y despreocupado.
   Xílaker no podía creer a sus ojos lo que veía. Una de esas tantas naves espaciales que surcaban los cielos de noche y se perdían a altitudes que superaban el reino de las nubes. Siempre había soñado con pilotar una de ellas y viajar más allá del alcance de los más poderosos telescopios. Allá donde nadie ha ido, donde nadie ha visto. Perderse y ser confundido con una estrella más. Noches enteras, imaginando, durmiendo con los ojos abiertos, enfocados en un cielo que se caía sobre él. Solo, algunas veces acompañado por su padre, le había confesado todas sus añoranzas. Ahora lo entendía un poco mejor.
   —La Seathed X-789b es una nave experimental, dotada de gran cantidad de utilidades básicas y especializadas para el vuelo y la exploración espacial. Posee un aprovisionamiento que puede durar por años  independientemente de un abastecimiento génerico. Gran cantidad de trajes adecuados al medio en el que se trabaje; ya sea gravedad cero, temperaturas de más de -300º, de más de 100º, etcétera... —con un tono levemente cansado— mejor dejo que la I.A a bordo te cuente mejor sobre, bueno, todo, jeje.
   —¿La I.A?
   —Ajam. Tu nueva compañera. Ya tendrán tiempo de conocerse mejor. Por el momento, quiero decirte que sí, tengo conocimiento de tu inhabilidad para con el vuelo espacial. No te preocupes. El piloto automático y la I.A cuidarán de vos y de la nave en todo momento. Y por favor, no cometas la fatalidad de pensar que la I.A y la nave son lo mismo. Eso es un error y un engaño del cual la I.A querrá hacerte creer. Además de insistir en que se llama Michelle; jeje, nombre má' raro.
   —¿Está chiflada?
   —¡Bienvenido al maravilloso mundo de la Inteligencia Artificial!
   —¿Quién sos vos? —cambiando abruptamente de tema, sin reparar en lo poco educado que eso había sonado.
   —Limd Mehel —contestó en un tono entre cínico y extrañado.
   —No. Me refiero a de donde conocés a mi padre.
   —Tu padre y yo nos conocemos desde antes que el mundo fuera el mundo. Es todo lo que necesitás saber de mí con él.
   "Desde antes que el mundo fuera el mundo". Xílaker pensó que a la gente le gustaba contrariarse para parecer misteriosa, pero en este caso, no podía evitar esperar otra cosa del tal Limd Mehel. Quizá lo que acababa de decir si tenía sentido después de todo. Lo que pasaba en realidad, es que no ostentaba en esos momentos de los recursos para encontrarlo.
   —Que preciosura de nave, por cierto. Sólo falta ponerle un nombre de verdad.




Continuará el día que mis cantos vuelen...

sábado, 6 de octubre de 2012

La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte II

   No fue un viaje feliz. El señor Kubromer había enfermado y los médicos de la compañía no encontraban respuesta en sus protocolares libros de medicina. No se atrevían a señalar como responsable de la padencia, al lugar donde trabajaban. La salud de la gente importaba una mierda en estos casos, y todo el mundo guardaba silencio al ver satisfechos sus bolsillos llenos de autocomplacencia que luego gastarían en interminables horas ahogados en alcohol.
   Xílaker vivía solo con su padre. No tenía el dinero necesario para contratar a un médico de verdad, mucho menos tendría para conseguir un abogado que defendiera sus avasallados derechos. Su trabajo en la mécanica de un conocido, no le bastaba ni siquiera para cubrir sus propios gastos. Su padre siempre había sido la verdadera fuente de ingresos. Y eso se debía a su "necesario" trabajo como limpia-deshechos; trabajo que siempre le había consumido a través de los años, trabajo que ahora amenazaba con arrebatarle la vida, y con ella, el futuro del único pedazo de algo que le quedaba en ese mundo: su único hijo.
   Un mundo gris giraba alrededor de Xílaker. Observaba el poco cielo visible desde el techo de su casa, y volvía sus ojos hacia la inmensa ciudad que se erigía delante suyo. La garganta le dolía tanto como si un hierro candente la hubiera rasgado desde dentro. Ninguna lágrima se le discurría por entre la piel de su sucio rostro, ya sea por el árido viento que no paraba de soplar o por su recurrente deshidratación. Increíble, en su vida no podía ni permitirse llorar a solas.
   No quería que acabara nunca, así que se aferró con mucha más fuerza todavía. El silencio sólo se interrumpía por la leve oscilación de un candelabro que se mecía por el viento. Mientras pasaban los minutos, Xílaker volvió a sentirse seguro como nunca creía recordar. Se había olvidado, durante todos estos años, de ese calor que su madre le transmitía cuando cerraba sus ojos por la noche. De las risas de su padre, esas risas que jamás volvió a escuchar desde...
   Se había dormido al lado de la cama de su padre. Éste, al verlo despierto le entregó una tarjeta donde estaba anotada una dirección, no muy lejos de allí. Xílaker, incrédulo, quiso preguntar que era eso, pero su padre que al parecer le había leído el pensamiento, no espero tal pregunta.
   —He sido testigo desde tu infancia, de lo único que parece mantenerte con vida hasta el día de hoy. Soy consciente de tus sueños y también de tus horas de amargura mirando lejos de este lugar. Tratando de escapar, viajando con la vista, volando con los ojos cerrados. Esperando ansioso noche tras noche, una lluvia que nunca llega, un salto de alegría, una carcajada. Algo. Lo que sea. Suficiente para mantener tus pies en órbitas que nunca dejarán que te desplomes. Xíla, lo que este pobre viejo no tan viejo quiere decir, es que no quiero verte así. No quiero, y mi corazón tampoco puede retenerte.
   —Papá, yo...
   —Andá al lugar que te indica la tarjeta. Andá y viví.
   Una catarata incesante de pensamientos desbordaba la cabeza de Xílaker al caminar por esas tempestuosas calles. La tierra volaba por efecto de un viento que parecía anunciar una tormenta de arena. Estas tormentas eran muy comunes en el verano, y eso era algo que a Xílaker le gustaba sentir siempre que se presentaba la oportunidad. El sonido del viento chocando en las chirriantes puertas de chapa, la nublada visibilidad que provocaban las millones de partículas de piedra molida, todo eso era algo calmo en él. La gente se refugiaba, ingratos, y lo dejaban como emperador de calles vacías en las que solía caminar tapado de pies a cabeza, y con gafas de aviador.
   Por fin llegó al lugar que indicaba la tarjeta. Reconoció el edificio, un galpón que había visto de pasada repetidas veces. Poseía un aspecto abandonado por fuera y se preguntó si era la dirección correcta. Llamó a la puerta y al instante una voz desde dentro le preguntó quien era.
   —Xílaker Kubromer —respondió solemne.




Continuará prácticamente al instante...