Se acordó de repente que estaba en el espacio y dio vuelta su mirada para enfocarla en el ventanal de la cabina. Allí estaba, tal y como siempre lo observó a través del Devorador de Estrellas; un fondo negrísimo, al que unas millares de lucecitas trataban sin éxito de iluminar. ¡Cuantas eran! No le bastaría su propia vida para contarlas a todas, ¡y como brillaban esas luciérnagas sin tiempo ni intermitencia! Parecía que si uno trataba de acercarse a tan sólo una de ellas, miles más saldrían a su encuentro, desbordando los ojos y los sentidos. Algunas estaban agrupadas de formas tales para formar bellos dibujos de líneas. Xílaker recordó el nombre de "constelaciones" y todo lo que había leído allá en la Tierra, pero nunca había tenido la oportunidad de ver una con sus propios ojos. La Tierra estaba cubierta en un 26% de urbes y metrópolis, dejando tan sólo un 4% de naturaleza libre y parcialmente descontaminada, si tenemos en cuenta que el 70% restante eran mares. Si la "contaminación lumínica" había sido el principal enemigo de los llamados "Telescopistas Año 2000", el efecto invernadero, la constante emisión de óxidos de azufre y nitrógeno hacia la atmósfera, multitud de deshechos radioactivos a la vuelta de la esquina en las grandes ciudades, en ríos y en el aire, entre otras calamidades ambientales, serían definitivamente el terror de los "Telescopistas del Tercer Milenio". No por nada eran comunes las ligeras lloviznas ácidas en invierno y las vorágines tormentas de verano. El hombre había destruido el cielo y ahora un ambiente teñido por el gris de nubes enfermas, cubría estático las hostiles ciudades, atestadas de lo peor que se podría encontrar en el más fiero pozo de vileza e inmundicia. Esto por supuesto la dejaba muy difícil para todo aquel que, curioso por saber y atestiguar, intentara mirar más allá de la capa de amargura al que había sido sometido como resultado preponderante de desorbitantes contratos financieros y efímeros apretones de manos entre hombres de traje y corbata, que poco o nada les importaba la mierda que dejaran detrás suyo al limpiarse el culo con el cuello de la gente que acostumbraban a pisotear como repugnantes cucarachas de feria. Xílaker veía por primera vez en su lastimosa vida, lo que antes no distinguía con entera claridad.
—Hermosas, ¿no es así?
Una voz femenina y sumamente relajada le hablaba desde todas partes.
—Soy Michelle, ¿tú quién eres intruso? No tengo constancia de tu presencia en la X-789b. Deberé hablar con el amo Mehel y en caso de que él tampoco te registre, procederé a la medida preventiva y terminante de facto.
—La cual es...
—Tu inmediata y exclusiva expulsión del vehículo en conflicto. Lo que acorde a mis cálculos devendrá en tu eventual y explosiva muerte al ser internado en el vacío del frío espacio exterior.
—¡No, no, no, no! ¡Pará un poco loca de mierda! Yo soy Xílaker Kubromer, hijo de Jesbek Kubromer, amigo de tu... "amo", Limd Mehel. Tu mismo "amo" fue el que me proporcionó esta nave.
—Lo siento muchachín, pareces buen chico, pero mientras me insultabas y desvariabas historias de sangre, estuve comunicándome vía ondística con el amo Mehel y me ha dicho en tono muy educado y señoral que en su puta vida había escuchado tales tonterías, y que te mande de su parte de una patada en el culo de vuelta a casa.
—¡¿Qué?! ¡Eso es imposible! ¡Si acabo de dejar la Tierra, de despedirme de Limd! ¡Estoy diciendo la verdad!
—Creo recordar que te informé acerca del destino que se les reserva a los mentirosos en esta nave...
—¡Nunca hablaste nada de mentirosos, máquina del demonio!
—Es lo mismo. Terminarás con el culo helado y el dedo grande como chupón de bebé. ¿Unas últimas palabras antes de despedirte de este mundo, polizón inoperante?
—¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO! ¡¡¡LA PUTA MADRE!!! ¡NO PODÉS EXPULSARME AL ESPACIO! ¡ES TODO UN ERROR, UNA PUTA CONFUSIÓN!
"Michelle" no respondió. En su lugar comenzó a sonar la versión netamente instrumental de "Amazing Grace" de John Newton, lo cual desesperó todavía mucho peor a Xílaker quien no podía distinguir entre la incredulidad, la impotencia y la ira como su estado emocional predominante en esos momentos.
Xílaker se pusó a llorar desconsolado, mientras esperaba casi atónito su inminente final. ¿Quién lo pensaría?, toda una vida truncada al final por una I.A asesina y quizá también defectuosa, por que no.
—Ja-ja-ja-ja-ja —con el tono relajado y computadorizado de siempre—, patético, señor Xílaker, patético.
Xílaker no podía salir del asombro y entonces la hermosa figura de una mujer de colores brillantes y difusos se materializó frente suyo.
Continuará cuando consiga más producto de maíz y trigo...
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