sábado, 6 de octubre de 2012

La vida tiene botones, botones tiene la vida - Parte II

   No fue un viaje feliz. El señor Kubromer había enfermado y los médicos de la compañía no encontraban respuesta en sus protocolares libros de medicina. No se atrevían a señalar como responsable de la padencia, al lugar donde trabajaban. La salud de la gente importaba una mierda en estos casos, y todo el mundo guardaba silencio al ver satisfechos sus bolsillos llenos de autocomplacencia que luego gastarían en interminables horas ahogados en alcohol.
   Xílaker vivía solo con su padre. No tenía el dinero necesario para contratar a un médico de verdad, mucho menos tendría para conseguir un abogado que defendiera sus avasallados derechos. Su trabajo en la mécanica de un conocido, no le bastaba ni siquiera para cubrir sus propios gastos. Su padre siempre había sido la verdadera fuente de ingresos. Y eso se debía a su "necesario" trabajo como limpia-deshechos; trabajo que siempre le había consumido a través de los años, trabajo que ahora amenazaba con arrebatarle la vida, y con ella, el futuro del único pedazo de algo que le quedaba en ese mundo: su único hijo.
   Un mundo gris giraba alrededor de Xílaker. Observaba el poco cielo visible desde el techo de su casa, y volvía sus ojos hacia la inmensa ciudad que se erigía delante suyo. La garganta le dolía tanto como si un hierro candente la hubiera rasgado desde dentro. Ninguna lágrima se le discurría por entre la piel de su sucio rostro, ya sea por el árido viento que no paraba de soplar o por su recurrente deshidratación. Increíble, en su vida no podía ni permitirse llorar a solas.
   No quería que acabara nunca, así que se aferró con mucha más fuerza todavía. El silencio sólo se interrumpía por la leve oscilación de un candelabro que se mecía por el viento. Mientras pasaban los minutos, Xílaker volvió a sentirse seguro como nunca creía recordar. Se había olvidado, durante todos estos años, de ese calor que su madre le transmitía cuando cerraba sus ojos por la noche. De las risas de su padre, esas risas que jamás volvió a escuchar desde...
   Se había dormido al lado de la cama de su padre. Éste, al verlo despierto le entregó una tarjeta donde estaba anotada una dirección, no muy lejos de allí. Xílaker, incrédulo, quiso preguntar que era eso, pero su padre que al parecer le había leído el pensamiento, no espero tal pregunta.
   —He sido testigo desde tu infancia, de lo único que parece mantenerte con vida hasta el día de hoy. Soy consciente de tus sueños y también de tus horas de amargura mirando lejos de este lugar. Tratando de escapar, viajando con la vista, volando con los ojos cerrados. Esperando ansioso noche tras noche, una lluvia que nunca llega, un salto de alegría, una carcajada. Algo. Lo que sea. Suficiente para mantener tus pies en órbitas que nunca dejarán que te desplomes. Xíla, lo que este pobre viejo no tan viejo quiere decir, es que no quiero verte así. No quiero, y mi corazón tampoco puede retenerte.
   —Papá, yo...
   —Andá al lugar que te indica la tarjeta. Andá y viví.
   Una catarata incesante de pensamientos desbordaba la cabeza de Xílaker al caminar por esas tempestuosas calles. La tierra volaba por efecto de un viento que parecía anunciar una tormenta de arena. Estas tormentas eran muy comunes en el verano, y eso era algo que a Xílaker le gustaba sentir siempre que se presentaba la oportunidad. El sonido del viento chocando en las chirriantes puertas de chapa, la nublada visibilidad que provocaban las millones de partículas de piedra molida, todo eso era algo calmo en él. La gente se refugiaba, ingratos, y lo dejaban como emperador de calles vacías en las que solía caminar tapado de pies a cabeza, y con gafas de aviador.
   Por fin llegó al lugar que indicaba la tarjeta. Reconoció el edificio, un galpón que había visto de pasada repetidas veces. Poseía un aspecto abandonado por fuera y se preguntó si era la dirección correcta. Llamó a la puerta y al instante una voz desde dentro le preguntó quien era.
   —Xílaker Kubromer —respondió solemne.




Continuará prácticamente al instante...

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