Una vez fuera de la despampanante nevada y su inesperada aparición, Xílaker, que junto a la presencia sonora de Michelle la cual se encontraba sintonizada a un pequeño transmisor en su brazo izquierdo, emprendió un largo viaje hacia el lugar de origen de las radiofrecuencias que la I.A había captado al momento justo de ingresar en la atmósfera de Bola de Pis, que a causa de la reciente nevada, se estaba reconsiderando un nuevo nombre.
— Bola de pus.—despidió por fin Michelle.
— ¿Qué? La pus es amarilla, no blanca.
— No estoy de acuerdo. He tenido la oportunidad y el desagrado de notar ciertas erupciones cutáneas en la piel del Doctor Limd Mehel, en las que lo que aguardaba explotar era una sustancia de color blanco.
— ¡Arrrgg! ¡Que asco! Por favor, no me cuentes más, no necesito saber. Momento, ¿acabás de llamar "Doctor" a Limd Mehel? ¿Ahora es Doctor?
— El Ingeniero Limd Mehel es destacado en muchas áreas. Una de ellas es la medicina, por suspuesto.
— Y supongo que la otra es la ingeniería.
— ¡Bravo! Como dije, el Abogado Limd Mehel está altamente cualificado para diversas tareas.
— ¿A él le gusta que lo llamen con todos los títulos posibles y profesiones?
— Ni te das una idea. ¿Cómo lo averigüaste?
— Sexto sentido.
— ¡Ajá! Al Médium Limd Mehel le interesaría mucho saber más acerca de tu peculiar capacidad.
Así se mantuvieron, durante horas y horas de precavido avance sobre la superficie de la ahora rebautizada Snowball III.
Xílaker debería de andar con cuidado. Iba solo, aunque con un boleto de salida por si las cosas se ponían feas. Antes de abandonar la nave, acordó que ante la menor insistencia de su parte, Michelle tomaría los controles de la nave e iría a buscarlo de inmediato. Lamentablemente, Michelle no podía hacer más que eso, ya que carecía de forma física. Por lo que si Xílaker se encontraba incapacitado o incluso apresado por fuerzas desconocidas, el rescate se convertiría en el más precoz de la historia de los rescates.
La temperatura había descendido a unos -7 ºC. Xílaker se encontraba con su traje espacial multitérmico. Diseñado para adecuarse a cambios extremos de clima, basaba su funcionamiento en una microcomputadora interna y un complejo sistema mecánico que controlaba y regulaba la temperatura del traje y con ella la del usuario, teniendo presente las constantes que indicaran los niveles de temperatura externa. En otras palabras, si el calor era insoportable, el traje se expandía y se ventilaba tanto por los sistemas de congelación integrados, como por el paso de aire a través de filtros a prueba de todo tipo de gases nocivos que el ambiente podría o no tener presentes en la particular composición de su aire. Si en cambio, se preveía una hipotermia en camino, el traje se contraía y se formaba en consecuencia una triple capa de tejido muy grueso que, conectado a receptores y generadores de calor, abrazaba al usuario de forma eficiente, reteniendo todo el calor que éste estuviera generando; es decir, se valía tanto de pequeñas "estufas" eléctricas, como del propio calor que la persona generara desde su cuerpo.
Xílaker no tendría que preocuparse si al clima le daba por enloquecer de nuevo. Su traje repelería con éxito cualquier ataque en la temperatura corporal-vital. El nombre oficial de esta maravilla de la ciencia estética-espacial-imperante, fue simplemente "Multitérmico". En cambio, los astronautas y pioneros en la exploración espacial, lo llamaban cariñosamente por el nombre de "Culo de esquimal". Tuvo un éxito rotundo y absoluto, y éso se debió en gran parte a las quejas acalladas de todos aquellos que interactuaban a menudo y muchas veces en el mismo día, con el frío de planetas de hielo y cristal, para luego trasladarse a mundos donde el infierno se veía tan encantador en comparación. Se convirtió rápidamente en algo tan indispensable y popular entre los mismos que desesperadamente imploraban una prenda digna de soportar todo tipo de sensaciones. Hay inclusive canciones y algún que otro poema dedicado a esta maravilla de la ropa térmica, de parte, claro está, de los agradecidos trabajadores solitarios en mundos exteriores.
— ¿Cuánto falta para llegar al sitio?
— Poco. Aproximadamente un kilómetro. Si es algo grande, deberías de verlo a través de toda esa planicie.
— Tenés razón en lo de la planicie. Veo sólo el horizonte en todas las direcciones posibles, pero no veo nada allá delante. No sorprende tampoco, cuando estábamos en el aire, no vimos nada tampoco. Es probable entonces que sea una especie de baliza transmitiendo en solitario, una cápsula... Una ciudad invisible.
— Jaja. Excelente sentido del humor, Comandante Kubromer. Dígame de nuevo porque va a pie como un idiota, teniendo la nave.
— Jaja. Excelente sentido del humor, Michelle. Bueno, en parte porque no sabemos que vamos a encontrarnos, y no quiero perder la nave por alguna anomalía mágnetica que vuelva loco los instrumentos y quizá quizá, a vos también. ¡Momento! ¿Qué estoy diciendo? vos ya estás completamente loca.
— Buuu. Pésimo sentido del humor, Comandante Kubromer. Entonces dígame otra cosa, ¿qué pasaría si hipotéticos nativos intentaran irrumpir en la nave, o incluso también, que una devastadora tormenta eléctrica-mágnetica se trasladara hasta estos parajes? ¿No pensó en éso? Corro grave peligro en el mundo de las probabilidades, ¿sabe?
— Bueno, éso, sí que me hizo un pelín de gracia. Para empezar, ni siquiera sabemos si este planeta está habitado. Segundo, ¿qué clase de apocalíptica tormenta es ésa? En serio, si te pusiste miedosa porque te deje sola, no sos digna de ser mi lugarteniente. Cuando vuelva, te degrado y promuevo como Primer Oficial a la tostadora que hay en la cocina.
Xílaker se extrañó al no obtener respuesta alguna. Era raro que Michelle dejara una ofensa sin contestación. Pensó entonces en que la nave le estaba haciendo otra broma de las suyas y decidió ignorarla, de momento.
De forma lenta y gradual, la nevada empezaba a cesar. Xílaker sólo lo noto al no sentir la nieve depositarse suavemente en sus mejillas. Lo notó todavía mucho más al observar impactado como la nieve caída, desaparecía a causa de un rápido derretimiento, presentando a consecuencia, no un desierto de arena, no, sino algo mucho más vivo que éso: una pradera de verde pasto natural. Con ésto, la temperatura pasó rápidamente a un templado súbitamente acogedor y relajante. Y como cereza del postre, una suave brisa comenzó a inundar el lugar. El pasto parecía bailar a voluntad de ésta, y dejaba mucho a la imaginación, la cual se regocijaba al creer escuchar el sonido que las hierbas producían al mecerse libremente.
Repentinamente, Xílaker se sintió más liviano que de costumbre. Tanto, que parecía flotar. Se fijó en los valores que marcaba su traje y comprobó, con algo de pavor, que la fuerza de gravedad había descendido en casi un 80%. Su situación era muy delicada; no podía moverse por temor a no volver a poner un pie en el suelo snowestre. Un pequeño paso, salto, o flatulencia de gran poder, y saldría despedido, de forma lenta pero imparable, hacia los límites de la atmósfera. Sometiéndose a presiones y temperaturas que terminarían por aniquilarlo. Si era una broma de Michelle, era una jodidamente buena.
— Michelle. ¿Michelle? ¡Michelle! ¡Contestá! ¡Dale! Estoy en apuros. Por favor. ¡¿Michelle?!
Mierda, expresó hacia sus adentros. No quería ni rascarse la nariz, que como es normal en las situaciones donde la calma es necesidad, presentaba un comezón brutal.
— ¿Ho-la? ¿Co--dante Ku----er? ¿-la? ¿Está a--? ¿Ho--la?
Una fuerte estática azotaba lo que parecían ser unas palabras que trabajosamente Michelle trataba de hacer llegar a destino.
— ¡Sí! ¡Sí, hola! ¿Michelle, sos vos? ¿Hola? ¿Seguís ahí? ¿Hola?
— Sí. --o--dan-- --omer, me a--le---a vo---e-- a sa--- de ust----. Un--- fuer--- onan--- agné--ica se pre---entó --- s--- ár-----....
— ¿Qué? No se te entiende un pomo lo que decís Michelle. Tenés una estática horrible.
— ¿Qué?
— Que tenés una estática horrible.
— No --- mí----a.
— ¿Cómo?
— No e--- m---.
— ¿Cómo? Repetí lo último.
— N-- es m-ía. No--- mía. N- es mía. --o -es mía.
— ¿No es tuya?
— Exacto. Creo que ella está tratando de decir que la estática proviene de usted —agregó una voz detrás de Xílaker.
No hay comentarios:
Publicar un comentario