A los dos minutos, Xílaker volvía extenuado de su breve incursión en territorio inexplorado. No necesitaba más, una vez comprobados los depósitos de oxígeno, nitrógeno y un poquitín de dióxido de carbono, concluyó en que el aire de Bola de Pis era perfectamente respirable y nada fatal, al contrario de lo que Michelle sostenía, entre otras cosas, "una despreciable y mortífera roca de orín".
— Te lo digo. Las lecturas no mienten, ¡es prácticamente la atmósfera de la Tierra! Si hasta lo he respirado con mis propias narices.
— ¿Y ese sudor que me empapa todo el suelo?
— Ahh, sí... Bueno, en lo que no te equivocabas al respecto era en la temperatura. Ufff... —pasándose el brazo por la frente empapada de sudor. —El termómetro de mi traje de aislamiento marcaba 42,7 grados centígrados ahí fuera. Un verdadero infierno.
— Habrán apagado las llamas del infierno entonces... —susurró Michelle sin cuidado.
— ¿Cómo decís? No te escuché muy bien.
— Dije que quizás han apagado las llamas del infierno...
— No entiendo a que te referís.
— Digamos que cierto demonio descuidado se olvidó de alimentar el fuego eterno...
— Me dejás totalmente perplejo Michelle, ¿de qué hablás?
— Tan sólo digo que hace escasos minutos en el infierno les cortaron el suministro de gas por morosos...
— ¿Estás bien?
— Es probable que al mismísimo Lucifer le haya cansado finalmente el excesivo calor...
— Claro que sí... ¿Estás hablando sobre la pérdida de anticongelante de tu núcleo central, cierto? Porque ya te dije que lo iba a arreglar apenas encontrara tiem-
— ¡OH! ¡Mísero espécimen carnoso de dos patas y poca inteligencia metafórica! Sólo, sólo mirá por la ventana que se ubica a tus espaldas y dejá de ser tan lastimosamente estúpido.
Anonadado, Xílaker se dio vuelta como un maniquí con la boca abierta.
— ¿Ahora comprendés lo que he estado tratando de decirte? Estoy realmente frustrada. Uno quiere hacer drama clásico, como en las películas o en el teatro, pero no. Uno no puede evitar toparse con un lelo bueno para nada.
— ¿Qué... qué... qu... qué... q... q... q... qué... carajo, pasa con el clima?
— ¿Y qué va a pasar? Está nevando.
En efecto, sólo faltaba que alguien se apareciera en la rampa de acceso de la nave, entonando unos graciosos villancicos cantados a coro.
Nevaba en Bola de Pis.
Xílaker salió todo presuroso hacia las inmediaciones de su nave para encontrarse cara a cara con este extraño fenómeno. No podía entenderlo, no cuando lo vio por la ventana, ni cuando lo sintió bien helado en su rostro. El tremendo calor que minutos atrás lo habría deshidratado, ahora ni rastros perduraban. El sol, tapado por el colchón de nubes que recientemente se había instalado, no podía hacer llegar ni un solo rayo de luz. Todo era un resplandor blanco. Incluso la arena fina yacía oculta bajo la incesante nevada. Ni hablar sobre la temperatura que había descendido drásticamente hasta situarse en un fresco bastante agradable.
Se dejó caer sobre el gélido lecho de agua congelada y empezó a reír. No sabía bien por que, pero le gustó que estuviera nevando.
Continuará el día que me duerma bajo una lluvia cualquiera...
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