viernes, 2 de noviembre de 2012

¿Y la tormenta tropical? ¿Donde está la tormenta tropical?

   Golpeaba el Sol como si de brasas ardientes se tratara. Espejismos hacían verme volar cenizas, chispas y piel calcinada. Los árboles reían burlones al ponerme la traba, y horrendas preguntas me aguardaban camino abajo.
   Escribo cuando se me da la gana y no cuando la veo abierta de par en par, con sus líneas previamente marcadas. Me gusta, sin embargo, que me propongan ideas para luego pasarme la continuidad donde huele fatal. De cuando en cuando no me siento presionado y les hago caso. Todos aplauden gustosos, no sé si por aclamación popular, no sé si por falsedad y desconfianza.
   Hoy extravié el tubo con tinta negra y me acostumbré de mala gana a uno grueso de descompuesto color azul. Me da asco ver las letras que va dejando con total desprecio a la caligrafía de poca monta que siempre me caracterizó. Y es que ni el olor de flores tétricas me dejó el desgraciado.
   De cualquier manera, hoy no tuve que usarlo (menos mal, no soportaría desperdiciar otra hoja llenándola de escritos con sabor a naranja amarga), pero ahora mismo me senté en plan retributivo frente a la computadora, golpeé a las puertas de un lugar que supo contenerme y me interné mareado por el humo de un espiral venenoso.
   Faltan gigabytes y gigabytes de inútil información hogareña. No existe el tiempo de falta, ni siquiera para los lisiados de corazón, y eso me deprime un poco. Aún así, la noción de tristeza atraviesa mi cabeza como un rayo presuroso y no recuerdo el porque de nada. Simplemente está, pasa, y seguirá libre de toda culpa y peaje que quieran imponerle. No sirve de mierda; tiene vida propia.

   Perdón, Crismote. He sido un interesado más en esta larga cola de desaciertos. Te usé como nunca y me reí como siempre. Las panderetas no paran de sonar y la risa no me la aguanto ni en letras muertas jajajajajajajajajaja. Perdón de nuevo Crismote, esta noche fui uno más, pero prometo que mañana te voy a contar que carajo pasa con Xílaker y la desequilibrada virtual de Michelle.
   Una cosa más, que creo, vale la pena destacar: por lo menos, y con el viento que entra por la ventana como testigo, hice honor a tu fiel adjetivo.

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