Contrario a preocuparse, Xílaker se mostró entusiasmado. Finalmente había encontrado algo que nadie había encontrado, o al menos que nadie había encontrado e informado de su paradero. Allá en la Tierra, en las agencias de exploración espacial, la renumeración que aguardaba a todo aquél "interesado en explorar, enriquecer y extender el dominio del hombre en las estrellas", era suficientemente alta como para no enfrentarse cara a cara con lo desconocido, lo cual por regla general, siempre es peligroso.
El negocio se resumía en una cadena retroalimentativa entre gente con mucho tiempo de sobra, las agencias de exploración y las grandes firmas mineras exoplanetarias. Estas últimas se valían de las coordenadas de planetas "vírgenes" y ricos en recursos para la extracción, las cuales eran vendidas en masa al mejor postor por cuantiosas sumas de dinero. Y es que el nombre de "agencia de exploración espacial" era un chiste que no podía estar más lejos de la realidad. Estas empreas no sólo les importaba un bledo los cuerpos celestes descubiertos, sino que no se invertía nada en equipos de exploración. No había personal capacitado que no fuera ajeno a la empresa para llevar a cabo semejante hazaña; todos sus empleados se encargaban de escuchar, tomar nota, comprar y vender. El capital era la información y la información se conseguía a través de fuentes independientes integradas por lo general de mercernarios, piratas o contrabandistas con tiempo de sobra entre destino y destino de carga. Por supuesto, dicha información que jactara conocer la ubicación de lugares de suma importancia, debía ser comprobada para luego ser estudiada y concluir si su valor mineral y/o estratégico valía su rentabilidad y posterior reventa.
Sin embargo, muchas eran las personas que clamaban haber "encontrado algo en la inmensa oscuridad". El problema con el que se topaban estos grandes centros de reventa, era la "falta de cordialidad" en sus potenciales informadores a la hora de tomar nota exacta de la ubicación de "superficies de oro líquido", "soles que no quemaban", "nebulosas de polvo de diamante" entre otras tantas barbaridades que juraban haber visto, y hacían generalmente babear a quien las escuchaba. Vamos que no podían darse el lujo de vender direcciones si lo único que tenían entre manos eran fabulosas historias de "montañas que sobrepasaban atmósferas" o "depósitos de paladio como chocolates en Suecia". La seriedad y exactitud eran moneda corriente entre las grandes cadenas y agencias de exploración. Seriedad, exactitud y sobre todo credibilidad que tanto buscaban las poderosas y casi monstruosas firmas mineras exoplanetarias, las cuales huelga decir y recordar, habían sido las responsables directas de la destrucción ambiental en su planeta de origen, y la razón del agregado "exoplanetario" en sus flamantes títulos. Éso, y la avaricia humana más allá de sus propios límites físicos y universales.
Xílaker tenía ahora algo más que un simple rumor, más que una elaborada historia para niños; tenía lo desconocido frente a sus ojos.
Debía ser precavido a la hora de examinar ese gran pedazo de roca que cada vez se hacía más y más grande en las pantallas. Era muy consciente de los peligros que recelaban escondidos, esperando el momento para impactar de manera implacable. Muchas expediciones exploratorias iban armadas hasta los dientes y no precisamente a bordo de un carguero modificado, solos y acompañados de una I.A desquiciada.
Un descuido, y el precio sería jodidamente alto.
—Establecé un escáner de rutina.
—¿Perdón, Comandante?
—Ya sabés, uno de ésos que buscan formas de vida, edificaciones artificiales, lugares de interés...
—¿Hordas de zombies mutantes del espacio?
—No sabía que tuviésemos uno instalado así.
—Desafortunadamente no, estaba siendo sarcástica. Pero eso no remueve el grave fallo de seguridad y prevención que posee esta nave al no contar con uno.
—Bueno, no se puede preveer el todo.
—Tiene razón Comandante, pero por algo se empieza. Cuando volvamos a la Tierra, arreglaré con Limd para que instale uno. Sólo espero que una horda de zombies mutantes del espacio no entorpezcan nuestro regreso.
—En realidad, esa horda de zombies sólo me atacaría a mí. A vos no te harían nada, ya que, con todo respeto, sos una entidad prácticamente abstracta y sin vida ni sangre que chupar...
—...Ni brazos que cercenar... Entiendo perfectamente su punto de vista, Comandante. Pero existe la ligera posibilidad que estos zombies, al ser mutantes y del espacio...
—¿Si?
—...hayan desarrollado la capacidad de alimentarse no sólo de orgánicos sacos de carne, ¡sino también de mecánicos sintéticos como yo! Es horrendo. Por favor Comandante, no deje que me coman.
—¿Qué? Nadie va a comerte.
—¡No deje que me coman!
—¡Nadie va a comerte!
—Puedo sentir como devoran las partes del núcleo central de la I.A. Como gruñen y se deleitan con mis circuitos de alimentación. Puedo sentirlos...
—¿Quién? ¿Sentir? ¿De qué hablás? ¿Dónde?
—En... mi... cabeza...
—Claro... Está bien. Nada va a-
—¡¡¡EL DOLOR ES INSOPORTABLE!!! ¡¡¡HAZ QUE PAREN!!!
—¡Bueno, che! ¡Ya está bien! Nadie te está comiendo, no hay nada acá. Tranquilizate. Pero la puta madre...
—¿Quién no está acá?
—Ehhh, ¿no decías recién que-
—¿Que, qué?
—Que los zombies mut-
—AAAAAAAAAAAAAAAAA. ¡¡¡LOS ZOMBIES MUTANTES DEL ESPACIO!!!
Una tremenda alteración estática aturdió los ojos y oídos de Xílaker. Para cuando recobró la visión y el pítido en sus tímpanos había desaparecido, la nave estaba a oscuras. La única iluminación provenía del exterior, más precisamente de la cara del planeta que daba al Sol en esos momentos. Éste estaba ahora mismo a una distancia bastante cercana pero prudencial.
Xílaker llamó a su nave. No hubo respuesta. En lugar de éso, lo que parecía ser una grabación de la propia I.A, comenzó a sonar en voz leve y asustada.
—Mis disculpas, Comandante Kubromer. El miedo y la paranoia que éste causó, pudieron más que mí integridad y profesionalidad virtual. Para cuando esté escuchando este mensaje, notará que toda la nave está a oscuras. No se preocupe, antes de irme a dormir, me aseguré de dejar el soporte vital activo, pero manual. Por lo que tendrá que regularlo por usted mismo hasta que regrese de mi siesta. Necesito tiempo para reponer mis atrofiados sentidos. Espero sepa entender que mi fobia por los zombies, no afectará en nada a la misión... bueno, al menos no tanto. Nos vemos en unas horas, Comandante. Con amor, Michelle.
Xílaker, que como era de esperarse, no entendía ni jota, profirió palabras en forma de profunda reflexión.
—Es terminante: a mí me cagó toda la Era Mesozoica junta.
Continuará el día que aprenda a morder espaldas...
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