No serás olvidado, y te voy a dejar acá para recordar como eras antes de todo ese "maquillaje" que me obligaron a ponerte en defensa de los susceptibles.
Ahora sos eterno. Ve en paz, hijo mío.
Profes hay muchos. Los hay de todas las formas y colores; altos, petisos, flacos, anchos, buenitos, inquisitivos, magnánimos, con un magistral dominio de la ironía como recurso humorístico, entre otros.
Está el que pide silencio con un “por favor”, sigue con un “hagan silencio chicos”, insiste con un resignado “¡cállense de una buena vez!” y termina con un desaforado “¡CIERREN EL PICO, COTORRAS!, golpes al pizarrón y el pedido inminente de amonestaciones al insensato que continúe avivando fuegos anárquicos durante la clase; así, todo junto, en un cóctel fulminante.
Dicen también, de que existen profes que con su mirada de rayos “x”, son capaces de carcomerles el cerebro a aquellos individuos de especial calaña molesta, hasta reducirlos a cascarones sin vida (tal vez no sirva como alumno, pero al menos guardará silencio por lo que reste de clase). Otros en cambio no poseen rayos “x” realmente. Aun así, se las arreglan para alimentar la leyenda que su mirada esconde detrás de un manto de aparente vehemencia. En mi caso particular, existen ciertos ojos que provocan en mi persona, piel de gallina y desastrosos terrores nocturnos que se extienden incluso más allá de los confines de la noche.
Está también el del porte militar. Ése que fue dotado con voz de trueno y vista de águila en un arrebato de infinita sabiduría por parte de la naturaleza, y que en el rol de profesor, hace las veces de Sargento, Capitán y General de División cuando la situación así lo amerita. Cada vez que su voz entra en escena, las placas tectónicas de
El que te lee los pensamientos, o al menos eso jurás al reconocer en la expresión de su rostro, cierto atisbo de sorpresa y extrañez. Como si lo que pensaras en ese momento, saliera refulgente a nadar por todo el curso al grito de “¡mírenme!, ¡acá estoy! No sé quedarme adentro”.
El clásico oído biónico, infaltable. Hace notar su rango de eficiencia inclusive al estar uno a más de
El de las risas ante todo. Te pone el 1 con una sonrisa dibujada en su rostro y una palmada en la espalda. Cuando te vas alejando, de regreso a tu banco, podés escuchar las carcajadas del profe. No sabés si serán por el 1 que acabás de ligar, o porque Talleres sigue otro año más en el Argentino “A”; la verdad un misterio. Sin embargo, en el fondo, algo parece indicar que sus risas se deben a que disfruta su trabajo con una perversidad sin parangón, en el mar de poder que va surcando a lapicera roja.
La que cada vez que empieza a nombrar gente, todo el mundo traga saliva e implora que su nombre no sea el siguiente. ¿Quién sabe que intrigas guardará para el desposeído de toda suerte? Una lección oral, una revisión sorpresa de carpeta (la cual obviamente va a estar más incompleta y delgada que argumento de abogado), una pregunta “casual” que con toda la suerte del mundo, va a tratar justamente sobre ese tema que tanto te costó comprender. ¿Quién sabe realmente? Todo se vuelve tan nebuloso mientras los nombres pasan y el tiempo nos indica que el timbre dista mucho de venir al rescate.
Ese disfrute diabólico que entrega la sensación de tener el poder para pedir tareas tediosas y descomunales, como si de pizzas se tratarán. Es como una necesidad, un deseo, un placer, el hacer guías de preguntas que llenan carillas enteras, y donde cada uno de los puntos, trae subpuntos, y estos a su vez piden relaciones con otros puntos, lo cual lleva al más de los espectaculares enmarañamientos en nuestras frágiles mentes, ardientes en deseos de sencillez.
Especial cuidado con los que disfrutan y se pasan horas interminables tramando cuidadosamente los hilos de un plan oscuro y tenebroso, que desembocará en las famosas 5 mortales preguntas de la evaluación (valor de dos puntos cada una). Se dice que mientras confeccionan dicha evaluación, se dejan escuchar en el aire, brutales carcajadas que nada tienen que envidiar a la del más lúgubre villano de las películas de James Bond.
Uno muy común es ése que parece vigilarte a cada momento. Cada respiración, cada cambio de aire, cada movimiento articular, cada vuelta de página, cada lapicera que tocás, cada cosa que escribís, cada cosa que dijiste, decís o dirás, cada signo potencial de pérdida de concentración, todo, pero todo… el profe lo sabe de anticipado, y cuando creas estar a salvo de todo peligro, de estar en la más cómoda burbuja de aire, te darás vuelta y te encontrarás con su mirada reacia, y un gesto en el rostro que parece decir: “una jodita más, y te vas de acá en una funda”. Lo que consiguientemente provocará que traguemos saliva, viremos de vuelta a nuestra carpeta, agarremos la lapicera torpemente a causa del miedo despampanante y roguemos vivir para ver ponerse el Sol una vez más.
Y seguramente me olvido de varios que debido al ajetreado tiempo del que dispongo, me limitaré tan sólo a nombrar y que su imaginación haga el resto: “el fanático de las matemáticas”, “la experta en álgebra”,“el terror de los lunes”, “la apasionada”, “la licenciada en fonoaudiología”,“el terror de los martes”, “el comediante” (personalmente, mi favorito), “la especuladora eterna”,“el terror de los miércoles”, “la controladora”, “la retributiva”, “el que te la jura”,“el terror de los jueves”, “el paciente crónico”, “el mafioso”, “el astronauta”,“el terror de los viernes”, “el que viene de incógnito” “la asesina de sueños”, “la impía”, “la meticulosa”, “el sistemático”, “el hermano perdido de Sarmiento”, “el terror full time”, y un larguísimo y muy repetitivo etcétera.
Hay historias que siguen recorriendo los pasillos de este colegio al día de hoy. Historias de profesores con un pasado oscuro y olvidado a duras penas, por lo que les digo a todos: ¡tengan cuidado! Sean precavidos en sus dichos y piénsenlo dos veces antes de querer hacerse los vivos, podría ser la última locura que hagan.
Pero bueno, ese fue mi lado locuaz y paranoico, no le hagan caso. A decir verdad, los profes que vemos a diario, no tienen superpoderes, ni son seres malvados y sin corazón, tampoco disfrutan su trabajo de forma perversa (es más, quizá ni lo disfrutan por alumnos como nosotros), no poseen un pasado siniestro ni guardan rencores. Sí, es cierto que tal vez se vean duros y “malos” por fuera, pero en el fondo, son como una pequeña flor pidiendo a gritos ser regada con el cariño de sus alumnos (subordinados). Así que si no es mucho pedir, háganle saber mediante un pequeño abrazo al primero que vean, que lo aprecian tal cual es, a pesar de todo. Va con onda, che.
Si así no lo creen, acuérdense de ese profesor o profesora que repite e insiste cansinamente en lo mismo, sólo por nosotros. Ése que dice las mismas cosas una y otra vez, que retrasa los temas para poder explicar lo que quedó suelto. Ése que te pregunta a cada rato si entendiste, pero que por alguna extraña razón, le respondemos en muchos casos con un “sí” de lo menos convincente. No teman el exponer su ignorancia reiteradas veces, porque al final, sin ignorancia previa, sin error, no hay maestría ni dominio. Y aprovecho para pedirles disculpas de las más sinceras, a esos profesores que pararon la clase para explicarme nimiedades que mi cabeza se resistía a internalizar. A todos ellos, y a los demás que me enseñaron a reírme de mis falencias, les digo, gracias por tener esperanzas todavía.
Feliz día del híbrido Maesor, ó Maestro-Profesor, ó, simplemente profe.
Es genial, Fernando, estricto crudo y genial.
ResponderEliminarEl colegio no es lugar para tí, Fernando. El colegio no tiene la culpa, Fernando, tranquilo. Deja, dejala, deja a Carolina en paz, déjate en paz de Carolina, ella sabe qué se gana, ella sabe que es genial, Fernando. Vos, vos y vos y tus manos, y tu teclado, me pregunto si lo habrás tecleado, y me lo aseguro. Vos y tu teclado inspirándote, inspirándome, volviendonos amigos, como si nada, amigos tiernos que se miran desconciertos, y uno está enamorado del otro y el otro que no se hace cargo, pero que sabe que es genial, lo reconoce, lo compara con grandes seres que alcanzaron el poder, la superioridad literaria. Es genial, Fernando, lo eres. -
El colegio no es lugar para vos, ni para el arte, menos que menos para el arte, y eso por eso que hay que seguir, y seguir y re-seguir insistiendo, por la genialidad, por vos, Fernando, por vos y por el arte, por Carolina, por los profesores, por las verdades y por la vida. Por la vida misma, Fernando.
Ahora sos eterno, ve en paz, hijo mío.
ResponderEliminarLa que a pesar de haberte acusado de plasmar una figura materna en ella, te ayudó hasta el final.
ResponderEliminarPor eso el titubeo, por eso el débil "me gustó". No me percaté en el momento, no estaba ni enterado de tal suceso. ¡Visitantes en el blog! La hermana malvada que siempre deseé tener, y el amigo escrupuloso que fui descubriendo a lo largo de años de cambios, penurias y sofocadas victorias sin sentido. Ambos, confiriéndome palabras que siempre tomaré como rubís pulidos, aún cuando no quieras que recuerde cada cosa que digas, me es imposible, por más pelotudo, me parece increíblemente notorio.
ResponderEliminarMe alegra y me conmueve que todavía seas muy consciente de mi estado. Nada ha cambiado, el tiempo ha pasado. No te preocupes, la euforia y yo nos hemos extraviado uno del otro, para siempre.
¡COLUMNAS AMARILLAS!
Semi-despierto cibernáutico planetario de paralelos planos no-acuáticos pero sí navegadores, Fernando (al cual llamaré por su nombre porque esa es mi gran intimidad-verdad que sobresaldrá aquí, en este frío-de-papel espacio interespacial-internetsónico espacio bolgsear, lugar donde los seres tenemos subjetivos y cursis apodos, dicesé Queameilea el mio, DICESÉ!!!!...................... aunque Eterdeo, confìeso, de Eterdeo algo me gusta………………………. Es que la Nor Malidad apesta, es palabra-no-soportable aquí…………………………………………………….. Entonces, Fernando será el pequeño secreto develado que regalarà complicidad entre, nosotros, cercanos personajes):
ResponderEliminarNunca confies en el azar, las contradicciones, no confies en las nubes, en el karma, en el cosmos, no confies ni en tus penurios suicidios, ni en tus notables sombras, bellas sombras, no confies en absolutamente la nada, no, no ahora, este es el momento en el cual debes olvidarte de tu confianza, de tu “seguramente que es asi”, de tus miedos, Fernando, este es el momento.,
Es así, estoy escribiéndote y esperando las respuestas y esperando nuevos textos. Me conforma la devolución, màs que la entrega, Fernando, no confíes en tu azar siquiera. Estamos aquí ahora, sentados ante pantallas de mentira, pero con hermosura hermosura realidad si sabes encontrarla. Estamos solos, mirándonos a las letras, pero solo cada uno con cada uno, pero mirándonos las letras, tan solos, tanto, mirándonos las letras.
Me teletransporto. Te teletransportas. Estando solos.
Tan solos.
Me encanta la devolución, Fernando, Gracias.
Tu hermana (la loca)
Intentaré en vano llegar a la altura de dos genios literarios sin intentar llegar mas alla de una simple frase :
ResponderEliminarEn algún momento, somos sometidos a una locura(puede que hable solo por mi mismo), una locura sana, tan sana como perversa, tan perversa que atrae, tan atrayente que nos somete.
Ahora, el miedo ¿Priva o cuida? Si tan solo encontrara la forma de averiguarlo...Ya sé! A intentarlo.
Suerte.
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