viernes, 14 de septiembre de 2012

Decíle que muchas gracias, buenas noches

   Ésta es la historia de un tipo cualquiera, como vos, como yo, como aquél. Es la historia que podría pasar en cualquier momento, a cualquier hora, en cualquier circunstancia. No es impresionante, tampoco rara o poco usual, es simplemente una historia común y corriente, repito. No esperen deleitarse en mares de magistralidad literaria, no esperen una historia profunda, no esperen nada de todo esto. Y es por eso mismo que quiero decir desde el vamos, que sólo estoy contando esta historia porque fulminó mi mente como lo haría un relámpago, y una vez vuelto en sí, decidí que lo mejor que podía hacer era escribirla.
   No estoy escribiendo y contando esta historia porque tema olvidarla, no tiene sentido si he dicho con anterioridad que la historia no vale la pena. Perdón, me equivoco, nunca dije que la historia no valiera la pena, no con esas exactas palabras que habrían denotado explicidad resonante. Sí, lo dije en forma implícita, pero hasta ahí nomás. No tengo el deseo de siquiera retenerla, no como los sueños confusos que olvido y que intento recordar escribiendo lo que recuerde en hojas puestas al lado de mi cama, con el propósito concreto de atrapar esos retazos difusos y esporádicos. He aquí un par de ejemplos:


Bristol se llamaba tu hermano.


Sueños de pan blanco y algodón.



   No tienen sentido para mí (y lo normal sería que para ustedes tampoco) porque no recuerdo que función cumplían en la totalidad del sueño. Han quedado atrapados en papel antes de que pudieran perderse para siempre en mi inconsciente.


Imagen que apareció al googlear "Bristol". La pongo porque me pareció bonita, pero no tiene nada que ver con nada. No es mi intención confundir; es mas, ignórenla por completo, hagan de cuenta que no hay ninguna imagen, que no existe. ¿Listo? Sigamos.

   Hay otra especie de sueño que se da de forma cuasiconsciente, contraria a la forma anterior, totalmente inconsciente a causa de estar durmiendo. Se da en situaciones de mucho cansancio, donde nuestros ojos se cierran buscando descanso de tanto ver, pero sin llegar a dormirnos. También se presenta en ocasiones donde nos sumergimos tan profunda e intensamente en nuestros pensamientos, que parecemos estar flotando, es decir, perdemos todo sentido con nuestro alrededor, y aún así, no nos hemos ido del todo ya que cuando volvemos lo hacemos de forma instantánea-no sideral. Como en una especie de reflejo somnoliento que increíblemente responde en forma rápida y eficaz. Lo más común es que este sueño tenga lugar cuando los dos casos se mezclan; es todavía mucho más asombroso. He aquí el único ejemplo que puedo compartir:


Escuché un grito desgarrador, afónico, cuando mis párpados cedían.


   Lo más increíble es que me cagué de un susto terrible, porque resulta que yo me encontraba con sueño en la clase de historia (culpa de la profe aburrida, no de la historia en sí) e inevitablemente, ya rendido, dejé que mis ojos se cerraran. Sólo será un segundo... y fue cuando escuché en la lejanía de un espacio cúbico el grito que he descripto más arriba. Inmediatamente abrí los ojos y todo signo de cansancio desapareció. Durante el resto de la clase, me sentí como si hubiera tomado 10 tazas de café.
   Peores son los casos donde creo que el sueño ha sobrepasado la barrera que delimita la realidad de la fantasía, y el pobre que tengo al lado se liga un trompadón.

   Me zarpé con el tema de los sueños y me olvidé por completo de la historia que iba a contar. Momento, ahí... ahí vuelve... creo... sí, ahí volvió.
   La historia trata sobre una carrera contra la paranoia. Una carrera donde el número de corredores no supera el 1, y donde no existe público, ni línea de largada, ni propósito real. Se duda sobre el origen de la carrera y cuanto ha durado hasta el momento. Sólo se corre, se camina, se salta, se vuela, se nada, lo que sea, pero siempre para adelante con rumbo incierto. Nunca se pasa por el mismo lugar, ni se mira atrás. Se tiene el temor de perder, siempre latente y amenazante; el temor de descepcionar. No se sabe si a uno mismo, o a un tercero, ni siquiera si éste existe o es producto de nuestra imaginación con un poco de paranoia.
   El tipo que está corriendo esta loca carrera, ha suprimido momentáneamente las cosas que hacía en la cotidianidad de su vida. Se ha olvidado hasta nuevo aviso sobre quien era, a quién conocía, qué hizo, por qué hizo lo que hizo; se ha olvidado del sabor que supone tener el control sobre su propia vida. La determinación de llegar primero en esta carrera, lo ha consumido completamente, y parece cegado en esa determinación que nunca (por lo general) acabará por comprender del todo. Él sólo sabe que lo hace porque lo necesita, o porque es necesario.
   Una vez que la carrera ha comenzado para este tipo, es imposible detenerse a descansar, a recobrar el aire, a pensar, y es justamente ésto último lo que está totalmente prohibido durante el tiempo que dure la carrera. Pensar se vuelve peligroso tanto para la carrera como para el tipo que la esté corriendo. El descanso en realidad no es que sea imposible concretarlo, sino que es innecesario. No importa cuanto tiempo se extienda esta carrera: horas, días, meses, años, décadas; él nunca va a sentirse cansado. Pero cuidado, eso es una ilusión, ilusión alimentada por los sueños, ilusión que no deja desfallezer ni al más débil, ni al más perezoso de los corredores. El tipo está convencido de tal forma, que cree sinceramente que la meta se encuentra cerca, y, teniendo en cuenta el temor que tiene de perder, el cansancio parece haber sido erradicado para siempre de su cuerpo. Sus piernas nunca le fallarán, pero como he dicho, todo eso es una ilusión: el tipo se está muriendo poco a poco.
   Ustedes estarán pensando entonces que esa meta, ese fin, ese objetivo por lo que el tipo, literalmente se está matando, debe valer la pena, y mucho más todavía. Pero, ¿están preparados para la cruda verdad? ¿De verdad? No vale fingir, che... ¿En serio que están listos para escucharla, perdón, leerla? Yo les advertí, así que después no quiero que me vengan diciendo: "¡¿POR QUÉ MALIDAD?! ¡¿POR QUÉ ESA CRUELDAD?! ¡¿POR QUÉ TANTA MALIDAD, MALIDAD?!" Está claro, ¿no? Yo no soy responsable de lo que le pase a este tipo, él se lo buscó solito. Ahh... ¿no sabían? Ningún corredor es forzado u obligado a correr en esta carrera. Todos y cada uno de estos pobres diablos, se ofrecen de voluntarios. Nadie los engaña para aceptar, salvo ellos mismos. Confunden esta carrera en la más fiel de las utopías, convirtiéndola a su vez en una simple y macabra distopía. ¿Provoca risa, no? No importa que tipo de risa, pero que da, da. Muy bien, ahora sí, les digo la peor parte: la carrera está hecha para nunca acabar. Y sí, no hay tal meta, lo que lógicamente significa que tampoco hay tal... ¿premio? Lo que sea que este tipo estuviera buscando en su afán de ganar la carrera.
  
   Ahora quiero que rescatemos una palabra que usé en el párrafo anterior. "[lógicamente]". Quiero que piensen en esa palabra detenidamente, quiero que la relacionen con todo lo dicho anteriormente, y quiero finalmente que me digan que está mal. Les voy a dar unos, 10 renglones en blanco para que vayan respondiendo. ¡Suerte!











   Más vale que ya lo tengan, porque en un arrebato de "buenidad" (mi hermano mental gemelo y bobito) no les di 10 renglones en blanco, les di 11... Una vergüenza sería si me vienen con la mente en blanco. Aunque sea cualquier gilada, algo deben haber cosechado.
   ¡No lo resisto! Se los voy a decir, lo tengan resuelto o no. Y por cierto, si alguno le acertó, le voy a averiguar la dirección IP, lo voy a ir a buscar a su casa, voy a irrumpir sin importar si está con cagadera en el baño, y lo voy a besar tan fuerte que le voy a mutilar los labios. Y tampoco me va a importar si es hombre, mujer, animal o ente demoníaco (poltergeist). Es en serio, me voy a casar y le voy a hacer tantos pequeños Malidad Juniors como me sea biológicamente posible.
   ¿Listos?  



Resulta un error imperdonable confiar nuestro destino a la lógica.

   ¿Quién ha dicho que la continuidad lógica tenga que regir nuestra vida? Y a esa amiga que tanto le gusta caminar a su lado, esa a la que llaman, "razón", va lo mismo. No me entiendan mal, yo no tengo nada en contra de la lógica y la razón, de hecho estoy eternamente agradecido del mal dogmático de la Iglesia del que nos libraron hace unos cuantos siglos atrás. Pero, ¿para qué romper furiosamente con un dogma (de amigos imaginarios y lugares de tormento), si vamos a internarnos con la misma fuerza en otro? Estoy hablando de esas personas que se detienen solas, que se rinden solas, que luchan contra ellas mismas y que ganar o perder da lo mismo al final; son su peor enemigo, son su propio padrastro que nunca los quiso, y todo porque "lógicamente razono que me veo en la imposibilidad de seguir, y por lo tanto, no me queda otro recurso más que resignarme y aceptar que no hay más de lo que veo. ¿Sentimientos, sensaciones? Eso no existe, son reacciones químicas". Algún día cuando el salame que soporto se de cuenta, ese día... bueno, ese día dejaré de existir, pero al menos él estará mejor que ahora.
  
   "... la carrera está hecha para nunca acabar. Y sí, no hay tal meta, lo que lógicamente significa que tampoco hay tal... ¿premio? Lo que sea que este tipo estuviera buscando en su afán de ganar la carrera." Las pelotas. ¿Saben por qué? Porque el tipo simplemente se dijo a sí mismo que todo era una boludez, y que si no quería correr en esa carrera, no lo haría. Es más, no estoy contando toda la historia: el tipo simplemente se inventó su propia meta y ganó. El primero en hacerlo, y todo gracias a despojarse de "toda lógica y razón". Fin.
   ¿Linda historia, no? Si no les gustó, sigan corriendo esa carrera de nunca acabar, sigan engañándose con que algún día van a ganarla, sigan esperando, corriendo en el mismo lugar, en círculos, desorientados por el Sol, amnésicos, sigan, no me importa. A los que les gustó, les digo una sola cosa: pésimo gusto literario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario