martes, 31 de julio de 2012

La carrera de la línea azul

   No soy de salir, y mucho menos, de salir de noche. Hoy tenía que moverme de casa, ir hasta el cyber más cercano e imprimir unas cosas del colegio. Estuve escribiendo hasta último momento estas cosas del colegio, y por eso mismo yo pensaba que quizá el cyber no estaría abierto al momento que yo pudiera ir finalmente. Terminé yendo como a las 9:30 de la noche, y, en invierno, a esa hora la actividad en las calles (por lo menos en mi barrio) es fantasmal tanto en aspectos lumínicos como sonoros; en otras palabras, es hermosa y perfecta. ¡Que emoción! Mi vida no dispone de muchas emociones en su quehacer diario, por lo que esta caminata nocturna me era de lo más grata en tantos aspectos que nombrarlos a todos, haría en mí, grandes delicias nostálgicas (sí, puedo sentir nostalgia de cosas que pasaron hace minutos).
   Busqué en mi billetera unos $30, me abrigué con mi pulover (o pullover) marroncito preferido (pero que pica, pica), me puse mi gorrito, la posterior capucha, la mochila a cuestas y finalmente me calzé los guantes (obviamente tenía ya los pantalones puestos, por lo que obviaremos esa parte). Ya estaba listo para mi gran aventura: me adentraría en la ferosidad de una noche fría e inundada de oscuridad y silencio, en camino al otro extremo del mundo (apenas 5 cuadras), donde se encontraba mi meta, el cyber.
-¡Papá! Me voy al cyber, a imprimir unas cosas.
-Bueno.
   Aunque admito que esperaba algo más de efusividad en la respuesta de mi venerable padre, mi corazón seguía latiendo descontrolado en un vano intento de romperme y escapar de su prisión de calcio. Después de todo, para mí era algo fuera de mi día a día. Lo único parecido a todo esto que sentía, fue cuando esta misma tarde, cuando me dirigía a la panadería (no tan emocionante la verdad), me topé con dos individuas de mi colegio, pero de distinta sección. Me di cuenta y ellas también, porque los tres traíamos puestos las camperas características de último año de curso. Mi sorpresa fue tal, que no pude controlar la abertura de mi boca en gesto de inminente saludo amistoso. Algo así como un ¡hola!, pero no tan amistoso como parecen mostrarlo los signos de exclamación. Sin embargo, en ese momento pensé mientras las miraba pasar frente mío, que no las conocía tanto como para saludarlas con total confianza. ¿Por qué debería saludarlas ahora, si en el colegio no lo hago nunca? Cerré la boca casi al instante para luego por supuesto desviar la mirada; y aunque ellas se mostraron algo curiosas al notar mi presencia, tampoco hicieron nada. ¿Qué raro, no? Ver alguien del colegio, fuera de las inmediaciones de éste, al menos para mí. Es como si su lugar de existencia fuera sólo y nada más que el colegio, que no tienen vida más allá de éste, y verlos siquiera caminando por la calle es tomado como una rareza por mis ojos.

   Me fascina el frío, sentir frío, temblar, la sensación de sueño que provoca, el viento helado en mis mejillas calientes por naturaleza; es bello el frío, más bello que, probablemente, tu cara (y la mía por supuesto). Cuando puse los pies en la calle, miré en las dos direcciones de la calle que tenía al frente; nada de autos, nada de humanos; solo y feliz conmigo y la noche que me acompañaba. Cerré la puerta con mi super llave (tiene un llavero violeta, ojo) y empecé a caminar de mil formas, todas de gran regocijo personal. Vamos al cyber, con esta canción que dice así... Por supuesto que ir caminando por la calle, solo, es motivo más que suficiente para cantar lo que se me venga a la mente (lamentablemente, sólo se me venía a la mente "soy patinador, y soy diminuto y en un acto de la CGT...").
   No pasó mucho tiempo hasta que unas desconocidas que venían detrás mío, comenzaron a emitir el sonido que se produce al unir los labios superior e inferior para luego chupar lo suficientemente fuerte como para que se separen violentamente, dando como resultado lo que fonéticamente hablando sería un "beso al aire" (término inventado y acuñado por mí). Por unos momentos fui testigo en carne propia, del continuo acoso que sufren las féminas al momento de caminar por la calle y pasar frente a una obra en construcción repleta de albañiles sedientos del primer pedazo de carne andante que pase por sus narices. No me gusta decepcionar a la gente en general (recordemos la oscuridad de la noche, mi gorro y mi capucha), por lo que por las cuadras que siguieron hasta llegar al cyber, no me di vuelta para descubrir mi rostro y mostrarles a esas pobres chicas, el escabroso error que estaban cometiendo... Me límite a reírme.
   Finalmente llegué al tan ansiado cyber, hice lo que debía hacer, intercambié alguna que otra jocosa habladuría con el dueño y me retiré en dirección a mi rica casita.
-¿Querés una bolsa para eso?
-No, traje la mochila. En realidad llevo la mochila a todos lados, es como un complemento. 
  
Saliendo de tan amistoso local, emprendí mi decorosa y lenta marcha, regreso al cuartel general de Nor Malidad, hojas impresas en mano (es un decir, ya estaban dentro de mi mochila para ese entonces). Cruzando la calle, veo venir un colectivo a mis espaldas, en la calle de mi costado derecho. Llego a la esquina, me pongo en posición de 100 metros llanos, y espero que el colectivo se acerque lo suficiente para... ¡¡¡correr!!! ¡Síiiiii! ¡Le estaba jugando una "carrerita" al colectivo! Y no quiero sonar arrogante, pero por momentos estuve a su misma velocidad. La gente del colectivo no podía creer lo que veía por las ventanillas; creo que algunas se asustaron porque pensaron que yo perseguía a algún pasajero allí presente, y lo cierto es que daba toda la sensación de ser precisamente esa la razón de mi carrera desenfrenada: no paraba de mirar a los pasajeros con cara de "¡alto! ¡en nombre de la ley!" o "¡alto! todos morirán". Lo cierto es que la carrera no duró ni 50 metros, porque el colectivero pisó a fondo y se perdió en la soledad de una calle que se extendía por una subida. La sensación de satisfacción que había tenido, no tenía precedentes de tipo recientes ni contextuales; son de esas cosas que uno hace cuando nadie mira y es lo que hice: aprovecharme de la noche para cubrir mis actos de barbarie idiotizada. Me siento tan vivo y feliz (¡y es noticia señores!) que creo seriamente en comenzar a ser así, no sólo en la noche, donde nadie mira y nadie dice, sino en la luminosidad del día, donde todos miran, todos hablan, y todos pegan... pero no me importa, nunca debió importarme desde un principio a decir verdad...

-¡Me pasaron tantas cosas emocionantes hoy! ¡Corrí a la par de un colectivo! Es todo.
-¿Y por qué hiciste eso?
-Porque la gente del colectivo me desafió y entonces yo los desafié más feo todavía, y todos nos terminamos desafiando en un mar de desafíos.

2 comentarios:

  1. Muy lindo lo que escribis. De casualidad encontre este blog jaja. A mi por ahi me da mas para escribir cosas mas tipo ficticias y que transcurran a lo largo de semana, meses, años. Pero hacer asi una especie de autoretrato de las cosas que pasan dia a dia y que para muchos no son mas que rutinarias o inadvertidas bien! Yo eso jamas lo pude hacer.
    Un abrazo y buena semana

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  2. ¡Hola!
    Gracias por tus palabras, llenan mi ser de alegría al ver alguien comentando por estos lares. Por cierto, la entrada "Alejandro" es precisamente ficticia y contada a través de períodos de tiempo. Tiene un final raro, aunque teniendo en cuenta que yo considero surreal todo el relato en sí, el final es más que apropiado... desde cierto punto de vista algo desquiciado.
    Saludos y gracias por el abrazo. Te mando otro, y te deseo buena semana igualmente.

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